La Emperatriz que regresó en el tiempo - Capítulo 314
El príncipe heredero y la santa, esos dos pesos pesados, hicieron como si no hubieran escuchado a Flint echándolos. El príncipe no movió ni un pie, mientras que la santa soltó la mano de Hereise y se acercó a Eliana.
—Lia, sé que debes estar muy molesta, pero yo también tenía mis razones. Su Santidad también se ha dado cuenta de su error y se ha arrepentido. Vamos a conversar con calma…
—¡¿Yo no tengo nada que hablar contigo, ya?! Si has venido a convencerme de usar a mi hijo como carnada, mejor lárgate.
—¿Cómo crees que haría algo así? No es por Theo, sino…
—¡Te he dicho que te largues y te lleves a Layla ahora mismo!
Ante el grito de Eliana, a Hereise casi se le salen los ojos de las órbitas. Y es que Eliana le había asegurado que ‘el nieto imperial se fue al seno de Dios y la madre biológica también murió’. Como le habían dicho eso, Hereise, sintiéndose estafado, gritó furioso:
—¡Eliana Howard! ¡¿Qué significa esto?! ¡¿No dijiste que Layla Rosana se había suicidado por el impacto de perder a su hijo?!
Hereise no había dudado de que Layla estuviera viva o muerta, ya que hasta le entregaron los restos del bebé. Para una mujer que había puesto todas sus esperanzas en ese niño, el suicidio parecía un final lógico. ¡¿Pero acaso Layla estaba viva?! El príncipe heredero habló con severidad:
—Esto no se va a quedar así. ¿Dónde está el cadáver de Layla? ¡Tengo que comprobarlo yo mismo!
A Eliana, a quien se le había escapado la mentira por hablar de más, le daban ganas de meterse un manotazo en la boca. Pero ahora la santa también la interrogaba con insistencia. Ella se quedó helada al oír la palabra ‘cadáver’.
—¡¿De verdad mataste a Layla Rosana?! ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡Te lo expliqué claramente! ¡Yo no iba a usar a Theo, iba a usar otro método! ¡Incluso traje un nuevo plan!
Acorralada, Eliana retrocedió con duda. Esto no estaba en sus planes… Pero ya no podía tragarse sus palabras, y tanto el príncipe como la santa le exigían la verdad.
—Esa mujer se suicidó, ¿verdad? No me digas que está viva. ¿Flint permitiría así nomás que alguien siniestro, que se metió con magia negra, se quede en su casa?
—Lia, Layla está viva, ¿no? No creo que tú dejaras irse en paz a la mujer que se atrevió a tocar a tu hijo. Tú misma lo dijiste: que el suicidio era la muerte más fácil de todas.
Eliana lanzó una mirada de auxilio hacia Flint. ¡Que los botara de nuevo, por favor! Pero Flint se dio cuenta de que el príncipe y la santa no se irían así de fácil. Por eso, el hombre les permitió entrar diciendo que hablaran adentro.
—¡Flint…..!
—Lia, por eso le dije que debimos matarla rápido. Verom ya estaba listo…
Flint chasqueó la lengua, como si de verdad lamentara lo sucedido. Hace poco, Eliana había decidido eliminar a Layla discretamente usando a Verom, lo cual lo tenía satisfecho… Pero estos invitados no deseados se habían entrometido.
Ella era tan cautelosa porque pensaba mucho las cosas, pero a veces, por eso mismo, se le pasaba el momento oportuno. Flint le susurró con cariño a Eliana:
—Usted es de corazón muy blando, por eso no puede tomar decisiones grandes al instante. Por eso habrá dudado. La próxima vez, hágame caso a mí.
Como lo que decía tenía sentido, Eliana asintió cabizbaja. Flint se inclinó y le susurró palabras dulces al oído; parecía estar diciéndole que, aun así, le parecía adorable. Labrante puso una expresión de desconcierto total.
‘¿En qué parte Lia es ‘blanda’? ¡¿Y eso le parece adorable?!’
Incluso Flint Howard miraba a Lia como si estuviera viendo a un ángel. La santa soltó una risa sarcástica, y Hereise, que también había sido estafado por ese ‘ángel’, estaba que echaba humo. Ahora Hereise dudaba si los restos del bebé que Eliana le entregó eran realmente de su sangre.
Antes de que Hereise explotara de rabia, la santa gritó:
—¡¿No me digas que de verdad usaron a Verom?!
Flint giró la cabeza lentamente. Sus ojos gris plata, que hace un momento miraban con ternura a su esposa, ahora estaban fríos como el hielo.
—¿Acaso no podemos usarlo?
Flint continuó con un tono gélido:
—¿Por qué tendríamos que tratar con guante de seda a alguien que intentó secuestrar a mi hijo? Mi esposa mantuvo con vida a una criminal que debió ser ejecutada de inmediato, solo por consideración a usted, Santa. Sin embargo, usted, bajo su posición de madrina, pretendía usar a mi hijo como carnada.
—¡Eso no fue idea mía! Fue el Papa quien…
—Escuché que usted era quien tenía el poder real en el Vaticano, pero parece que solo fue un rumor. Realmente parece que el Papa solo la ve como a una nieta engreída a la que consiente.
Labrante apretó los dientes ante la burla de Flint, quien insinuaba que ella no tenía ningún poder real. Los ojos ambarinos de la santa ardían de ira y un poder sagrado dorado empezó a chispear en sus manos. Era una imagen amenazante, pero Flint se limitó a soltar una risita burlona y le ordenó al mayordomo:
—Lleva a ambos a la sala de visitas. Ya que estas nobles personas quieren conversar, nosotros, siendo tan ‘humildes’, no tenemos más remedio que aceptar.
A pesar de llamarse a sí mismo humilde, su tono de voz era sumamente autoritario. Flint dio media vuelta escoltando a Eliana.
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El careo de tres bandas en la sala de visitas fue un completo caos. Eliana terminó confesando que Layla estaba viva y bajo su custodia, lo que le valió una lluvia de críticas feroces por parte del príncipe heredero y la santa.
Pero eso duró poco. Los dos empezaron a gruñir el uno contra el otro por la custodia de Layla. El príncipe exclamó con severidad:
—A la criminal la procesará la familia imperial de Bianteca.
Hereise tenía la intención de lanzar a Layla viva frente a los ojos de la emperatriz Beatriz. Sin embargo, la santa no dio su brazo a torcer, ya que ella también necesitaba usar a Layla.
—El príncipe heredero es realmente frío. Después de todo, es la mujer que dio a luz a su propio hijo…
—¡Ja! ¡¿Se ha vuelto loca, Santa?! ¡Esa mujer me humilló y engañó a la familia imperial de Bianteca!
Oliver y Jane, que observaban la discusión, tenían caras de espanto. Ariel se metió entre ellos para ponerse del lado de la santa, pero terminó siendo ninguneada por Hereise.
Eliana ignoró el pedido de ayuda de la santa y se escabulló con cuidado. Labrante, por su cuenta, logró convencer al príncipe y llegaron a un acuerdo drástico.
—Si va a enterrar para siempre el secreto de que fui manchado por la magia negra, con eso me basta. Confiaré en su juramento, Santa.
—Por supuesto, príncipe. No lo voy a decepcionar.
Incluso la santa purificó por completo los restos de magia negra que quedaban en el cuerpo del príncipe. Hereise quedó satisfecho con eso.
Con esto, la emperatriz Beatriz no podría intentar hundirlo ni manchar su nombre diciendo que tenía rastros de magia negra. Entonces, él ya no necesitaba a Layla para nada.
Habiendo obtenido la victoria sobre el príncipe, la santa esta vez le buscó pelea al gran duque Howard. El motivo fue que le informó sobre el nuevo plan del Vaticano y pidió la colaboración activa de Eliana.
—Yo tampoco pienso usar al pequeño y débil Theo como carnada. Lia, necesito tu ayuda. Layla falló en secuestrar a Theodore, pero estoy segura de que te pondrá a ti como su objetivo.
Antes de que Labrante pudiera explicar el plan a detalle, Flint estalló de furia y volteó la mesa.
—¿Como no funcionó lo de Theo, ahora quieres usar a mi esposa como carnada?
—Cálmese, gran duque Howard. En cuanto Lia sea secuestrada, rastrearemos de inmediato la guarida de los apóstatas y los aniquilaremos. Lia, tú conoces mi habilidad, ¿verdad? Yo garantizo tu seguridad.
Eliana sabía cómo Labrante, que en su vida pasada era una santa inexperta, había logrado acabar con ellos.
En este momento estaban pasando apuros porque desconocían el paradero de la guarida, pero una vez que supieran la ubicación, Labrante tenía el poder suficiente para borrarlos del mapa de forma aplastante.
No por nada la veneraban como la santa que nació con el poder sagrado más fuerte de la historia. Además, la Labrante de ahora tenía experiencia, así que todo sería más fluido.
—¡Ya cállese! ¡¿Cree que mi esposa y yo aceptaremos ese plan absurdo?!
Sin embargo, a diferencia de Flint, Eliana mostró señales de estar a favor del plan de usarse a sí misma como carnada. Si no arrancaban de raíz a los apóstatas que buscaban el linaje de las hadas, algún día su hijo volvería a ser el blanco.
Pero Flint, lejos de conmoverse por el instinto maternal de Eliana, se mostró aún más hostil con la santa.
—¡No estoy de acuerdo para nada! ¡Todos se han vuelto locos! ¡¿Saben lo peligrosos que son esos magos negros y esos apóstatas?!
Eliana dijo dudando:
—Flint, si perdemos esta oportunidad, tendremos que esperar diez años. El día propicio para el ritual que ellos buscan es la luna llena roja que sale en un ‘día de la suerte’… y eso no pasará hasta dentro de diez años.
—¡Usted misma dijo que exterminar a los apóstatas y magos negros es la misión de la santa! ¡Dígale que haga su trabajo ella sola! ¡¿Por qué tienes que verte involucrada tú?!
En ese momento, Labrante, que acababa de despedir a Hereise, intervino. Ya no tenía el rostro de una amiga, sino el de una santa para advertirle:
—Lia, no olvides que has torcido muchos destinos al regresar en el tiempo. ¿Cómo piensas pagar el precio por ir en contra del orden natural? En tu vida anterior, lavaste el precio de tus maldades con la muerte. Pero esta vez…
—¡No intente engañar a mi esposa con cuentos chinos!
Ante el rudo grito de Flint, Labrante respondió con autoridad:
—Gran duque Howard, usted mejor que nadie debería saber que mis palabras no son cuentos. ¿Sabe por qué Lia regresó en el tiempo? Porque en el momento de su muerte lo deseó con fervor, y se manifestó el último poder de las hadas.
Labrante reveló incluso la causa de por qué Eliana había vuelto en el tiempo. A diferencia de Eliana, que se perturbó un poco, Flint no se inmutó. Él respondió recordando las escrituras que había leído:
—¿Acaso el poder de las hadas de la fortuna no es una promesa de Dios? ¿Y Dios va a cobrar un precio por cumplir una promesa? Para ser un Dios que cuida de todas las cosas, parece ser bastante calculador.
Labrante frunció el ceño ante el comentario blasfemo, pero replicó:
—Lia no tiene el derecho de gozar del poder de las hadas. Aunque tenga sangre de hada, es una humana, no un hada. Sin embargo, Dios tuvo piedad de la descendiente de las hadas y cumplió su deseo. Todo gracias al buen corazón que aún quedaba en el alma de Lia.
—Usted, que se dice ser una sierva de Dios, ¿se atreve ahora a intentar suplantarlo?
—Gran duque Howard, yo soy la santa que escucha la voz de Dios. No me llaman ‘la representante de Dios’ por las puras.
soltó Labrante con firmeza antes de continuar.
—Dios desea que las fuerzas del mal que han echado raíces en el continente sean erradicadas. Lia, solo por esta vez, actúa por el bien común. Con eso, compensarás el precio de haber gozado de ese poder y limpiarás todo tu karma. Solo así podrás alcanzar la paz que tanto anhelas.
Al escuchar a Labrante, Eliana se quedó pensando: ‘¿O sea que mi vida no ha sido tranquila por culpa de mi karma? ¿Porque en mi vida pasada hice demasiadas cosas malas y encima gocé de un poder que no me correspondía?’.
Eliana, que en sus momentos más difíciles buscaba consuelo rezándole a Dios, empezó a dejarse convencer por la santa. Y es que, tal como Flint lo presentía, Labrante no era simplemente una amiga para ella.
Era quien la escuchaba de forma absoluta, perdonando sus pecados cada vez que se confesaba, y quien le ponía el freno cuando ella estaba a punto de pasarse de la raya, despertando la poca conciencia que le quedaba en el corazón.
Cada vez que Eliana sufría pensando que ya ni siquiera parecía un ser humano, Labrante siempre estaba ahí para aliviar su dolor.
Como en aquellos tiempos, la santa mostraba ahora una sonrisa cálida y llena de bondad. El cabello blanco de Labrante empezó a teñirse de negro, tal como en su vida anterior, mientras un poder sagrado dorado ondulaba por todo el lugar.
Conmovida por los recuerdos, Eliana estiró la mano hacia ella sin pensar, pero en ese instante, Flint la jaló bruscamente hacia su pecho.
—Lia, no te dejes engañar por las palabras de esta santa que usa a Dios como excusa. Usar ese tipo de trucos baratos… Qué cobarde de su parte.
Flint ninguneó el poder sagrado de alto nivel de la santa llamándolo ‘truco barato’. Sin importarle si ella se molestaba o no, el hombre acarició a su esposa y le susurró:
—De niño, en Ringsgen, rezaba todos los días por la paz, pero Dios nunca me concedió nada. No le creas.
Labrante apretó los dientes al ver a Eliana parpadeando dócilmente en los brazos de Flint. Ahora Eliana solo tenía ojos para él y no para ella. Con la sangre hirviéndole, Labrante hizo que su cabello volviera a ser blanco y soltó con sarcasmo:
—¡Pero al final sobrevivió y regresó a su patria, ¿no?! ¡Y hasta consiguió una esposa tan encantadora e inteligente! ¡Que Lia lo haya elegido como esposo también es gracias a la misericordia de Dios!
Flint mandó al desvío hasta la última pizca de cortesía que le quedaba hacia la santa.
—Santa, mi regreso lo logré por mi propia cuenta y, sobre Lia… bueno, no puedo negar que tuve la suerte de que ella me eligiera. Pero te advierto: no intentes embaucar a mi esposa con ese floro de que todo es el orden natural o la voluntad de Dios.
Eliana le negó con la cabeza a Labrante. Por el movimiento de sus labios, parecía decirle: ‘Ya basta, aguántate un poco’. Pero Labrante no tenía intenciones de quedarse callada y soltó con toda la mala leche del mundo:
—El Flint Howard que yo conocí llegó al trono y unificó el continente tras la muerte de Hereise Bianteca. Pero, ¿de qué le sirvió? Si vivió toda su vida solo y amargado. Se la pasaba rindiéndole honores al príncipe muerto y mirando su retrato todos los días. Pobrecito…
Labrante estaba hablando de la vida de Flint en la línea de tiempo anterior.
—Es más, a la única mujer por la que se interesó, la volvió a ver recién cuando ya era un cadáver, y por el resto de su vida…
—¡Labrante Sharai! ¡No le digas cosas sin sentido a mi esposo!
Eliana, con la cara pálida, interrumpió a la santa.
—Yo fui quien eligió a Flint. Solo con haberlo arrastrado a mi vida desastrosa ya es suficiente…
—¿Vida desastrosa? Si lo piensas bien, ¡toda la buena suerte que ha tenido el gran duque es por haberte conseguido a ti! Más bien debería estar agradecido.
Labrante murmuró mientras fulminaba a Flint con la mirada: ‘Si hubiera conocido a Lia antes, le habría presentado a un hombre más decente…’. Al oír eso, a Flint se le saltó una vena en la frente.
En ese momento, Hereise, ignorando los ruegos de Ariel para que se detuviera, entró a la sala, pero al sentir el ambiente tan helado, dudó si era mejor volverse a salir. Labrante suspiró como si estuviera lamentándose de algo:
—¡Qué injusto es Dios! ¡¿Por qué me dio la profecía sobre Lia tan tarde?! ¡Si hubiera sido antes, yo misma la habría rescatado del ducado Rosana en vez de este hombre! ¡No habría tenido que ver cómo elegía a un terco como él! ¡Lia! ¿Qué cosa le viste? Porque de cara, francamente…
Labrante se detuvo antes de terminar de rajar del físico de Flint. Siendo objetivos, Flint Howard era un manganzón muy guapo. Y, para qué negarlo, se le veía bien imponente.
Eliana se asó de la nada:
—¡¿Qué tiene de malo la cara de mi esposo?! ¡Flint es un churro!
—Ay, Lia, seamos sinceras, ese tipo de cara no es tu estilo.
—¡Claro que es mi estilo!
—¡Ja! ¡Cómo mientes sin que se te mueva un pelo solo porque tu esposo te está mirando! Que Flint Howard es guapo, no te lo niego, pero el estilo de Lia es… ¡más bien como ese de allá!
Labrante señaló directamente a Hereise, que acababa de entrar al cuarto. Todas las miradas se clavaron en el rostro radiante del príncipe. La mirada más pesada, por supuesto, fue la de Flint. Hereise sintió que le había caído el muerto sin comerlo ni beberlo.
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