La Emperatriz que regresó en el tiempo - Capítulo 306
Hereise, a diferencia de Eliana que estaba toda tensa, recuperó la compostura rápido. Quizás por la advertencia de Flint, ya no volvió a presionar con el tema de la sangre de los Rosana.
Hereise dijo en tono conciliador:
—La familia del Duque Rosana ya no volverá a tener el poder de antes, ¿no es eso suficiente?
—…….
Hereise quería cerrar la negociación dejando satisfecha a Eliana lo más posible. Solo así podría sacarle el paradero de Laila y contar con su ayuda para lo que venía.
—Si hago lo que pides y los Rosana desaparecen por completo, si Damian deja de ser noble…… ¿quién me va a apoyar a mí? A diferencia de ti, yo tengo que ver las cosas a largo plazo.
Si la casa del Duque Rosana fuera aniquilada de la noche a la mañana, la política se volvería un caos. Además, era obvio que el equilibrio de poder se rompería y la familia Sanders, al quedar como la única casa ducal, ganaría un poder excesivo. Eso era algo que no podía permitir.
Hereise no quería gastar todas sus energías apenas asumiera el trono tratando de arreglar el desmadre político y frenar a los Sanders.
El emperador Leopoldo quería que Hereise se ganara a Dmitri Rosana para usar a su familia a su favor. Eso sería lo ideal para que el joven nuevo emperador tomara las riendas de la política.
Sin embargo, Hereise ya había descartado a Dmitri Rosana y había tomado cartas en el asunto. Para Hereise, Damian era el reemplazo del Duque.
Como resultado, Dmitri Rosana estaba cayendo en picada y los nobles ya se estaban agrupando alrededor de Damian. El ojo de Hereise no se había equivocado: Damian Rosana ya tenía el control de la familia y estaba absorbiendo todas las fuerzas de su padre.
—Necesito un aliado de verdad.
Al decir esto, Hereise miró de reojo a Flint. Pero Flint simplemente le volteó la cara y Eliana soltó una risita burlona.
—En lugar de los Rosana, tiene a los Sanders. No se rompa la cabeza pensando que será un problema si se vuelven la única casa ducal; mejor vea cómo los tiene cortitos.
Al decir eso, Eliana recordó al Flint de su vida pasada.
En su otra vida, el emperador Flint no solo aniquiló a los Rosana, sino que aplastó de un solo golpe a toda la facción noble, incluyendo a los Sanders. Como subió al trono manchado de sangre para vengar el asesinato de Hereise, el emperador Flint era el terror de los nobles.
De hecho, al inicio de su reinado hizo purgas por todos lados y la guillotina no paraba de chorrear sangre.
Pero el Hereise actual estaba en una situación muy distinta al Flint de antes. Él no podía someter a los nobles de esa manera; tenía que ganárselos puramente con astucia política.
—¿Que tenga cortitos a los Sanders? ¡Ja! ¿Me estás pidiendo que me alíe con el tutor de Emperatriz Beatriz?
—A los Sanders que me refiero es a Cliff Sanders, el hijo mayor del duque. Tengo entendido que usted es bastante cercano al joven Sanders.
—Con los Sanders no se puede.
Él podía tener bajo su zapato a los Sanders usando sus debilidades, pero había una razón muy poderosa por la que no podía tener una alianza real con ellos. Por eso se empecinaba con Damian Rosana.
Eliana, con cara de desesperación, preguntó:
—¿Pero qué tanto le confía a Damian? ¿Usted cree que ese tipo va a ser un aliado leal? ¡Si es capaz de traicionar a su propio padre y cometer semejante bajeza, qué le hace pensar que no le va a jugar sucio a usted!
—Damian tiene muchas razones para querer hundir a su padre. Y una de esas razones eres tú.
Eliana no pudo aguantar más. Golpeó la mesa con la palma de la mano: ¡Pum!. Al rozar su dedo, la taza se volcó y el té se desparramó por todos lados.
—¡Ese infeliz manipulador le ha llenado la cabeza de cuentos usándome como excusa! ¡¿De verdad se creyó semejante estupidez?!
Eliana respiraba con dificultad
—¡¿Acaso ese tipo le dijo que me tiene cariño de hermano?! ¡¿Y por eso piensa mantener vivo el apellido de los Rosana?!
—Haré que los Rosana dejen de ser una casa ducal. Y me encargaré personalmente de que Dmitri Rosana muera. Incluso si sale vivo de los castigos del Vaticano, me aseguraré bajo la mesa de que nunca vuelva a pisar tierras de Bianteca…….
—Incluya a Damian en eso.
Eliana no podía soportar ver a Damian viviendo a cuerpo de rey como su padre. Si no podía matarlo, al menos tenía que verlo revolcándose en el fango y viviendo miserablemente. Tal como ella vivió en su vida pasada.
—Lia, a veces hay que saber transar.
dijo Hereise soltando un suspiro. Ya hasta estaba usando su nombre de cariño.
—¡Damian no es de fiar!
La voz de Eliana subió de tono. Sabía que no debía perder los papeles en una mesa de negociación, pero desde que mencionaron a Damian, le era imposible calmarse.
—Al final, Damian es de tu misma sangre. No hay nada más confiable que los lazos familiares……. La verdad, no entiendo por qué le tienes tanto odio. Me parece que este es un buen momento para que hagan las paces.
Ante el comentario de Hereise, a Eliana le empezaron a temblar los labios de la rabia.
—De niños se llevaban bien. Yo, bueno, tuve mis razones…… pero ¿cómo terminaron así? Si antes decían que eran el uno para el otro…….
La mirada de Eliana se volvió afilada. ¿Acaso me lo pregunta en serio? Si el emperador Leopoldo sabe cómo fue mi vida en esa casa, este tipo también debe saberlo. Eliana dijo con el rostro encendido:
—¿Acaso no sabe usted muy bien cómo fue que crecí?
Para romper la terquedad de Hereise, Eliana tuvo que hacer el esfuerzo de mencionar, por fin, lo que vivió antes de casarse.
—El día que se dice que Flint me secuestró, mi padre casi me mata a golpes. Y…….
Eliana se detuvo de golpe. Ahora que lo pensaba, ese día, además de Isabella, hubo alguien más que intentó detener a su padre. Fue Damian.
—¡Padre! ¡Ya basta!
¿Por qué ese recuerdo le venía a la mente justo ahora? Eliana luchó por borrarlo, esforzándose conscientemente por no pensar en eso. Aquel día en que decidió morir y se mordió la lengua seguía siendo un recuerdo espantoso.
Ese día, Damian aguantó firme mientras la abrazaba, mientras ella moría bajo los azotes, impotente. Incluso mientras lo arrastraban a rastras, él le seguía gritando a su padre que se detuviera…….
—¡Porque Damian siempre dejaba el ungüento de Elasum en tu cuarto! ¿Por qué crees que lo hacía?
De pronto, las palabras de Liliana también le cruzaron la mente. Ella le había dicho que ese ungüento tan caro, que Eliana siempre pensó que se lo daba su padre, en realidad se lo daba Damian.
—¡Obvio que era porque estaba preocupado por ti! ¡Él de verdad te quería como a una hermana gemela! Quería protegerte, pero simplemente no podía irse en contra de su padre.
Eliana no quería saberlo, pero incluso Isabella le había confirmado esa terrible verdad.
—Hermana, es verdad que el ungüento de Elasum te lo daba el hermano Damian. A mí también me lo ponía……. Porque a mí mi padre también me daba con el látigo.
Sobre esas capas de recuerdos, se asentó una comprensión realmente aterradora. De pronto, Eliana se tapó la boca. Reprimió con todas sus fuerzas ese pensamiento que le acababa de venir.
No podía flaquear, de ninguna manera. Estaba convencida de que Damian no sentía ningún afecto por ella. Si ese día detuvo a su padre, debe haber sido por un capricho del momento o por pura lástima. Sentía náuseas de sí misma por estar a punto de dudar otra vez.
Al ver que Eliana se ponía muy mal, Flint le lanzó un grito furioso a Hereise:
—¡Ya no tengo nada más que hablar contigo! ¡¿Sabiendo cómo vivió Lia en esa maldita casa, te atreves a venirme con cuentos de lazos de sangre?!
Hereise se encogió. Con una cara de total desconcierto, balbuceó:
—Flint, yo…….
—¡Cállate!
Flint sentía asco de Hereise. ¿De verdad este era el comportamiento de alguien que supuestamente estaba arrepentido y buscaba perdón? Le resultaba indignante verlo tratando de quedar bien con él y, al mismo tiempo, discutiendo con ella sin ceder ni un milímetro.
Si Hereise se hubiera mostrado sumiso e intentado aceptar todas las condiciones de Eliana, tal vez Flint lo habría perdonado un poco. Probablemente habría intervenido para mediar.
Pero Hereise intentó salirse con la suya dándole donde más le dolía. Le recordaba tanto al astuto emperador Leopoldo que le daba náuseas.
Flint miró de reojo a su hijo, que abría sus ojitos somnolientos en sus brazos, y le dio una orden a Jane, que estaba cerca: ‘Trae a la niñera y prepárense para irnos’. Su voz era fuerte y cortante. Jane respondió rápido y se puso en marcha.
—¡Ugh!
De pronto, Eliana sintió unas ganas incontenibles de vomitar. Esa crisis nerviosa que no sentía hace tiempo la estaba llevando al límite.
Eliana se levantó de golpe, abrió la puerta trasera y salió corriendo. A través de la puerta entreabierta se escuchaban los sonidos de sus arcadas. Ariel y Max, asustados, corrieron hacia ella.
—Su Alteza, ¿está bien?
—Señora…….
Ariel y Max le daban palmaditas en la espalda por turnos. Eliana, con los ojos rojos, devolvió todo lo que había comido entre náuseas.
Flint apretó los dientes mientras cargaba a su hijo. Theodore, al ver que su mamá se iba volando, empezó a lloriquear y rompió en llanto.
Justo en ese momento entró la niñera que Jane había llamado. Flint le entregó al bebé con cuidado y salió por la puerta trasera para acercarse a Eliana.
—Lia, vámonos. No tienes por qué seguir cruzando palabra con Hereise.
—No… estoy bi…….
—¡Qué vas a estar bien! ¡Mira lo pálida que estás!
Eliana aceptó la taza de té que Max le ofreció. Le temblaban las manos. Se enjuagó la boca con el té que olía fuerte a hierbas y dijo sin fuerzas:
—No es nada. Es que soy una débil…….
—Tú no eres débil. Es Hereise quien se la ha pasado haciéndote recordar cosas horribles.
Eliana se limpió las lágrimas, sollozando:
—Me odio por estar a punto de caer otra vez en los juegos de Damian. No entiendo por qué soy tan floja.
Flint la abrazó y le dio palmaditas para consolarla. No le dijo que, tal vez, lo de Damian no era un juego.
Flint sospechaba de la sinceridad de Damian —quien lo había puesto a prueba dándole pistas sobre el origen de Eliana—, pero pensó que si ella sufría tanto, era mejor que nunca se enterara.
Eliana, aguantando el llanto, dijo:
—En el fondo lo sé. Sé que me estoy encaprichando…….
Hereise estaba aliado firmemente con Damian y mostraba mucha confianza en él. Eso significaba que Damian había cooperado lo suficiente. Además, era obvio que había algo fuerte entre ellos dos.
—Tengo que ceder en algo…….
Era innegable que Damian había tenido mucho que ver en la caída de su padre. Por eso, lo más lógico era que ella también cediera en algo. Sin embargo, ese odio hacia su hermano, que venía arrastrando desde su vida pasada, se le había pegado al alma y le nublaba el juicio y la razón.
Haber salido corriendo de la negociación… si el oponente no hubiera sido Hereise, habría sido un error garrafal. Eliana empezó a sentirse avergonzada de sí misma. Detestaba su cuerpo tan frágil, casi tanto como su voluntad debilitada.
—Es muy difícil…….
Eliana se desahogó con sinceridad, refugiada en el pecho de su esposo. Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Flint se las limpió con delicadeza y le susurró:
—Si no quieres, no tienes por qué transar. Hay una forma mucho más radical de solucionar esto.
—¿Qué forma……?
Flint la soltó un momento y habló con voz profunda:
—No tienes que pedírselo a Hereise. En el futuro, me lo puedes pedir a mí.
Hereise, el Príncipe Heredero que pronto ceñirá la corona, no quiere destruir a los Rosana. Pero Eliana lo desea con toda su alma.
Entonces, ¿no sería más fácil dejar vacante el puesto del Príncipe y hacer que la corona caiga en sus manos? Así, él tendría el poder absoluto para cumplirle su deseo.
El corazón de Flint latía con fuerza. Tragándose la incomodidad, soltó finalmente:
—Por mis venas también corre sangre imperial, igual que por las de Hereise.
Con la decisión tomada, la mano de Flint apretó con fuerza la empuñadura de su espada. En sus ojos gris plata cruzó un destello de instinto asesino. Solo entonces Eliana captó lo que quería decir y se quedó con la boca abierta.
—Flint, ¿te has vuelto loco?
¿Acaso planeaba asesinar al Príncipe Heredero aquí mismo? Eliana no podía creerlo. ‘Para eso, mejor me uno al plan del Conde Russell y tomo el trono de una vez. ¿A este hombre qué le pasa?’, pensó. El impacto la hizo reaccionar y las lágrimas se le cortaron de golpe.
—Eso es demasiado arriesgado…… y además, tú no serías capaz.
Ante esas palabras, los ojos de Flint brillaron de una forma extraña. Eliana intentó tomarle la mano, pero él habló primero.
—¿Por qué crees que no sería capaz?
La escolta de Hereise todavía era pequeña. Confiaba tanto en Flint que siempre viajaba al Norte con muy poca gente. Incluso después de que su amistad se quebrara, Hereise seguía confiando en la integridad de Flint.
Y Flint sentía unas ganas locas de hacer pedazos esa confianza.
Así como Eliana sentía el impulso de destruir a Damian, Flint sentía el deseo ardiente de destruir a Hereise. Por eso no quería estar presente en la mesa de negociación.
Había aguantado y aguantado, pero su paciencia de hierro se había derretido. Ver a su esposa desmoronarse por el dolor lo había vuelto extremadamente radical.
—Hereise, de puro tonto, sigue confiando plenamente en mí. Ahora en el Norte no hay ojos ni oídos que respondan al palacio. Hoy mismo podrías ver de lo que es capaz tu esposo.
Flint estaba seguro de que podía borrar todo rastro. Para él, Hereise solo pagaría el precio de su propia estupidez; sentía que matándolo cortaría todo este sufrimiento de raíz.
—Lia, si es contigo, yo puedo aguantar lo que sea que venga después.
Al ver a su esposo tan solemne y decidido, Eliana soltó una risita incrédula. Ahora entendía por qué los grandes nobles criticaban a Flint diciendo que estaba cegado por una mujer.
Pero que el hombre que amaba estuviera así de loco por ella no era algo que le molestara. Al contrario, sintió que el corazón se le hinchaba, pero sabía que ella no podía perder la cabeza junto con él.
Flint había sufrido mucho por la decepción y la rabia de ser traicionado por su mejor amigo, y seguía sufriendo. Pero una decisión tomada por un arrebato solo traería arrepentimiento.
—Flint, creo que los dos necesitamos enfriar la cabeza.
Eliana ya estaba más calmada.
—Además, si te manchas las manos con la sangre de tu amigo, vivirás arrepentido el resto de tu vida.
—No lo considero mi amigo, así que no me arrepentiré.
Eliana negó con la cabeza. En su vida pasada, Hereise fue asesinado por Pavel mientras Flint había ido a Jacador a buscarla. Después de eso, Flint vivió cargando la culpa de que su amigo murió justo en el momento en que él no estaba.
Es más, vivió una vida solitaria sin casarse nunca. En esta vida, él no estaría solo porque ella estaba a su lado, pero no podía permitir que viviera sumergido en el remordimiento.
—¿Me estás diciendo que me ponga esa pesada corona de emperatriz otra vez solo para destruir a los Rosana? Sé sincero, tú tampoco quieres ese trono.
—…….
—No te obligues a hacer algo que detestas solo porque me amas.
Flint iba a decir algo, pero Eliana lo jaló del cuello y le dio un beso suave. Flint no dejó que el beso fuera corto. Envolvió la nuca de ella con ambas manos y sus labios se volvieron a sellar. Sus dedos, callosos por la espada, acariciaron lentamente el lóbulo de su oreja.
Los dos muchachos que habían salido tras Eliana, al ver que el beso se ponía ‘subidito de tono’, se escaparon discretamente. Ariel y Max empujaron de vuelta hacia adentro a Hereise, que justo asomaba la cabeza por la puerta trasera.
Por supuesto, el Príncipe Heredero ya había llegado a ver la escena romántica de los Grandes Duques. Como no era tonto, se dejó meter de nuevo al local sin chistar.
Después de un buen rato, cuando se separaron, ella preguntó con la voz algo agitada:
—Quiero saber tu opinión. En el tema de Damian…… tú eres mucho más objetivo que yo.
Flint se quedó callado un largo rato. Ante la insistencia de Eliana, que lo remecía suavemente, él finalmente habló:
—Lia, mi opinión no sirve de nada. Lo único que no quiero es que te duela el corazón.
Eliana soltó una carcajada ante esa respuesta. Era una risa que sonaba algo triste, pero duró poco, porque Flint bajó la cabeza y volvió a besarla. Eliana no lo apartó; simplemente cerró los ojos y se dejó llevar.
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