La Emperatriz que regresó en el tiempo - Capítulo 308
Pero, de todas formas, era un fastidio.
—De verdad, me encarga cada cosa… Este Hereise es un caprichoso de porquería hasta el final…
Flint masculló entre dientes mientras miraba con odio la carta que Eliana tenía en la mano. Eliana bajó la mirada hacia el papel.
La letra de Hereise era un desastre, como si la hubiera escrito a las voladas. Incluso sus palabras se sentían un poco más desordenadas de lo habitual.
Hacía poco, en la mesa de negociación, Hereise se había mostrado sobrado mientras discutía con Eliana. Es más, como ella se había quebrado a mitad de la charla, él técnicamente tenía las de ganar.
Sin embargo, dejó de lado una negociación que le era favorable y se largó del Norte. ¿Qué pudo haberlo puesto así de apurado? Incluso llegó a confesar parte de su situación, algo que se había esforzado en ocultar hasta el último momento.
「Carter, mi primer sirviente, es el principal culpable de ayudar a Layla para que yo terminara teniendo un hijo fuera del matrimonio. Seguro dirás que qué tonterías habla el que ‘puso la semilla’, pero esta es la verdad. Pronto iré a buscarte para explicarte todo.
Detrás de Carter y Layla está Emperatriz Beatriz.
Lia, espero de todo corazón que me digas el paradero de Layla Rosana. Yo cumplí mi promesa contigo: los Rosana dejarán de ser una familia ducal. Espero que tú también me des lo que acordamos a cambio.」
Eliana le había sacado mucha información a Layla cuando le tomó su confesión hace tiempo. Le había preguntado cómo podía entrar y salir del dormitorio del Príncipe, que estaba tan vigilado. Por qué nadie sabía de su existencia. Si acaso sabía cuántos sirvientes y criados trabajaban en el Palacio Imperial. Le dijo que no hablara estupideces.
Incluso la provocó diciéndole que dudaba que de verdad hubiera tenido un nieto imperial. Layla, cayendo en la provocación de Eliana, soltó todo con lujo de detalles.
— ¡Porque Carter me ayudó!
Efectivamente, había un cómplice dentro del Palacio del Príncipe Heredero.
— Carter se quedó con el puesto después de que Dylan, el anterior primer sirviente, muriera… Es alguien que ha servido al Príncipe por muchísimo tiempo, le tienen mucha confianza y tiene mucho peso en el palacio. Gracias a él pude entrar al dormitorio del Príncipe y pasar las noches ahí sin que nadie se diera cuenta.
Si algún sirviente o criado llegaba a verla raro, Carter se encargaba de ‘solucionarlo’. Al heredar el puesto de Dylan, Carter obtuvo el poder de manejar los asuntos del palacio sin que Hereise se enterara de nada.
— No hubo ningún problema. Porque el Príncipe, por los efectos secundarios de la magia negra, perdía el juicio y mató a varios sirvientes… Así que, aunque desaparecieran cuerpos en secreto, nadie sospechaba. El Príncipe ni siquiera sabe que él mismo mató a esa gente.
— ¿Me estás diciendo que el Príncipe no sabe lo que pasa en su propio palacio? No es tan sonso.
Eliana había insistido con terquedad preguntando cada detalle, Layla respondió con toda naturalidad:
— Es que el inspector del Emperador tapó todo lo que hizo el Príncipe. Su Majestad ama tanto a su hijo que borró sin dejar rastro todas las chambas mal hechas de Carter. Es más, como lo quiere tanto, se hizo el loco pensando que eran ‘gustos privados’ de su hijo.
Layla se burló diciendo que, aunque padre e hijo se llevaban bien, parece que no se contaban las cosas más íntimas. Además, aseguró que estaba segura de eso porque eran cosas que los inspectores comentaban mientras la torturaban.
Flint también estuvo presente cuando Layla confesó. Él recordó en ese momento unas manchas de sangre que vio una vez en el dormitorio del Príncipe.
Parecían salpicaduras de sangre en una maceta junto a la ventana. En ese entonces le pareció muy extraño, pero lo olvidó rápido. Resulta que se escondía un secreto tan terrible y enorme detrás de eso.
Un enemigo interno estaba ayudando a Layla para destruir a Hereise. Flint sintió una rabia pura y soltó un suspiro. Después de todo, Carter era un sirviente que había aprendido todo de Dylan y había servido a Hereise por años.
Al mismo tiempo, le parecía una decepción que su antiguo amigo fuera tan descuidado de no detectar a un espía y tener a un tipo así como su mano derecha. Significaba que la Emperatriz Beatriz se había tomado años para plantar a sus espías con astucia, pero igual, le parecía el colmo.
Flint dijo con tono amenazante:
—Hay que matarlo de una vez. Me da asco tener a un traidor así en nuestra casa.
Por eso, aunque ya había ordenado que lo metieran al sótano, seguía de mal humor. Eliana negó con la cabeza.
—¿Para qué nos vamos a ensuciar las manos nosotros? Mejor hay que sacarle toda la información antes de que el Príncipe venga a deshacerse del espía de la Emperatriz. Me parece que Carter ni siquiera se ha dado cuenta de cómo está la situación ahorita.
Había servido a su señor por tanto tiempo y aun así no lo conocía. Eliana chasqueó la lengua. Y, por otra parte, cambió un poco su opinión sobre Hereise.
Él debió estar aguantándose y haciéndose el ciego con Carter mientras planeaba cómo vengarse de su madrastra. Tal como Eliana lo estaba haciendo con Layla.
Parecía que algo había colmado su paciencia y apretado el gatillo. ¿Qué habrá sido? Eliana tenía el presentimiento de que estaba relacionado con la prisa con la que él se fue del Norte.
Tras pensarlo un poco, Eliana dijo decidida:
—Primero vamos a exprimir a Carter para ver qué desgracia le pasó a Hereise. Y de paso, a ver qué ha estado tramando la Emperatriz Beatriz.
Era un dolor de cabeza, pero qué se iba a hacer. El Conde Russell se había aliado con la Emperatriz para convertir a su sobrino Flint en emperador y completar su venganza. Quizás la Emperatriz Beatriz estaba intentando usar a Flint. Y para que no los usen, tenían que saber qué tramaba ella.
Eliana le dio una orden a Jane:
—Jane, ve a apurar un poco a Sir Alex.
—Sí, Excelencia.
Jane respondió, pero se estremeció mirando hacia el sótano. Alex no usaba herramientas de tortura, pero era un trome moliendo a golpes a la gente para que soltaran la verdad. A estas alturas, Carter ya debía estar recibiendo su buena tanda.
Jane estaba tomando aire para ir, cuando Oliver se adelantó y dijo:
—Excelencia, yo iré con la señorita Jane.
Ante eso, Jane reaccionó como si le hubieran dado un golpe.
—¡No! Ni se le ocurra seguirme. Puedo ir solita.
—La otra vez que fue al sótano se desmayó, ¿no se acuerda?
El tono de Oliver sonaba a preocupación, pero Jane lo malinterpretó. Pensando que la estaba tratando como a una debilucha, gritó con la cara roja:
—¡Hoy no me voy a desmayar! ¡No me siga!
Jane dio media vuelta bruscamente y se fue al sótano. Oliver la siguió incluso antes de que Eliana le diera permiso. Eliana, viendo a los dos, dijo con los ojos entrecerrados:
—Hmm. A Oliver todavía le falta un montón de camino por recorrer.
—A mí me parece que ya no tiene esperanza.
Eliana se rió un poquito por lo bajo. En eso, la empleada Ena se acercó apurada hacia ella para decirle algo.
—Excelencia, el sacerdote Ariel desea verla con urgencia. Por ahora lo he hecho pasar a la sala privada.
—Está bien, iré enseguida.
—Parecía estar un poco molesto…
—¿Ah, sí?
Eliana respondió sin darle mucha importancia mientras le entregaba a Theodore, que estaba profundamente dormido, a Flint. Al poder cargar a su hijo, el rostro del hombre se iluminó al instante.
—Llevaré a Theo a su habitación y luego iré a la sala.
Eliana asintió y besó la frente de su hijo dormido. Theodore ni se inmutó; seguía en el mundo de los sueños incluso en los brazos de su papá. Mientras el Gran Duque se dirigía al cuarto del bebé, la niñera y el mayordomo lo siguieron.
Incluso después de acostar a su hijo en la cuna, Flint no borraba la sonrisa de su cara. A pesar de que hace poco el niño había llorado a todo pulmón rechazándolo, el hombre se sentía pleno.
—Definitivamente, lo terco lo sacó de mí.
Para él, su pequeño hijo era simplemente adorable y digno de amor. A su lado, el mayordomo Gilbert comentó:
—El joven amo se parece mucho a usted cuando era niño, señor Flint.
Gilbert era el único sobreviviente de los que criaron a Flint en Ringsgen y que había regresado al país. Por eso, recordaba vagamente cómo era Flint de bebé.
—¿Tú crees? ¿Mi hijo se parece a mí?
Flint sonrió de oreja a oreja al oír eso. Gilbert también sonrió ampliamente y expresó su deseo:
—Ojalá que lo próximo sea una niña que se parezca a Su Excelencia.
Pero Flint se puso serio de inmediato.
—No habrá más hijos para mí.
—¿Eh? ¿Por qué…?
—Theodore es el único hijo de Lia y mío.
Flint lo había decidido mientras esperaba sin aliento fuera de la habitación durante el parto de Eliana. Se juró que no pasaría por eso otra vez.
—Ella sufrió demasiado para traer a Theo al mundo, ¿y quieres que la haga pasar por ese dolor otra vez? Ni se te ocurra mencionarle a Lia nada de un segundo hijo. Con un varón es suficiente.
Era un plan familiar decidido sin consultar a Eliana. Flint le habló con ternura a su pequeño hijo:
—Así que solo crece sano, Theo.
Flint estiró la mano y acarició suavemente el cabello de su hijo. Esas hebras delgadas le hacían cosquillas en la palma. Se sentía realmente lleno y feliz. Aguantándose las ganas de cargar a su hijo otra vez, salió de la habitación.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Cuando Flint entró a la sala privada, Eliana estaba lidiando con los reclamos de Ariel. El joven sacerdote estaba hecho una fiera por culpa de Layla.
—¿De verdad le va a entregar a la pecadora al Príncipe Heredero? ¿Y qué hay de nuestra Santa? ¡Usted dijo que entregaría la custodia de la criminal al Vaticano!
Eliana acababa de mandar a Jane a que, en cuanto el caballero lograra sacarle a Carter el paradero del Príncipe, fuera tras él. Su orden era traer al Príncipe al Norte mañana mismo.
Jane recordaba que el Príncipe se había ido pálido y a toda prisa. ‘¿De verdad Su Alteza vendrá al Norte de inmediato?’, dudaba ella, pero Eliana estaba segura.
—Si le digo que le daré el paradero de Layla Rosana, vendrá volando. Está desesperado buscando al nieto imperial. Tráelo a la residencia ducal. Flint ya dio su permiso.
Al enterarse de que no solo revelaría el paradero de Layla, sino que invitaría al Príncipe a la mansión, Ariel casi sufre un ataque. ¡Iba a perder a la prisionera del Vaticano ante la familia imperial de Bianteca!
—¡¿Cómo que va a llamar al Príncipe a la mansión?! ¡Esa criminal está aquí! ¿Piensa entregársela a la familia imperial? ¡Esto no es lo que acordamos!
Ariel ya estaba zapateando en el piso. Parecía un chiquillo haciendo berrinche. Flint lo miró como si estuviera viendo algo patético y se sentó al lado de Eliana.
Eliana, apoyada en el sofá, bostezó sin importarle si Ariel gateaba por el suelo o no. Ante esa reacción tan indiferente, Ariel echó humo por la nariz. Pero el muchacho, aparte de tirarse al suelo a reclamar, no tenía un mejor plan.
Ena, que acababa de entrar, se quedó pasmada al ver al sacerdote perdiendo los papeles así, pero dejó el plato con magdalenas sobre la mesa. Eliana estiró la mano relajadamente hacia los dulces. Entonces Flint tomó una y se la puso en la boca.
—Definitivamente, Gelato tiene buena mano. Tú también prueba uno.
Eliana elogió al pastelero de la mansión y le alcanzó a Flint la magdalena que ya había mordido. Flint abrió la boca y recibió el dulce.
—Lia, ¿ya estás bien del sentido del gusto?
—Sí, parece que ha vuelto por completo.
—Qué alivio.
—La medicina de Morgan es realmente excelente.
Los esposos reían mientras disfrutaban de su merienda. Ariel, tirado en el suelo, los miraba con una cara de ‘no puedo creerlo’. De pronto, el muchacho gritó:
—¡Excelencia, de verdad me ha decepcionado!
—Qué pena. Y eso que me estaba empezando a caer bien, joven sacerdote.}}
respondió Eliana sin una pizca de sentimiento mientras masticaba.
Ariel tembló de rabia y jugó su última carta:
—¡Me llevaré a la pecadora al Vaticano ahora mismo! ¡Antes de que se la quede la familia imperial, prefiero…!
—Hágalo. Llévese a Layla de una vez y lárguese.
Pero esa amenaza recibió una respuesta inesperada, dejando a Ariel descolocado.
—¿Eh? Pero si usted dijo que ella le servía para algo…
—Ya no.
El tono de Eliana no mostraba ni un gramo de arrepentimiento. Ariel empezó a ponerse ansioso. ‘No puede ser. Todavía no puedo llevármela al Vaticano…’.
Eliana miró al muchacho y lanzó una pregunta afilada:
—¿Hay alguna razón por la que Layla no deba pasar a manos de la familia imperial de Bianteca? Al final, sea que se la lleve el Vaticano o que caiga en manos del Príncipe, igual va a morir.
Eliana estaba decidida a acabar con Layla. ‘¿Cómo se atrevió a tocar a mi hijo?’. Tenía ganas de estrangularla ahí mismo.
Y aunque Layla era el problema principal, Eliana también tenía algo contra Ariel. Le dijo con voz fría:
—Me pareció un poco raro desde que el sacerdote empezó a comer y dormir de la nada al lado de Theo.
—¡¿Qué… qué tiene de raro?! Yo, como un hermano mayor, estaba preocupado por Theo…
—¡¿Entonces por qué no me dijo nada sobre el móvil de la cuna?!
Ante la feroz pregunta de Eliana, Ariel se quedó con la boca abierta por la sorpresa. De solo hablarlo, a Eliana se le subió la mostaza y lanzó la magdalena que Flint le había puesto en la mano.
Por cosas de la vida, la magdalena salió volando y fue a parar directito a la boca de Ariel. Como no era su intención darle de comer, Eliana arrugó la cara de fastidio.
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com