La Emperatriz que regresó en el tiempo - Capítulo 318
El jardín dentro de la mansión Howard estaba en silencio. Los caballeros no se inmutaron, a pesar de que la Gran Duquesa había desaparecido frente a sus ojos junto a unos tipos sospechosos. Adele, quien lideraba la vanguardia de los caballeros, dijo con una sonrisa de oreja a oreja:
—Se fue nomás. Todos lo vieron, ¿verdad? No fui la única, ¿no?
—¡Sí, nosotros también lo vimos!
En el instante en que el grupo de Knox cubrió el cuerpo de Eliana con la tela y activó la magia de transporte, Flint saltó como un rayo y se metió en el círculo mágico de ellos. Una inmensa cantidad de magia negra provocó un viento violento, pero Flint, sin dudarlo, se aferró al cuerpo de Eliana y también sujetó la tela.
Fue solo un parpadeo, pero los que tenían una vista privilegiada, incluida Adele, lograron captar a Flint entre el aleteo de la tela.
—El ‘timing’ fue simplemente increíble. ¿Vieron que esos tipos se estaban riendo hace un rato?
Mientras un caballero soltaba una risita, Adele se rió aún más fuerte y dijo:
—¿Será que todavía se pueden reír ahora?
Ella de reojo vigiló los movimientos del sacerdote Ariel.
Ariel había corrido al jardín apenas desapareció Eliana. Sin embargo, no llegó a ver la importante escena de Flint lanzándose hacia Eliana. Esto porque, por un momento, se quedó embobado mirando la luna roja que brillaba de forma extraña.
En el plan de la Santa no estaba contemplado que Flint acompañara a Eliana. Era obvio que, en cuanto se enterara de que hubo un imprevisto, el sacerdote se pondría como loco, pero a Adele eso no le importaba ni un comino.
—Nos uniremos al príncipe Flint en cuanto el sacerdote termine con el rastreo de ubicación. Nuestro objetivo es destruir la guarida de esos tipos antes de que llegue la Orden.
Ante la orden de Adele, todos asintieron con determinación.
—Pero, ¿estará bien él solo…?
Como Oliver puso una cara de preocupación, Adele resopló con desdén.
—¿Cómo que solo? Si está con la Gran Duquesa.
—Pero Su Alteza no es personal de combate. Podría ser demasiado para el Gran Duque, así que debemos ir rápido a alcanzarlos.
—Sir Oliver, no se preocupe tanto. ¿Usted sabe qué son esos accesorios que Su Alteza lleva en la cabeza? Pues todos son de Berom.
Eliana se había ido preparada a su manera, poniéndose ganchos de Berom en el cabello y llevando un montón más entre sus ropas. No servirían de mucho en el combate, pero al menos no serían un estorbo.
—Más bien, ¿cuándo va a terminar el rastreo? ¿Qué tanto hacen todos en el jardín?
Adele entrecerró los ojos. No solo Ariel, sino que ahora Jane también estaba rebuscando en el jardín. Incluso movilizaron a las sirvientas. Ena, quien tuvo un papel brillante en el plan para hacer caer a Layla en la trampa, era una de ellas.
—¡Busquen un pedazo de tela! ¡Es una tela negra!
Ariel le había insistido mil veces a Eliana que debía romper la tela mágica y dejar un pedazo como sea. Solo con esa pista podrían rastrear la ubicación.
Sin embargo, en el lugar donde desapareció Eliana no quedaba nada, excepto los restos de las piedras mágicas hechas polvo. Al parecer, la tela voló a alguna parte debido al torbellino que causó la magia negra.
Pero como había mucha gente ayudando, la encontraron al toque. El trozo de tela que Eliana había roto y dejado quedó colgado en la rama de un árbol.
—¡Ya, lo encontré!
El trozo de tela negra, del tamaño de una palma, llegó a las manos de Ariel. Sin perder tiempo, Ariel liberó su poder. De inmediato, un poder sagrado dorado estalló y envolvió el pedazo de tela. Ante ese destello cegador, todos se cubrieron los ojos con las manos.
Un poderoso y antiguo poder sagrado llenó el jardín de la mansión del Gran Duque Howard. En el centro, el cabello y los ojos de Ariel brillaron con un tono rosado.
—¡Guau…! Qué bacán.
A Adele se le escapó un grito de admiración. Fue debido a las líneas doradas resplandecientes que adornaban todo el cielo oscuro. Muchísimas líneas se enredaron, se ordenaron y, finalmente, solo quedó una.
—¡El final de esa línea dorada es donde está Su Alteza! ¡Vamos pronto! ¡Tenemos que llegar lo más rápido posible antes de que empiece el ritual!
Gritó Ariel, quien hacía un gran esfuerzo por calcular el destino final.
—¡Parece que es al sur de Bianteca…!
Adele, al frente de los caballeros, gritó con voz potente:
—¡Todos, partimos hacia el sur!
Adele movilizó a los caballeros de Howard y salieron disparados por la puerta principal. Ariel, viendo cómo se alejaban, ladeó la cabeza confundido.
—Mmm. ¿Había tantos caballeros que el Gran Duque dejó en la mansión…?
El muchacho, ya sin energías, se desplomó sobre la hierba. No había liberado tanto poder sagrado antiguo en mucho tiempo y no tenía fuerzas en el cuerpo. Sin embargo, se sentía satisfecho por haber cumplido con su deber.
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La habitación preparada para llevar a cabo el tráfico de personas más importante de sus vidas era un completo caos. Habían logrado secuestrar a la Gran Duquesa de Howard, pero el problema era que el Gran Duque se había colado con ella.
La forma en que Flint despachaba a los magos negros y a los apóstatas era implacable. Desde que estaba emboscado y oculto en el jardín, ya tenía los nervios de punta, y cuando esos tipos sospechosos se acercaron, casi se delata por las ganas de saltarles encima.
Sobre todo porque la espada sagrada que Flint poseía no dejaba de zumbar, clamando por aniquilar a esos tipos cargados de energía maligna. Gracias a eso, Flint no perdió el ritmo y pudo trasladarse junto a Eliana.
Apenas llegaron a la guarida de los magos negros, Flint desató toda su furia. Él también estaba cargado de rabia luego de ver cómo esos desgraciados habían intentado ponerle las manos encima primero a su hijo y ahora a Eliana.
Aunque alguien lanzó una bomba de humo apenas vio a Flint, él no perdió de vista a sus enemigos. Ni los magos negros que preparaban el trato, ni los apóstatas que estaban emocionados por recibir la ‘mercancía’, salieron bien librados.
—¡Agh!
—¡U-usen magia negra!
Los magos negros, tomados por sorpresa, tardaban más de lo normal en conjurar su maná, e incluso los pocos ataques mágicos que lograban lanzar quedaban anulados frente a la espada sagrada.
Mientras tanto, Eliana se deshizo de la tela que cubría su rostro y cuerpo y se refugió rápidamente en un rincón. No quería convertirse en un rehén y terminar siendo un estorbo para Flint.
Flint, a pesar de estar enfrentándose a varios magos a la vez, no le quitaba el ojo de encima a Eliana. Si alguien intentaba acercarse para tomarla como rehén, él se lanzaba de inmediato para cortarle la respiración.
Sin embargo, al enfrentarse a tantos, Flint también tenía sus límites. Eliana no se quedó de brazos cruzados esperando que él la protegiera. Se sacó los adornos del cabello y empezó a blandir sus piezas de Berom.
Con que el Berom solo los rozara, los tipos gritaban de dolor. Y en esos momentos, sin falta, una daga volaba y se les clavaba directo en la cabeza.
—¡Ugh!
La puntería de Flint era perfecta. No se olvidaba de proteger el lado de Eliana ni por un segundo mientras lidiaba con los magos que se le venían encima.
Acto seguido, Eliana se vio cara a cara con dos apóstatas que intentaban ponerle el saco encima otra vez.
—¡La ofrenda de lujo! ¡Solo te necesitamos a ti!
Eliana frunció el ceño y les clavó los ganchos de Berom directo en los pies. El saco llegó a tocarle la cabeza, pero no logró cubrir su cuerpo.
—¡Aaaaargh!
—¡Aaaaah, qué dolor!
Justo cuando Eliana sacaba otro gancho de Berom, los cuerpos de los apóstatas se pusieron rígidos y cayeron desplomados. Ambos tenían puñales clavados en la cabeza.
Las dos dagas que Flint lanzó con la mano izquierda aniquilaron con precisión a los enemigos de Eliana. A cambio, la trayectoria de la espada sagrada en su mano derecha flaqueó un poco, por lo que solo alcanzó a cortarle la pierna a Knox.
Knox, que apenas salvó el cuello, empezó a arrastrarse con la pierna cortada. Con el rostro desencajado por el odio, vio cómo sus compañeros lanzaban magia negra contra Flint.
Pero la espada sagrada protegía firmemente a su dueño, anulando cualquier rastro de magia negra. Flint incluso mostró tal destreza que, en lugar de solo anular los ataques, los devolvía como si fueran pelotas antes de que la hoja los disipara.
—¡Te-tengan cuidado, es la espada sagrada!
—¡No podemos hacerle frente con magia negra común!
Ellos ya tenían experiencia enfrentándose a la Santa, así que sabían de lo que era capaz esa espada. En estos casos, lo mejor era atacar en mancha, pero con ese monstruo, eso era imposible.
—¡Corran!
Pero Flint fue cortando uno a uno a los que corrían hacia la puerta, bloqueándoles la salida.
‘¿Cómo diablos terminó la situación así…?’
Knox pensaba frenéticamente mientras se sujetaba la pierna de la que brotaba sangre a chorros. ¡¿En qué parte se arruinó mi plan perfecto?!
Fue entonces cuando sus ojos se fijaron en Layla, que temblaba en un rincón. Knox se convenció de algo:
‘¡Esa perra nos traicionó…! ¡Trajo a Flint Howard a nuestra propia guarida!’
Knox la fulminó con la mirada y empezó a activar su magia negra.
‘¡Aunque me muera hoy aquí, me voy a bajar a esa traidora primero!’
Knox sacó de entre sus ropas una poción y un frasco con polvo. La poción era el elixir de longevidad que le había prometido a Layla; el otro era veneno.
Con las manos temblorosas, destapó el frasco y empezó a mezclar el veneno.
‘Layla, maldita, te voy a hacer morir de la forma más dolorosa…’
Tras poner el veneno en la poción, Knox la hizo rodar con todas sus fuerzas hacia donde estaba Layla.
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Acostado sobre la hierba, Ariel miraba el cielo nocturno con total relajo. Se sentía muy orgulloso al ver la línea dorada que había creado. Seguramente, en este momento, la Santa y los hermanos paladines también estarían mirando al cielo mientras se dirigían a la guarida del mal. Ariel soltó una risita.
—¡El Gran Duque atrapa al duque Rosanna, mientras que la Orden rescata a Su Alteza y acaba con los magos negros! ¡Qué plan tan increíble!
A decir verdad, le daba un poco de pena el Gran Duque, que debía estar persiguiendo a Rosanna sin tener la menor idea de nada. Pero bueno, mientras Su Alteza regresara a salvo, todo estaba bien, ¿no?
En ese momento, Oliver se le acercó. Eliana le había ordenado que, una vez que Adele y los caballeros partieran, le contara la verdad a Ariel.
—Sacerdote, déjeme decirle que esos tipos no solo secuestraron a Su Alteza la Gran Duquesa, sino que también se llevaron al Gran Duque.
Ariel parpadeó confundido y ladeó la cabeza.
—¿Eh? ¿De qué está hablando? Si el Gran Duque salió de expedición tempranito por la mañana.
Ariel había visto con sus propios ojos cómo Flint lideraba a los caballeros fuera de la mansión al amanecer. Incluso recordó que al Gran Duque parecía costarle irse, pues volteó varias veces y hasta regresó corriendo para darle un beso apasionado a Su Alteza.
Además, nadie había visto al Gran Duque Howard volver a entrar a la mansión. Oliver despejó esa duda:
—Por culpa de este plan, tuvimos que reconstruir el pasadizo secreto del invernadero. No sabe lo difícil que fue.
El pasadizo secreto que Flint había destruido tiempo atrás cuando echó a Hereise había sido reconstruido. No les quedaba de otra, porque usar cualquier otro pasadizo habría sido demasiado obvio.
Ariel, que recién ahora procesaba la situación, pegó un grito:
—¡¿O sea que el Gran Duque… nunca se unió al grupo de búsqueda del duque Rosanna?!
—Así es. Ahora mismo debe estar protegiendo a Su Alteza con uñas y dientes.
respondió Jane con una sonrisa de oreja a oreja.
En contraste, Ariel se había puesto pálido como un papel.
—¡Pe-pero había una orden imperial! Se supone que la Santa y el Príncipe Heredero habían…
Ariel se agarró la cabeza con ambas manos, totalmente espantado. Si el Gran Duque Howard se había ido a la guarida de los apóstatas, la cosa se iba a poner fea. ¡En lugar de capturar vivos a los magos negros y a los apóstatas, los iba a aniquilar a todos! Por algo los caballeros de Howard habían salido disparados hace un momento.
‘¡El Príncipe Heredero de Bianteca le juró a la Santa que le quitaría de encima al Gran Duque…! ¡Ese hombre le fue con el cuento del pacto secreto al Gran Duque!’.
Ariel se dio cuenta de golpe: el Príncipe Heredero le había jugado sucio a la Santa.
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El día que la Santa y el Príncipe Heredero visitaron juntos la mansión Howard, Flint se opuso rotundamente al plan de usar a Eliana como cebo. Al final, la Santa planteó una solución intermedia, diciendo que buscaría a otra persona.
― Está bien. El día que salga la luna roja, enviaré a otro cebo a la mansión. Si no encuentro a nadie, tendré que usar a Ariel, qué más queda.
Ariel asintió con mucha madurez, pero al salir por la puerta principal de la mansión, le susurró a la Santa:
― Santa, ¿estará segura? Si el rastreo de ubicación se demora… Su Alteza podría estar en peligro.
― Yo sé muy bien que no hay nadie mejor que tú para el rastreo. Ni siquiera mis habilidades le llegan a las tuyas.
Por eso, apenas Labrante salió de la mansión, se acercó al Príncipe Heredero para sellar un pacto secreto.
― ¿Podría sacar al Gran Duque Howard del Norte el día que salga la luna roja?
Hereise se dio cuenta al toque de las intenciones de Labrante.
― Pero si dijo que usaría a otro cebo. ¿No dijo que usaría incluso al sacerdote Ariel? Era mentira, entonces.
― Ariel no puede ser el cebo. Lamentablemente, no hay nadie que pueda rastrear la ubicación tan rápido como ese niño.
Hereise respondió chasqueando la lengua:
― Pero el Gran Duque Howard ya rechazó mi propuesta de liderar al grupo de búsqueda del duque Rosanna.
Como Flint casi pierde a Eliana por haberse ido del Norte una vez, rechazó la oferta de Hereise sin pensarlo dos veces. Además, con esos desgraciados apóstatas acechando a su esposa y a su hijo, era algo que no tenía ni pies ni cabeza.
No podía descuidar lo más importante por irse a desquitar con el duque Rosanna. Ante el rotundo ‘no’ de Flint, Hereise no pudo insistir más. Sin embargo, la Santa le hizo una propuesta astuta al Príncipe Heredero:
― En lugar de sugerírselo, simplemente denle una orden imperial. ¿Acaso el Gran Duque Howard no es un noble de Bianteca después de todo? Príncipe Heredero, le doy un consejo: el poder no se comparte ni con los hijos. Por muy buen amigo que sea…
― No, Santa. Mi padre compartió su poder conmigo con todo el gusto del mundo. Es más, le faltaba tiempo para darme más.
Como el amor de Emperador Leopoldo por su hijo menor era algo fuera de lo común, la Santa se quedó callada por un momento. Pero pronto volvió a hablar:
― la Orden acabará con los magos negros y los apóstatas el día de la luna roja. Yo misma, en nombre de la Santa, haré público que el Príncipe Heredero de Bianteca tuvo parte en ese mérito.
Para Hereise, esa era una tentación muy dulce. Significaba que, estando a punto de subir al trono, contaría con el respaldo oficial de la Santa. Él podría usar eso para hacerse mucha propaganda.
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