La Emperatriz que regresó en el tiempo - Capítulo 313
Eliana negó con la cabeza.
—No. Eso lo habrá dicho por la cólera del momento. El príncipe heredero no es capaz de matar a la emperatriz.
Flint se acarició la barbilla. Es cierto que Hereise se veía un poco raro cuando decía que mataría a la emperatriz Beatriz.
—De por sí es un tipo al que le falta mano dura, pero al final va a tener que jugársela al todo o nada.
Eliana se quedó sumido en sus pensamientos. Siguió dándole vueltas al asunto incluso cuando Flint, que estaba apoyado en el sillón, lo jaló para sentarlo en sus piernas.
En esta vida, la emperatriz Beatriz se enteró de que el emperador la había dejado estéril mucho antes que en su vida pasada. Por eso, adelantó sus planes para hacerle daño a Hereise y, a diferencia de antes, esta vez se movió por su cuenta. Quizás para la emperatriz esto era un golpe de suerte, pero eso solo se aplica si es que lograba tener éxito.
Sin embargo, parecía que Hereise ya le había calado las intenciones y había movido sus fichas; el plan de ella tenía toda la pinta de fracasar. El príncipe heredero no era ningún tonto.
Flint, mientras jugueteaba con el cabello de Eliana, comentó:
—La emperatriz Beatriz ya no tiene forma de armar nada. No puede dar a luz a un heredero y, para colmo, el nieto imperial que tuvo Laila Rosana también murió.
Además, la relación de hilos curados que tenía con su hijastro se terminó de romper. Flint sospechaba que Hereise se había ido hasta el palacio de verano solo para cuadrar a la emperatriz.
—Por eso la emperatriz se ha pegado al emperador y lo cuida más que nadie, ¿no cree? Sabe que en cuanto el emperador estire la pata, Hereise subirá al trono de inmediato.
—A veces pienso que le saldría mejor matar al emperador, su esposo, en vez de desquitarse con su hijastro. Pero ahí la tienes, haciéndole de enfermera… qué cosas.
‘¿Será porque todavía es su marido?’, murmuró Eliana para sus adentros. Sacudió la cabeza, pero de pronto se quedó tieso. Se dio cuenta de que, en su vida pasada, él no fue muy diferente. ¿Acaso no se aferró al puesto de emperatriz toda su vida por no poder soltar el amor y la fe que le tenía a Marcel?
Como mujer, le daba un poco de pena Beatriz, aunque no pensaba defenderla. Tal vez su forma de vengarse era arruinar al único hijo que el emperador tanto adoraba.
—Lo más probable es que veamos a Hereise cometiendo una barbaridad contra su propia familia apenas asuma el poder. Dudo mucho que deje tranquila a la emperatriz; si no ha hecho nada todavía es por respeto a su padre.
A las palabras de Flint, Eliana respondió con un tono lleno de misterio:
—Quién sabe. Yo creo que tendrá que dejarla tranquila.
En la vida anterior, después de sentarse en el trono, Flint Howard mandó a la guillotina a todos los nobles que ayudaron a matar a Hereise. Pero ni siquiera ese emperador de hierro pudo quitarle la vida a Beatriz.
Por eso, terminó encerrándola en el palacio de la emperatriz hasta que se consumió. Pero Hereise ni siquiera sería capaz de hacer eso.
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Hereise salió del sótano mucho tiempo después. Su cabello y su ropa, que antes eran un desastre, ahora lucían impecables, no quedaba ni rastro de las lágrimas que habían inundado su rostro. A excepción de sus párpados ligeramente hinchados y el enrojecimiento de sus ojos, se veía igual que siempre.
Hereise dibujó una sonrisa en su rostro, recuperando esa expresión radiante que lo caracterizaba. El hombre que se desgañitaba llorando y vomitaba su tristeza en el sótano ya no existía. Incluso tuvo la gentileza de entregarle un pañuelo al joven sirviente que sollozaba a su lado.
—Benny, ya deja de llorar.
El sirviente llamado Benny se limpió la cara con el pañuelo que le dio el príncipe heredero y se sonó la nariz con fuerza. Hereise le acarició la cabeza al muchacho y luego agitó la mano al ver a dos personas que se acercaban a lo lejos.
Eran Eliana y Flint. La pareja, que había estado conversando sobre sus planes futuros y jugando con su hijo, se puso en marcha apenas recibieron la noticia de que el príncipe por fin había salido del sótano.
A decir verdad, Eliana planeaba despedirlo solo, sabiendo lo incómodo que se sentía Flint en presencia de Hereise; sin embargo, contra todo pronóstico, Flint se levantó de su asiento sin que nadie se lo pidiera.
—Que los dos vengan a despedirme… parece que no he vivido mi vida en vano.
soltó Hereise con total soltura. Incluso se dio el lujo de bromear.
—Supongo que, cuando uno hace cosas importantes, es inevitable toparse con algún que otro espía.
—…….
—…….
Flint no respondió, Eliana tampoco se esforzó por consolar a Hereise. Parecía que el príncipe heredero ya había logrado controlar sus emociones por completo. Sus ojos azules, que antes solo derramaban lágrimas en un estado de shock, ahora estaban calmados, sus labios, que habían pasado de un llanto frenético a risas amargas, se mantenían firmes.
Aunque por dentro se sintiera como en un fango, Hereise no podía permitirse seguir hundido. Se obligó a levantarse y a pensar en su situación actual y en las cosas que debía hacer de inmediato. Para él, las emociones eran un lujo que no podía costearse.
Pero al ver a Flint, su corazón volvió a agitarse. Hereise sabía que no podía retomar su amistad con él, pero al menos quería obtener su perdón. Para eso, primero debía disculparse como es debido.
Sin embargo, Hereise volvió a sentirse pequeño. Las desgracias que le habían llovido una tras otra dejaron cicatrices profundas en su alma. Incluso esa confianza y seguridad que siempre le sobraban se habían encogido.
Hereise hizo un esfuerzo por sonreír y se dirigió a Eliana:
—Qué bueno que vinieron. Justo me acordé de algo que olvidé contarte.
—¿Que se olvidó? Yo pensé que había venido a dudar de mi esposo tras escuchar las tonterías de Carter.
Ante la franqueza de Eliana, Hereise negó con las manos, apurado por desmentirlo.
—Para nada, no te preocupes por eso. Eso es exactamente lo que mi madrastra quiere, ¿por qué dudaría de Flint sin motivo alguno?
‘Definitivamente no pudo matar a la emperatriz Beatriz’. Eliana fue lo suficientemente astuto como para no cometer el error de preguntarle a Hereise por el bienestar de la emperatriz.
—Bueno, le creeré. ¿Y qué es eso que se olvidó de contarme?
preguntó Eliana con suavidad. Pero la expresión de Hereise se volvió un poco incómoda.
—Eh… prométeme que no te vas a enojar.
—Primero cuénteme de qué se trata.
—No, primero promételo.
—¿Acaso ha hecho algo malo, Alteza?
—Te juro por lo más sagrado que no es culpa mía.
Eliana entrecerró los ojos y miró fijamente a Hereise. En su mirada, que cargaba con el peso de la preocupación, todavía se asomaba esa tristeza que intentaba ocultar. Recordar cómo lo vio en el sótano hizo que Eliana se ablandara un poco. Además, si sus sospechas eran ciertas, tal vez el emperador ahora mismo… Eliana respondió con misericordia:
—Al menos le prometo que no le echaré la culpa a usted, Alteza.
—Mmm…….
Incluso después de escuchar la respuesta de Eliana, Hereise seguía dudando.
—Es que… verás, mientras llevaban a tu padre camino a la Orden…
—¿Se escapó?
Hereise pegó un salto de la impresión cuando Eliana dio en el clavo.
—¡Aasu! ¡¿Cómo lo supiste?!
Eliana, sin decir una palabra, le extendió la carta que acababa de recibir de Damian. Era información calientita que le llegó justo mientras jugaba con su hijo. La letra, escrita a las patadas y a toda carrera, delataba lo nervioso que estaba Damian.
「Mi padre se escapó. Parece que sospecha de mí. He perdido el contacto con el jefe del gremio Beled de un momento a otro. Lo estoy rastreando ahora mismo.
Te juro que no tuve nada que ver con su fuga. Lo juro por mi nombre… o mejor, como sé que no confías en mi palabra, lo juro por Bella.」
‘¿Bella es suya o qué? ¿Por qué la anda apostando así como si nada?’. Eliana estaba más picado porque no decía nada de Isabella que por la fuga de su padre. ¿Habrían funcionado las negociaciones con los magos negros?
El plan era que Demian, a cambio de la alianza con el príncipe heredero, entregara las pruebas del tráfico de personas que su padre manejaba bajo la mesa. Se suponía que ya había sobornado al jefe de Beled para asegurar todo, pero parece que la vaina se maleó.
Que su padre se escapara era algo que también estaba dentro de lo previsto. Sin la inmunidad divina, si llegaba a la Orden, estaba frito. Así que era obvio que iba a dar su último manotazo de ahogado.
Flint, que leyó la carta junto a Eliana, estaba muy preocupado pensando que ella se amargaría otra vez por culpa de su padre.
Mirando la carta arrugada entre las manos de su mujer, el hombre pensó seriamente si no sería mejor salir un rato del cuarto de Theo para que Eliana pudiera desfogar su cólera tranquila.
Sin embargo, Eliana, con una cara de palo total, le mandó la respuesta a Demian y siguió jugando con su hijo. Incluso le susurró al bebé: ‘Hijito, tienes un abuelo materno que ahora es un prófugo. Mami se va a encargar de desaparecerlo. Es mejor no tener un abuelo que sea una vergüenza así’. A decir verdad, a Flint eso le dio más miedo.
La reacción de Hereise al leer la carta tampoco se quedó atrás. Incluso llegó a dudar de las intenciones de Demian.
—¿De verdad le crees? ¡¿Y si Demian lo dejó escapar para salvarle el pellejo?! ¡Me prometió que convencería al jefe de Beled para darme todas las pruebas!
Eliana chasqueó la lengua. ‘Dice que va a usar a Demian como aliado y su confianza no dura nada’, pensó. Ella respondió con un tono gélido:
—Algo habrá salido mal. Demian puede haber tomado el control de la familia, pero todavía está verde en lo que respecta al gremio Beled.
—¡Eso no puede ser!
—Sí puede ser. Demian todavía no se ha manchado las manos con el tráfico de personas, su padre no llegó a entregarle todo el manejo de ese negocio. Lo más probable es que el jefe de Beled le haya jugado sucio a Demian.
Eliana tampoco sabía exactamente cómo estaba la situación de su hermano, pero por miedo a que él descuidara el rescate de Isabella por culpa del jefe de Beled, le había dado algunas pautas sobre cómo contraatacar.
—Pero…
—Príncipe, no malogre las cosas con dudas que no vienen al caso. Me dijo que ya rompió su compromiso con la casa Sanders, ¿no? Entonces, le guste o no, necesita a Demian Rosana. Piense con la cabeza fría.
Hereise se despeinó el cabello con frustración y soltó un lamento:
—¿Entonces qué va a pasar con las pruebas del tráfico…?
—No es ningún tonto, ya verá cómo lo arregla. Confíe y espere.
—¡¿Pero en quién puedo confiar yo?!
Eliana suspiró y le soltó una verdad de frente:
—Si resulta que Damian de verdad ayudó a su padre a escapar, pues elimina a los dos y listo. ¿Tengo que explicarle hasta eso? Reaccione y piense un poco.
—…….
—La Orden no para hasta encontrar y eliminar a los prófugos; usted lo sabe bien. El único destino de mi padre ahora que escapó es la muerte.
—¿Y si el muy desgraciado se las arregla para volver…?
—Ay, por favor. Pues lo rastrean y lo matan antes de que vuelva. ¿Tan malo es el trabajo de sus investigadores? Deje en paz a Demian y mande a sus hombres ahorita mismo.
Hereise respondió sin fuerzas:
—Ya los mandé.
—Perfecto. Ahora lo estarán buscando por partida doble: la Iglesia y la Corona.
Eliana fue más allá con su propuesta:
—Ya que estamos en estas, hay que hacerle el funeral de una vez.
Lo que Eliana quería decir era que dieran a Dimitri Rosana por muerto oficialmente para luego cazarlo y matarlo de verdad. Eliana sonrió con malicia y dijo:
—Y así muere el último duque de la familia Rosana. No se olvide que quedamos en que el título iba a ser degradado.
Eliana no pensaba gastar ni un gramo de energía amargándose por la fuga de su padre. Si él había llegado al extremo de tirar su prestigio social por la borda, era porque la situación debía ser desesperante.
‘Claro, mi padre no es de los que se muere así nomás’. Pero como la Corona o la Iglesia se encargarían de él, ella solo tenía que sentarse a esperar las noticias.
Hereise, mirando de reojo a Eliana y a Flint, comentó:
—No se preocupen. Yo tampoco tengo la más mínima intención de dejar vivo a Dmitry Rosana. Cumpliré mi promesa pase lo que pase.
—No estoy preocupada. Usted tampoco se raye, Alteza, mejor concéntrese en lo que tiene que hacer.
—La Corona va a mandar a más gente para el rastreo. Y por eso……
Hereise se dirigió esta vez a Flint.
—¿Qué le parece si Gran Duque Howard se une a la búsqueda? No es necesario capturarlo vivo. Puede meterle un tiro apenas lo vea, o si quiere, puede moler el cadáver a golpes, no me importa.
Hereise quería darle a Flint la oportunidad de desquitarse con Duque Rosana. Los ojos azules del príncipe y los ojos gris plata del Gran Duque se cruzaron en silencio.
Justo cuando Flint iba a responder, Jane apareció corriendo con la cara desencajada.
—¿Qué pasa, Jane?
Jane, recuperando el aliento, respondió:
—La Santa ha llegado.
—¿Qué?
Eliana abrió los ojos de par en par y volteó la cabeza de golpe.
—Hoy no puedo recibir a nadie. Dile que se retire.
Ante esa orden, Jane puso una cara de aprieto y señaló hacia la puerta principal. Resulta que Ariel le había soltado el floro al guardián diciendo que ‘la Santa es la mejor amiga de Su Alteza’, ya estaban abriendo las rejas.
—¡Dije que no la voy a ver! ¡Sea Santa o lo que sea, dile que se largue ahorita mismo!
gritó Eliana, declarando que le cerraría la puerta en la cara.
Pero la Santa ya estaba cruzando la entrada principal con mucha elegancia junto a su séquito. Al ver la escena, al príncipe heredero se le iluminaron los ojos.
—¿Qué? ¿La Santa? ¡¿Se refieren a la mujer fuerte de la Iglesia, la que podría ser la próxima Papa?!
Eliana frunció el ceño. ‘¿Laran, la próxima Papa?’. Pensando en la Labrante de su vida pasada, eso sonaba a cuento chino, así que miró al príncipe como si estuviera loco.
—¡Yo quiero conocer a la Santa!
Mientras Hereise gritaba eso, Labrante entró caminando. Al ver a Eliana, le lanzó una sonrisa de oreja a oreja y saludó:
—¡Tanto tiempo, Lia! ¿Cómo has estado? ¡He venido a ver a mi ahijado!
‘¿Con qué cara viene esta a ver a Theo?’. Eliana tronó con una voz aterradora:
—¡Labrante Sharai! ¡Lárgate de mi casa ahora mismo!
Cuando Labrante dudó por un segundo, Hereise se acercó rápido, le besó el dorso de la mano y le dijo con suavidad:
—Es un honor conocer a la Santa de la Iglesia. Por favor, pase adelante.
Al ver cómo se portaban en la mansión del Gran Duque como si fuera su propia casa, Eliana se quedó muda de la indignación. ¡Cualquiera que los viera pensaría que esto es el Palacio Imperial! Flint también arrugó la frente con molestia.
Hereise ya estaba escoltando a Labrante hacia adentro. Eliana, con la mirada encendida de rabia, se preparó: ‘Hoy mismo les voy a dar el espectáculo de cómo boto a un príncipe y a una Santa de mi casa’. Pero Flint fue más rápido que ella.
—¡Fuera los dos de mi casa!
El rugido de Flint cayó como un trueno sobre las cabezas de la pareja.
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