La Emperatriz que regresó en el tiempo - Capítulo 328
Los Caballeros, que estaban postrados, se levantaron como un rayo y se pusieron en posición de combate. Flint ayudó a Eliana a ponerse de pie y retrocedió de inmediato. A Haley, que seguía desmayada, se la llevó cargada al hombro uno de los Caballeros mientras corría en dirección opuesta.
Flint desenvainó su espada sagrada por si las moscas. Eliana, por su parte, se quitó el boche de Verom del cabello mientras soltaba una lisura para sus adentros. Tenía unas ganas locas de darle una buena tunda a Ariel.
—¡Flint, fuguémonos! ¡Hay un pasadizo secreto en una de estas habitaciones!
Eliana echó a correr junto a Flint en otra dirección. No tenía la más mínima intención de meterse en ese asunto; detener el ritual de esos apóstatas locos era chamba de la Orden.
Eliana quería evitar a toda costa ese lugar y a esa gente. Tenía el presentimiento clarísimo de que, si se acercaba más, la cosa se iba a poner color de hormiga.
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El Caballero corrió por el pasillo abrazando con fuerza al niño que llevaba en brazos. Por los ruidos que venían de atrás, parecía que Ariel estaba haciendo un chongazo tremendo, tal como la Santa le había ordenado.
—Ariel, encuentra el lugar del ritual y evita que empiece hasta que yo llegue. Lo primero es tomar el altar. De hecho Cecilia Hesse estará ahí. Con mala suerte, puede que Lia también. Sácalas a las dos del altar como sea.
La Santa, que hace un momento evacuaba a la gente con toda la calma del mundo, ahora estaba con los ojos desencajados. Todo era por la Gran Duquesa Howard. Ella se había quedado tranquila sabiendo que la Gran Duquesa estaba con el Gran Duque, pero apenas recibió la premonición, cambió por completo. Aunque todos le decían que se calme, que Eliana ya debía haber salido de la mansión con Flint, Labrante no podía estar tranquila.
‘¿Qué habrá visto en su premonición? Ni siquiera nos ha dicho nada…’
El Caballero le daba vueltas al asunto. Pero bueno, si la Santa no decía nada, por algo sería. Como la Gran Duquesa Howard dijo que saldría por el pasadizo secreto con el Gran Duque, la Santa se aliviaría al saber la noticia. Mientras bajaba las escaleras a toda carrera, el Caballero se encontró con ella y se alegró un montón.
—¡Santa!
Labrante estaba subiendo a toda prisa a los pisos superiores tras dejar la evacuación en manos del ejército imperial. El Caballero le informó la situación al toque.
—¡Santa! ¡Ariel encontró el lugar del ritual! ¡También vi al Gran Duque y a su esposa! Dijeron que saldrían de la mansión por el pasadizo secreto.
Recién ahí Labrante pudo respirar tranquila. Pero la visión de hace un rato no dejaba de darle vueltas: dos mujeres de cabello rosado sobre el altar. Una era Cecilia Hesse y la otra era Eliana. Y había alguien más…
El Caballero interrumpió sus pensamientos. Reportó la situación con cara de pocos amigos.
—Santa, creo que debe ir al tercer piso de una vez. Ariel debe haber usado el incienso paralizante y el somnífero como planeamos, pero… el lugar del ritual es más grande de lo que pensábamos y hay una cantidad alucinante de apóstatas. No va a ser fácil reducirlos sin que corra sangre.
A pesar de que la mansión casi se viene abajo por los ataques mágicos, los apóstatas no se movieron ni un pelo del lugar del ritual. Solo asomaron la cabeza cuando algo pasó con el sacrificio, pero después de eso no hicieron nada más. Seguro estaban tramando algo.
Labrante estaba ansiosa, pero trató de calmarse. Sin un sacrificio, no podrían completar el ritual de invocación. Iba a fallar sí o sí.
—Santa, yo también me uniré a ustedes después de poner a este niño a salvo.
Recién entonces Labrante se fijó en el niño que colgaba de los brazos del Caballero. Le hizo una seña a alguien del grupo que venía atrás.
—Sir Floss.
—Dígame, Santa.
Caballero Floss tenía la misma cara de palo de siempre. Pero en su mirada se notaba que estaba muy tenso y nervioso. Él era el Caballero que había ido a Zacador con Isabella para denunciar las porquerías que hacía Marcel.
—Sir Floss, lleve al niño a una zona segura. Después de eso, no es necesario que se nos una.
Ante la orden de la Santa, Floss puso una cara de shock total.
—¿Qué? Pero…
—No. Usted no está en condiciones de pelear ahora mismo.
Floss bajó la cabeza ante las palabras frías de la Santa. Sus compañeros Caballeros tampoco pudieron defenderlo. Y es que, la verdad, Floss estaba bien mal últimamente. Para ser exactos, desde que volvió de Zacador.
Cuando Isabella desapareció tras ser tragada por el círculo mágico de los magos negros, Floss se puso como loco a buscarla. Él fue quien presionó a Valdemar y Bastian, y quien pidió refuerzos a la Orden para mover cielo y tierra buscándola. Pero no la encontraron. Al final, la Santa, al ver que no daba más, le ordenó regresar.
Desde entonces, Floss andaba como si le faltara un tornillo. Pero eso sí, si había una misión relacionada con magos negros, se lanzaba de cabeza sin importarle su vida. Hoy también se había metido con uñas y dientes al enterarse de que esto era un nido de magos negros. Todo porque tenía la esperanza de que Isabella estuviera aquí.
—Sir Floss, vaya al condado Mareng y búsquese al Sumo Sacerdote Piaton. Solo infórmeme del resultado de esa misión.
Tras decir eso, Labrante le lanzó una bolsa. Floss la atrapó por instinto y la abrió. Adentro había una placa del Maestro de la Torre Mágica para activar un portal al instante, varias botellas de agua bendita y hasta un objeto sagrado. Floss parpadeó confundido.
—¿Santa? ¿Por qué me da esto…?
—Ya verá dónde usarlo. Váyase de una vez.
La Santa solo soltó esas palabras llenas de misterio y dio media vuelta. Sus compañeros le dieron unas palmaditas en la espalda a Floss antes de seguir a la Santa. Uno de ellos miró de reojo a Floss mientras se alejaba y le preguntó a la Santa:
—Santa, ¿por qué no se lo dijo a Sir Floss? Hoy el joven duque Rosanna va a rescatar a la señorita Bella pagando el rescate. Hubiera sido mejor que Sir Floss fuera allá.
Por el reporte del Sumo Sacerdote Piaton, Labrante ya sabía que Isabella había sido rescatada a salvo. De hecho, el plan de fingir que entregaban el rescate a los magos negros para luego emboscarlos fue idea de ella.
—Si se lo decía, Floss habría ido corriendo a rescatar a Bella hoy mismo. Me habría desobedecido aunque le ordenara quedarse tranquilo.
El Caballero que preguntó ladeó la cabeza, sin entender mucho.
—¿Y no está… bien que él la rescate? Si la rescataba él mismo, Sir Floss se habría quitado ese peso de encima.
Labrante no respondió. Solo apuró el paso hacia el lugar del ritual. No le dijo nada de Isabella a propósito, porque había tenido una premonición donde Floss se ponía en peligro por salvar a Demian Rosanna.
Sangre roja chorreando del cuello de Floss. Su espada sagrada, que brillaba como la plata, perdiendo el color. Eso significaba que su vida estaba pendiendo de un hilo. Al principio, cuando vio la visión, Labrante no entendía a Floss. ¿Por qué salvaría al hijo de Dmitri Rosanna? Pero al ver cómo Floss buscaba desesperadamente a alguien entre la gente que evacuaba, y cómo revisaba cada rincón de la mansión por si alguien se había quedado atrás, lo entendió todo. Floss se iba a jugar el pellejo por Demian Rosanna simplemente porque era el hermano mayor de Isabella.
Lamentablemente, era un sacrificio en vano. Aunque Demian se salvaría de una magia negra mortal gracias a Floss, al final terminaría muriendo en esa batalla. Dios, porfiado, le mostró a Labrante la muerte de Demian en una premonición. Labrante se resintió con Dios. Era una visión demasiado cruel. Sentía que Dios se estaba burlando de ella, como diciendo ‘¿y ahora qué vas a hacer?’.
[¿Qué vas a hacer? No puedes salvar todas las vidas. No olvides, hija mía, que si tuerces un destino, otro se terminará torciendo también.]
La voz de Dios en su cabeza era tan suave que le hacía doler las sienes, pero a la vez era aterradora. Aun así, Labrante no se quedó de brazos cruzados.
‘¿O sea que no quiere que tuerza el destino? ¡Entonces no debió mostrarme nada!’
Apretó los dientes y tomó una decisión. Si al final Demian Rosanna estaba destinado a morir, al menos tenía que salvar a Floss. Aunque Bella se pondría muy triste al perder al hermano que recién acababa de encontrar. Enviar a Floss con el Sumo Sacerdote Piaton era una apuesta basada en una sola posibilidad. Si Demian Rosanna aún seguía respirando, quizás, solo quizás, Floss podría salvarlo.
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Eliana se dirigió junto a Flint hacia donde estaba el pasadizo secreto. De rato en rato aparecían algunos apóstatas, pero todos terminaban por los suelos gracias a Flint. Eliana también se defendía usando su broche de Verom.
Tras subir un tramo más de escaleras auxiliares, divisaron una habitación. Era la parte más alta de la mansión, justo debajo del tejado.
—Lia, ¿de verdad hay un pasadizo secreto en un piso tan alto? No me digas que tenemos que saltar al vacío.
Flint por fin soltó la duda que lo venía carcomiendo. ¿Cómo rayos sería ese pasadizo para que estuviera en un lugar así?
—Es que… hay un tobogán que da hacia afuera. Como estamos bien alto, el recorrido es súper largo, pero está bien construido, así que no pasa nada.
Eliana se disponía a abrir la puerta cuando Flint le sujetó la mano. Pegó el oído a la madera y sentenció:
—Hay gente adentro.
—¿Serán apóstatas?
—No importa.
Flint puso a Eliana detrás de él y de una patada mandó la puerta al diablo. La hoja se hizo trizas, dejando ver el interior.
—¡Qui… quiénes son ustedes!
Ese grito fue lo último que soltó el apóstata antes de que le cortaran la cabeza de un tajo. La espada sagrada de Flint bebió la sangre y empezó a vibrar ligeramente. Ante la advertencia del arma, su mirada se volvió más afilada.
Eliana, que estaba por entrar a la habitación, sintió un escalofrío y se detuvo en seco. Su mano se aferró a la ropa de Flint. Él volteó y le dijo con suavidad:
—Todo está bien, yo estoy contigo.
Flint tomó la mano de Eliana para entrar juntos. En ese momento, se escuchó un chillido bajo sus pies y sintió algo rozándole el zapato.
—¡¡Aaaah!!
Eliana soltó un grito de terror y le metió una patada a la rata. Aunque el bicho ya había salido volando, ella seguía zapateando como loca.
—Lia, tranquila. Solo es una rata…
—¡¿Qué ‘solo una rata’?! ¡No está bien…!
Al final, Flint terminó recibiendo las patadas de Eliana en la pierna. Golpeado por sorpresa, soltó un quejido de dolor. Al sentir que su pie tocaba algo otra vez, Eliana se asustó aún más y lanzó una patada con todas sus fuerzas.
—¡Quítate, rata asquerosa!
—Lia, esa es mi pierna… au.
Para evitar que lo siguiera moliendo a patadas, Flint la jaló hacia él y la abrazó con fuerza. El cuerpo de Eliana quedó hundido en el pecho de Flint, y por fin sus pies se quedaron quietos.
Una respiración agitada escapaba de los labios de la mujer. Flint le dio unas palmaditas suaves en la espalda para calmarla.
Él sabía que, aunque Eliana se había hecho la valiente todo el tiempo, en realidad estaba con los nervios de punta. A cualquiera le pasaría. La rata solo fue el detonante que hizo explotar todo ese miedo que ella intentaba ocultar.
Aunque ya sabía que vendrían aquí y él había estado a su lado en todo momento, al fin y al cabo estaban metidos en la boca del lobo, en un nido de apóstatas y sin protección. No le había pasado ni un rasguño, pero que estés a salvo no quita que te mueras de miedo, ¿no?
Se hizo un silencio total. Flint pasó un brazo por debajo de las rodillas de Eliana y la cargó de un tirón. Al sentir cómo ella, por instinto, le rodeaba el cuello con los brazos, a Flint se le escapó una sonrisa. Eliana intentó soltarse de inmediato.
—Flint, ya estoy bien. Si hay alguien cerca…
—No se siente a nadie, así que no te preocupes.
De verdad, no se percibía la presencia de nadie por los alrededores. Fue una decisión que tomó al ver que ya no necesitaba tener las manos libres para usar su arma.
La pareja dio un paso dentro de la habitación. Estaba un poco oscuro, pero había una lámpara encendida que dejaba ver el interior. Era un ático común y corriente, salvo por una pared que estaba tapada por una cortina.
Desde los brazos de Flint, Eliana susurró:
—¿No habrá otra rata por ahí?
—Esta vez yo le meto la patada.
—…Perdón. Creo que te pateé muy fuerte.
—Gajes del oficio.
Flint le dio un beso en la frente con una sonrisa en los labios.
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