La Emperatriz que regresó en el tiempo - Capítulo 303
En cuanto se mencionó a la emperatriz, el rostro de Hereise se oscureció aún más. Se sintió abrumado al recordar a su padre, el emperador, quien vivía encerrado en su propio mundo permitiendo que solo ella estuviera a su lado. Pero no era un tema que pudiera ventilar así como así.
Hereise forzó una sonrisa y dijo:
—Mi madrastra está pasando por mucho cuidando de mi padre. No sabía que fuera una mujer tan abnegada. Me pidió encarecidamente que acabara con Dimitri Rosana de una vez por todas. Debo cumplir con ese favor.
—…… Ya veo.
El silencio volvió a caer sobre ellos. Hereise se hundió en el desánimo al pensar que la relación con su padre no tenía arreglo, mientras Eliana lo observaba, sumida en sus propias deducciones.
«El príncipe heredero no tiene intenciones de soltar a su aliado, el Ducado Rosana. Es evidente que ha formado una alianza con Demian y ha estrechado los lazos».
Había una frase en la carta de Demian que no se le iba de la cabeza: ‘¿Quién más en la familia, aparte de ti y de mí, se atrevería a apuntar con una espada a nuestro padre?’. Esas palabras seguían punzando sus nervios y generando sospechas.
La persona de Rosana a quien Hereise intentaba proteger no era su padre. Entonces, no podía ser nadie más que Demian. Pero Eliana se preguntaba: «¿Por qué Demian querría destruir a su padre? ¿Por cuál razón?».
En su vida anterior, Demian había sido el hijo fiel de su padre. ¿Qué lo había hecho cambiar? «¿Acaso vio que su padre se hundía y decidió agarrarse de la cuerda del príncipe? Hasta dónde llega su astucia… este tipo rastrero».
Por un momento, Eliana sintió un impulso ardiente. Quería poner a Demian en una situación difícil. ¿Y si sembraba la cizaña entre él y el príncipe para quebrar su alianza?
El método era sumamente sencillo. En realidad, la persona detrás de Layla no era Duque Rosana sino Emperatriz Beatriz, pero bastaba con ocultar esa verdad. Solo tenía que soltar la mentira de que Demian había conspirado con su padre para instigar a Layla y listo.
Hereise entraría en confusión y empezaría a dudar de Demian. Una vez que nace la desconfianza, la relación se desmorona sola. ¿Qué tan profundo podría ser el vínculo entre dos personas que apenas habían tenido contacto desde la infancia?
Justo cuando Eliana estaba en esa encrucijada, una cara vivaz y coqueta cruzó por su mente. Al recordar a Isabella, las palabras se le quedaron atoradas en la garganta.
Finalmente, Hereise se levantó, marcando el fin de la conversación.
—Por último, dejemos sin efecto el trato que propusiste, Gran Duquesa.
Él no pensaba usar la mano de Eliana para reconciliarse con Flint. Para ser más exactos, no podía hacerlo.
—Como dijiste, mi amistad con Flint empezó como un trato, pero no quiero depender de esos medios para reconciliarnos. Si lo hiciera, me sentiría como un hombre miserable.
Hereise habló en voz baja e hizo una seña a un sirviente que esperaba cerca. El sirviente salió para preparar el regreso a la capital.
Hereise sonrió con calidez y le dio sus felicitaciones.
—Me enteré de que tuviste un hijo. Te felicito de corazón por el parto. Siento mucho que hayas tenido que pasar por tantas dificultades por culpa de mi egoísmo. Pero, la razón por la que te envié al inspector fue…
—Lo hizo por cortesía, lo sé. Puede que Flint no lo crea, pero yo sé que usted intentó protegerme.
—Y sobre esa… medicina que te envié…
Hereise no pudo continuar y bajó la mirada. En ese entonces, pensó que si realmente había una semilla de adulterio en el vientre de Eliana, debía eliminarla. Pero el niño que nació era de la sangre de Flint. Eso era algo por lo que definitivamente debía pedir perdón.
Eliana negó con la cabeza y dijo:
—No tiene que disculparse. Cualquiera se habría dejado llevar por las circunstancias; fue una elección racional y lógica. Si realmente hubiera tenido la semilla de Marcel Jacador en mi vientre, yo misma habría aceptado con gusto su medicina para deshacerme de ese niño. Porque no habría sido una relación consentida.
—Aun así, lo siento.
Tras dejar esas palabras de disculpa, Hereise salió de la tetería con su séquito. Eliana se apoyó en su mano y observó por la ventana cómo se preparaban para partir.
Ariel se acercó a Eliana y le susurró con urgencia:
—Excelencia, tengo algo urgente que decirle.
Al escuchar lo que Ariel le contaba, el rostro de Eliana se volvió gélido. No pasó mucho tiempo antes de que golpeara la mesa y se levantara de un salto, respirando agitada y apretando los dientes.
Sus ojos verdes, que ardían con furia y sed de sangre, se dirigieron hacia la ventana. Al ver a Hereise a punto de subir a su caballo, Eliana dijo con voz lúgubre:
—Jane, trae de vuelta al príncipe Hereise. Parece que todavía tenemos cosas de qué hablar.
—Sí, Excelencia.
Jane salió rápidamente de la tetería. Por un momento, la expresión feroz desapareció del rostro de Eliana al notar a un hombre que venía cabalgando a lo lejos.
—¿Ah?
Era Flint, que había salido disparado por la preocupación de que la reunión entre Eliana y Hereise se estuviera alargando demasiado. Incluso venía seguido por un carruaje.
‘¿Un carruaje?
Pronto, Eliana supo quién estaba dentro. La puerta se abrió y bajó la nodriza cargando al pequeño heredero en sus brazos. Al ver a su hijo pequeño, Eliana se asustó y salió corriendo de la tetería.
—¡Flint! ¡¿Cómo se le ocurre traer al bebé con este frío?!
Gran Duque Howard, que estaba fulminando al príncipe heredero con una mirada aterradora, se estremeció ante el grito de su esposa. Mientras tanto, el bebé, envuelto en ropas de piel, no paraba de sonreír y estiraba sus manitos hacia su mamá. Pero Eliana estaba demasiado ocupada regañando a su marido.
—¡Teo hace nada que se recuperó! Un bebé es muy frágil. ¡¿Qué vas a hacer si se resfría?!
—Nuestro bebé no es débil como los demás beb…
—¡¡FLINT!!
La nodriza, que observaba la escena de la pareja de señores, le susurró a Theodore:
—Pequeño heredero, si llora en este momento, podría salvar a su papá de los regaños de mamá. ¿Qué le parece?
—¡Ah! ¡Uh!
Pero el pequeño Theodore era muy valiente y no lloró. En cambio, agitaba sus manos con energía, quejándose para que lo llevaran con su mamá. Mientras tanto, Flint seguía recibiendo un buen sermón por parte de Eliana.
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Una orden imperial solemne cayó sobre el Ducado de Rosana. El príncipe heredero Hereise, actuando en representación del Emperador, ordenó a Duque Rosana que respondiera al llamado de la Orden.
Duque Rosana apretó los dientes al ver que el príncipe finalmente lo enviaba a la Orden por la fuerza, e intentó solicitar una audiencia privada. Sin embargo, la respuesta que recibió fue un frío mensaje administrativo.
—Su Alteza el Príncipe Heredero se encuentra fuera por asuntos urgentes. Le sugerimos que comience a preparar sus maletas para ir a la Orden.
Duque Rosana regresaba a casa echando chispas. ¡¿Qué asuntos urgentes?! ¡Seguro que se fue al norte a verse con ese maldito Gran Duque Howard!
‘Hereise Bianteca… ¿te atreviste a ignorar mi advertencia? Ya verás’
Incluso cuando todos vaticinaban la ruina de Duque Rosana, él se mantenía arrogante. Al contrario, les gritaba a los nobles que le daban la espalda que se arrepentirían, anunciando el preludio de su venganza. Ni la Duquesa de Rosana se salvó de sus gritos.
—¡Mujer malvada! ¡¿Crees que te voy a dejar en paz?!
Ante la amenaza de su esposo, Duquesa Rosana frunció su pálido rostro y respondió:
—¿Estará encerrado en la Orden como medio año? Me quedaré en la casa de mis padres hasta entonces.
—¡Púdrete en casa de tus padres para siempre! ¡En cuanto nos divorciemos, pisotearé también al Marquesado Lambert!
—¡¿Quién dijo que me voy a divorciar de ti?! ¡Si quisiera divorciarme, te habría mandado los papeles hace tiempo! ¡¿Crees que habría regresado a este nido de ratas si no?!
Al oír el grito de su esposa, el corazón de Duque Rosana se conmovió por un instante. La verdad es que últimamente se sentía muy solo y agotado. Aunque peleaban a diario, ella era la mujer que le había dado dos hijos de su propia sangre.
—¡Si quieres seguir viviendo conmigo, más te vale regresar siendo inocente!
Duquesa Rosana salió dando un portazo. Dentro de su despacho, el Duque soltó una risita tonta.
—Al final, en momentos así, no hay nadie como la esposa de uno.
En ese momento, por la ventana abierta, se escucharon los gritos de los sacerdotes exigiendo que se acatara la orden imperial.
—¡¿Acaso Dimitri Rosana piensa desobedecer incluso la orden del futuro Emperador?! ¡Ya se ha emitido la orden que tanto reclamabas, así que preséntate ante la Orden sin resistencia! ¡Ya no tienes a dónde escapar!
La voz del Gran Sacerdote Piaton, que retumbaba afuera, era imponente. Sin embargo, Duque Rosana soltó una carcajada.
—¡Yo tengo inmunidad sagrada! Esos pobres sacerdotes no tienen ni idea. ¡Jajajaja!
Duque Rosana sonreía de oreja a oreja, haciendo planes para el futuro. «En cuanto salga de la Orden gracias a mi inmunidad sagrada, correré al palacio de verano para suplicarle al Emperador. Para entonces, la salud de Leopold habrá mejorado bastante».
El Duque tarareó, sumido en sus pensamientos.
—Sí… Esa tal Layla dijo que tuvo un hijo del príncipe heredero, ¿no? Eliminaré a Hereise y seré el regente del hijo de Layla…
Soltó una carcajada imaginando ese brillante porvenir. Abrió una pared secreta y entró directamente a la habitación del jefe de familia. Allí se encontraba el as bajo la manga que le habían heredado sus ancestros.
—Je, je, je…
Tras admirar la auténtica y bellísima estatua de Makarisera, extendió la mano hacia el ala de la escultura. Mientras la manoseaba repetidamente, soltó un ruido de extrañeza.
—¿Será del otro lado? ¿Me está fallando la memoria por la edad?
Murmuró sin darle importancia y empezó a buscar debajo del ala opuesta. Pero no sentía nada. El Duque ladeó la cabeza, se agachó y revisó minuciosamente bajo las alas.
—……?!
El lugar estaba impecable, sin una mota de polvo. Parpadeó incrédulo y volvió a mirar. Se frotó los ojos una y otra vez, pero seguía vacío. Desesperado, empezó a manosear todo el cuerpo de la estatua. Estaba liso. No había nada de donde agarrarse.
—¡¿DÓNDE ESTÁ MI INMUNIDAD?! ¡¡MI INMUNIDAD SAGRADA!! ¡¡AAAAAAH!!
El alarido de Duque Rosana retumbó en todo el despacho.
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Mientras Duque Rosana gritaba buscando su salvación, Eliana seguía regañando a Flint. Ella se había quedado horrorizada ante el comentario de su esposo de que «nuestro bebé no es débil como los demás» y, por supuesto, el hombre estaba pagando las consecuencias.
Mientras tanto, Hereise observaba con curiosidad cómo Flint se hacía chiquitito frente a Eliana.
—Vaya, vaya… más que un marido amoroso, parece un marido dominado.
¿Qué tan aterradora podía ser esa mujer tan frágil por más que gruñera? Pero para Flint, cada vez que Eliana se enojaba, su corazón latía con fuerza por el nerviosismo.
Jane se acercó a Hereise y le informó con cortesía:
—Su Alteza, Gran Duquesa Howard desea seguir conversando con usted.
Al oír eso, el rostro de Hereise se iluminó de inmediato.
Flint, por su parte, acariciaba la mano de Eliana mientras soltaba excusas atropelladamente.
—Es que… no me sentía tranquilo dejando a Theodore solo en casa… Después de lo que pasó la otra vez… por eso lo traje conmigo.
Eliana no le soltó la mano, pero le clavó la mirada.
—¡Usted pudo haberse quedado en casa!
—Pero su salida se estaba alargando demasiado. ¿Por qué no lo invitó a la casa en lugar de salir a pasar penurias aquí?
Aunque Hereise estaba a solo unos pasos, Flint ni siquiera lo miró. El señor del Norte estaba demasiado ocupado quitándose su propia capa para ponérsela a su esposa sobre los hombros.
—¿Por qué salió sin abrigo? ¿No le dije que se vistiera bien? El viento está muy frío…
—Salí con abrigo, está en la tetería. Me asusté tanto al ver a Teo que salí corriendo así.
Por otro lado, Theodore seguía estirando los brazos hacia su mamá desde el regazo de la nodriza. Eliana sonrió al verlo y le saludó con la mano. El bebé balbuceaba con sus ojitos grisáceos brillando.
—¿Quiere ir con mamá? Realmente quiere mucho a su mami.
—¡Aaaang!
—Pero mire allá.
Eliana, tras aclarar que aún tenía asuntos con Hereise, estaba empujando a Flint hacia el interior de la tetería. Flint dijo con fastidio:
—Lia, yo no tengo nada de qué hablar con el Príncipe Heredero.
—Yo sí.
—Entonces entre y hable todo lo que quiera. Yo esperaré afuera con Theodore.
Ante el rechazo evidente, Hereise se detuvo antes de entrar a la tetería con expresión herida. Sus pasos se dirigieron al interior sin fuerzas. Eliana trató de calmar a Flint:
—Flint, no le estoy pidiendo que se reconcilie con él. No es necesario.
Eliana hizo una seña a la nodriza, quien se acercó rápidamente con Theodore. Flint frunció el ceño.
—¿No me diga que piensa mostrarle a nuestro hijo? No quiero. Realmente fue un error traer a Teo.
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