La Emperatriz que regresó en el tiempo - Capítulo 305
—¡No! ¡Digo que no! ¡Eso es un malentendido!
Por más que Duque Rosana jurara su inocencia y alegara que la estatua era simplemente un regalo, sus palabras no tenían el menor peso. Los ojos del Gran Sacerdote Piaton brillaron con la convicción de tener una prueba irrefutable en sus manos. Con voz vibrante, dio instrucciones a los sacerdotes:
—¡Esta es una pieza de evidencia crucial! ¡Incauten la estatua de inmediato y escolten a Duque Rosana a la Orden ahora mismo! ¡Partiremos de la capital de inmediato!
Damian se alejó sutilmente de la habitación del jefe de familia. No quería quedar mal ante la Orden en lo más mínimo. Al cruzar mirada con el Gran Sacerdote, asintió levemente y luego se acercó al Duque para susurrarle:
—Padre, haga lo que le digo y vaya a la Orden. Si sigue así, no podré dar la cara ante la sociedad noble.
—¡Damian!
Duque Rosana estaba siendo atado firmemente con cuerdas mientras los sacerdotes lo sujetaban de ambos brazos. Damian añadió en voz baja:
—Iré a la Orden en cuanto encuentre aquello que mencionó, padre. Confíe en su hijo.
Los sacerdotes sacaron la estatua con esfuerzo. Acto seguido, Damian fue directo a cerrar la habitación del jefe de familia. Esa imagen de ‘hijo confiable’ hizo que el Duque asintiera con esperanza.
—¡Sí! ¡Asegúrate de encontrar la inmunidad sagrada! ¡Está en esa habitación, sin duda!
—Sí, si está ahí, la encontraré cueste lo que cueste.
‘Si es que está’, pensó Damian. Pero todos sabemos que ya no está ahí. El Duque, sin sospechar las verdaderas intenciones de su hijo, le rugió al Gran Sacerdote:
—¡En cuanto regrese a Biantecca, usted será el primero al que destituya, Gran Sacerdote Piaton! ¡Téngalo por seguro! ¡Yo poseo inmunidad sagrada!
Piaton enarcó una ceja y ordenó:
—¿Qué esperan? ¡Sáquenlo de aquí ahora mismo! ¡Llévenlo directo a la Orden!
En cuanto se llevaron al Duque, el Gran Sacerdote le preguntó a Damian con urgencia:
—¿Inmunidad sagrada? ¡¿Acaso el Ducado de Rosana posee semejante cosa?!
Damian se encogió de hombros con naturalidad.
—¿Cómo podría existir algo así? Mi padre solo está fanfarroneando. Espera que usted se asuste con el nombre de la inmunidad y lo deje libre.
—¡Qué hombre tan malvado y astuto! ¡¿Acaso cree que lo soltaré?!
Tras maldecir un poco, el Gran Sacerdote empezó a interrogar a Damian:
—¿Y cómo es que la Makarisera de las Almas en Pena terminó en el Ducado de Rosana? ¿Acaso su familia ha tenido vínculos con apóstatas por generaciones?
—¿Cómo cree que sería posible algo así?
—Joven Duque, ¡si intenta engañar a este viejo, recibirá el castigo divino!
—Gran Sacerdote, yo también soy un fiel que, al igual que mi hermana, no pudo seguir tolerando las maldades de mi padre y acudió a confesarse.
En cuanto Damian se enteró de que Eliana había denunciado a su padre, buscó de inmediato al Gran Sacerdote Piaton. Bajo el pretexto de una confesión, derramó lágrimas diciendo que su padre estaba involucrado en el tráfico de personas en las sombras y que lo estaba presionando para heredar el ‘negocio’, lo cual le causaba una gran agonía mental.
El Gran Sacerdote, impresionado por la confesión de conciencia del joven noble, se enfureció contra el Duque. Incluso ahora, Damian mantenía una expresión llena de tristeza.
—Jamás imaginé que esa estatua que mi padre me mostraba con tanto orgullo fuera un objeto perdido de la Orden. Él decía que era una Makarisera auténtica, regalo de un ‘amigo cercano’. Yo simplemente pensé que a mi padre lo habían estafado con una falsificación…
‘Amigo cercano’. Esa frase se grabó a fuego en la mente del Gran Sacerdote. ¿Acaso esos malditos apóstatas eran amigos íntimos del Duque? Era algo que no podía dejar pasar. Resoplando de indignación, Piaton le dio una palmadita en el hombro al joven.
—No te preocupes. Un creyente tan sincero y bondadoso como tú no tiene culpa alguna. Claro que no.
—No diga eso. Para evitar que usted tenga problemas más adelante, le ruego que registre la habitación secreta de mi padre. En realidad, este lugar solo se hereda entre los jefes de familia; yo mismo es la primera vez que entro hoy.
Piaton lo miró extrañado.
—¿Eres el heredero del Ducado y es la primera vez que entras?
—Mi padre guarda muchos secretos, incluso para mí. Por eso tengo tantas dificultades para tomar el control de la familia.
Damian puso una cara de profunda aflicción. Si Eliana lo hubiera visto, habría gritado:
‘¡Pero si ya controlas todo, pedazo de sinvergüenza!’, de lo perfecta que era su actuación.
—Me da miedo que pueda haber más objetos impuros ahí dentro. Ahora mismo estoy aterrado.
Pero el Gran Sacerdote cayó redondito en la trampa. A sus ojos, Damian era un joven lamentable que vivía la tragedia de tener que denunciar a su propio padre.
—Ahora que lo mencionas, tienes razón. No podemos permitir que ni tú ni yo terminemos en una situación injusta o complicada.
Acariciando su barba blanca, el Gran Sacerdote ordenó a los suyos registrar la habitación del jefe de familia. Damian ayudó activamente abriendo la pared de nuevo. Ante tal actitud cooperativa, Piaton soltó una carcajada y luego chasqueó la lengua.
—Tanto la Gran Duquesa como el Joven Duque han sufrido mucho por tener un padre así…
Finalmente, Duque Rosana abandonó la capital de forma humillante, metido en un carruaje para criminales. Aunque hubo una pequeña resistencia de su parte gritando que él no podía viajar en ‘semejante trasto’, terminó siendo escoltado directo hacia la Orden.
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Theodore, que estaba de mal humor, empezó a hacer un berrinche apenas recuperó a su mamá. Eliana, que estaba en medio de una acalorada discusión con Hereise, se dedicó a calmar a su hijo una y otra vez.
—Theo, ¿extrañaste a mamá?
—Ueng…….
—Mamá lo siente mucho. Mi pequeño Theo…….
Eliana se disculpó mientras le limpiaba la carita llena de lágrimas. Mientras tanto, Hereise intentaba cruzar mirada con Flint para entablar conversación.
Por supuesto, Flint no quitaba los ojos de su hijo, que estaba acurrucado en los brazos de Eliana. Su rostro, que antes lanzaba miradas gélidas hacia Hereise, ahora mostraba una sonrisa. Flint observaba a su hijo con una ternura inmensa.
Al poco tiempo, Theodore cerró los ojos y se quedó dormido profundamente en el regazo de su madre. Flint, mirando a su hijo con orgullo, levantó su taza y tomó un sorbo de té.
Por otro lado, Hereise se dio por vencido en su intento de mirar a Flint a los ojos y se quedó observando al pequeño heredero. Sus ojos azules recorrieron el cabello rosado y luego los ojos gris plata de Theodore. De pronto, Hereise soltó:
—El Joven Duque heredó los rasgos de ambos padres.
—Sí, sacó mi cabello y los ojos de su padre. ¿Verdad que es adorable?
Eliana sonrió radiante. Ella iba todos los días al cuarto de Theodore para pasar tiempo con él y siempre se sentía inmensamente feliz. Su hijo crecía día tras día y era tan tierno que apenas podía soportarlo.
—¿Todavía no han bautizado al pequeño Duque Howard?
preguntó Hereise como quien no quiere la cosa, a lo que Eliana respondió con total naturalidad:
—Aún es muy pronto para el bautizo.
—Entonces…….
Hereise estaba por decir que quería asistir como padrino cuando Theodore se bautizara. Pero Flint, adivinando sus intenciones, golpeó la taza contra la mesa. Por la falta de control en su fuerza, la taza terminó rompiéndose en su mano. Ante el ruido, Theodore, que recién se estaba durmiendo, abrió los ojos de par en par.
—¡Uaaaaaaaang!
Mientras Eliana arrullaba a su asustado hijo para calmarlo, Flint habló con frialdad. Su mirada sombría se clavó directamente en Hereise.
—La ceremonia de bautizo de Theodore será dirigida por la Santa.
—Pero necesitará un padrino o una madrina…….
—Príncipe Heredero, no se meta en mis asuntos familiares.
Lo último sonó casi como una amenaza. De un momento a otro, el ambiente se puso pesado. Para ser exactos, era Flint quien emanaba un aura aterradora. Eliana intervino sutilmente y le dijo a Hereise:
—Agradezco su interés, pero……
—Lia, no tienes por qué agradecerle nada.
Ante las palabras cortantes de Flint, Eliana le acarició la mano, como pidiéndole que se calme. Flint se tranquilizó con ese toque dulce. Entonces, Eliana sonrió y le dijo a Hereise:
—La Santa ya aceptó ser la madrina de Theodore.
Labrante recordaba la promesa que le había hecho a Eliana en su vida pasada. Por eso, se había despedido de Theodore diciendo: ‘Pórtate bien, ahijado. Nos vemos en el bautizo’.
—Inoficialmente, la Santa ya le dio su bendición al pequeño Duque. Ella estuvo presente en su nacimiento.
—Ya veo…….
‘Pero el puesto de padrino sigue vacío, ¿no?’, pensó Hereise. Sin embargo, sabía que si soltaba esas palabras, Flint voltearía la mesa. O peor, la tetera saldría volando directo a su cara. Sabiamente, decidió no buscarse problemas.
—Theo, a dormir, a dormir…….
El bebé se quedó dormido rápido escuchando la canción de cuna de su madre. Flint recibió de inmediato al niño dormido de manos de Eliana. Theodore se quedó mansito en los brazos de Flint sin despertarse.
Flint se sintió conmovido por un momento. Como normalmente Theodore rechazaba con fuerza los brazos de su papá, no había podido cargarlo mucho.
Mientras Flint se dejaba llevar por su amor paternal, Eliana retomó las negociaciones con Hereise.
—Príncipe Hereise, yo quiero la destrucción total de la familia de Duque Rosana. Solo así podré darle la respuesta que usted busca.
Eliana planeaba usar el paradero de Layla como arma para obtener lo que quería de Hereise. Ya no tenía ni la más mínima razón para ser clemente o protegerla. Aunque hasta ahora se había hecho de la vista gorda, su paciencia se había agotado por completo. Lo único que lamentaba era no poder matarla en ese mismo instante.
—Es una sinvergüenza… ocultar a una traidora a la patria y a un descendiente imperial.
A quienes Hereise llamaba traidora y descendiente eran, obviamente, Layla y el hijo que ella había tenido.
—Parece que la Gran Duquesa no tiene idea de lo grave que es el delito de ocultar a un miembro de la familia imperial. Te estoy tratando con paciencia solo por el cariño que te tuve de niños.
Eliana respondió abriendo grandes los ojos, como sorprendida:
—¿Ocultarlos? Yo solo sé dónde está Layla, jamás la he ocultado.
La Orden había calificado a Layla como una criminal que usó magia negra, y se acordó que la Gran Casa Howard se encargaría de ella hasta que dejara de ser útil para luego entregarla; así que, estrictamente hablando, no era un ocultamiento. Eliana soltó un comentario mordaz:
—Para empezar, el que no supo controlar a su mujer fue usted, Príncipe. ¿Acaso no fue usted mismo quien sembró la semilla?
‘Mujer’. Ante esa palabra para referirse a Layla, Hereise apretó los puños. Sin embargo, no pudo gritar que ella no era ‘ese tipo de mujer’, porque eso lo dejaría en una posición aún más ridícula.
Hereise no tenía idea de que Eliana estaba al tanto de toda la situación. Por eso, no le contó la verdad: que había sido manipulado por magia negra, que se había acostado con Layla sin ser consciente y que hasta habían tenido un hijo. Para él, eso era una mancha vergonzosa que prefería esconder.
Hereise se mordía los labios mientras jugueteaba con sus manos enguantadas. Al verlo, Eliana terminó de confirmar si lo que Layla decía era verdad o no. Pensó con una sonrisa cínica:
«Layla estaba totalmente alucinando. ¿Cómo que el Príncipe no recuerda nada? Si hasta lleva puestos guantes para ocultar los rastros de la magia negra».
Layla le había asegurado con mucha confianza que Hereise ni siquiera sabía que había sido manipulado.
― El Príncipe Heredero no recuerda para nada la noche que pasó conmigo. Además, el Emperador ocultó bajo siete llaves la existencia del hijo que tuve. Él no sabe nada de nada. A veces hasta parece medio tonto.
‘¿Tonto?’. Ni hablar. Hereise lo sabía todo y se estaba preparando. Además, parecía que llevaba buen tiempo buscándola. Pero, ¿cómo la iba a encontrar? Gracias a que Flint se había deshecho de todos los inspectores secretos que se infiltraron en la mansión de los Howard, no se filtró ni un gramo de información sobre Layla.
Sin embargo, Hereise parecía no saber que el niño que Layla dio a luz había muerto. Eliana tampoco se molestó en decírselo.
—Si ese descendiente imperial es tan valioso para usted, júreme que destruirá a la familia Rosana. Si no es bajo esa condición, no haré ningún trato con usted.
Eliana quería que los Rosana fueran borrados por completo del continente. Pero Hereise decía que no podía hacer eso, porque estaba aliado con Damian. Por eso, la discusión seguía estancada y no llegaba a nada.
—¿Es que acaso la Gran Duquesa no sabe lo que es negociar? Creo que esas palabras se las devuelvo tal cual, Príncipe
respondió ella con total calma.
—¡Ya te di mi palabra de que le quitaré la vida a tu padre! ¡Incluso lo mandé a la Orden tal como pediste!
—Ese es un asunto que usted ya traía resuelto antes de hablar conmigo. Además, acabar con mi padre debe haber sido una exigencia de Damian. ¿Cómo puede pretender que eso sea parte de nuestro trato? No intente estafarme.
Al oír la palabra ‘estafa’, Hereise soltó un bufido de indignación.
—Ya te lo dije claramente. He formado una alianza con el Joven Duque Rosana. Damian me mostró su lealtad y cooperó conmigo incluso clavándole un puñal por la espalda a su propio padre. ¡Tú no fuiste la única que denunció a Dmitri Rosana ante el Gran Sacerdote Piaton…!
—Damian simplemente abandonó a su padre para salvar el pellejo al ver cómo soplaba el viento. Ese tipo es un aprovechado…….
Eliana rechinó los dientes. Hereise hizo un gesto con la mano y dijo:
—Sea cual sea la razón, ¿me estás pidiendo que traicione a Damian? Me quieres hacer quedar como un gobernante ruin.
—¿Acaso le he pedido que lo mate? ¡Ese tipo también tiene que pagar por los pecados que cometieron los Rosana!
Eliana había decidido destruir a la familia, pero dejar a Damian con vida solo por Isabella. Aunque para ella fuera un enemigo, para Bella era un buen hermano mayor.
Para alguien que había odiado a Damian desde su vida pasada, esto era un gesto bastante generoso. Pero Hereise insistía en que ni siquiera eso era aceptable.
—¿Por qué tendría Damian que pagar por las maldades de los Rosana? ¿Solo porque es el hijo de Dmitri Rosana? ¿Por llevar su sangre?
Hereise no perdió la oportunidad y atacó a Eliana. Sin notar que la expresión de Flint se ponía cada vez más agresiva, continuó con sarcasmo:
—Si nos ponemos así, por tus venas también corre la sangre de los Rosana. ¿Me vas a decir ahora que tú, siendo la hija de los Rosana, no tienes nada que ver con ellos?
Por un momento, Eliana se quedó sin palabras. Entonces, la mano de Flint envolvió la de ella suavemente. Él se dirigió a Hereise con una voz baja y profunda:
—Hereise Bianteca, no te atrevas a vincular a mi esposa con esos asquerosos Rosana.
Su voz era sumamente imponente. Cada palabra cargaba una hostilidad absoluta.
—Ese cuento de la sangre, la sangre……. Al final, cuando uno muere, eso no significa nada. Qué manera tan baja de aferrarse a tonterías.
Su tono destilaba tanto desprecio como asco. Esta vez, fue Hereise quien se quedó mudo.
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