A mi primer amor, con pesar - 94
—Fuuu…
Eve por fin soltó el aire que tenía contenido. Los párpados de Owen, bien cerrados, ni se movieron. En ese preciso momento, Ethan se separó de entre sus piernas y se incorporó. Ella, al fin, bajó la guardia. Pero más que alivio, fue un exceso de confianza.
—¡Ah!
Sin previo aviso y sin un gramo de piedad, Ethan empujó la cadera desde entre sus piernas. Su miembro, rígido y furioso, entró como si quisiera desgarrar las paredes de su intimidad. Con una fuerza que buscaba clavarse hasta la raíz, embistió hasta el fondo.
El placer la tomó desprevenida, atravesándole todo el cuerpo. Eve empezó a convulsionar sin poder evitarlo, mientras se tapaba la boca a la fuerza con sus manos temblorosas. Fue justo cuando sus ojos, nublados por el deseo, se desviaron una vez más hacia Owen.
—¿Por qué cada vez que te mueres de gusto tienes que mirar a ese infeliz?
Una mano tosca le agarró la quijada con brutalidad. El hombre, obligándola a que lo mirara solo a él, gruñó entre dientes:
—Mírame bien. El que te está dando ahora mismo soy yo. ¿O acaso estás imaginando que es ese tipo el que te lo está metiendo?
En su rostro, antes lleno de furia, se dibujó de pronto una sonrisa burlona y ruin. Era una mala señal.
—Si tantas ganas tienes, te cambio la posición.
Sacó su miembro sin contemplaciones y señaló con la cabeza la parte baja de Owen.
—Ponte en cuatro. Yo te doy por atrás mientras tú te entretienes dándole gusto a tu marido con la boca.
Apenas soltó la orden, Eve frunció el ceño por instinto. En ese momento, la expresión afilada de Ethan se suavizó un poco.
—Ja… Te has cansado de hacerme de todo a mí, ¿y resulta que ahora a la señorita le cambiaron los gustos?
¿De verdad pensaba que con algo así ya le había ganado al otro? El hombre, mostrando una satisfacción retorcida, volvió a meterse dentro de ella.
—Hng… ah…
Sus movimientos eran desesperadamente lentos. Al principio, ella pensó que él había recuperado la cordura y que estaba siendo considerado.
Creeec, creeec.
Pero incluso cuando movía la cadera, lo hacía con una calma exasperante, manteniendo esa sonrisa cargada de malicia. Ethan no estaba siendo considerado con ella; simplemente se estaba tomando la libertad del depredador que saborea a su presa ahora que ya la tiene acorralada.
‘Yo no tengo tiempo para esto’.
Eve lo miró fijo y terminó aceptando la propuesta que hace un rato le había dado asco.
—Cambiemos de posición.
—… ¿Qué?
—Eres demasiado lento. Yo me moveré, tú solo quédate ahí echado.
—Qué apuradita…
Ethan presionó con una mano la parte baja del vientre de Eve para inmovilizarla, ignorando olímpicamente lo que ella dijo. Así como movía la cadera, también movía la lengua para burlarse de ella.
—La noche es larga. ¿Crees que uno tiene la oportunidad de humillar a una esposa frente a su marido todos los días? Hay que disfrutar este momento al máximo.
El cuerpo pesado del hombre cayó sobre la frágil figura de la mujer. Ethan la sometió fácilmente con su propio peso mientras estiraba la mano hacia la mesa de noche. Sin pedir permiso, hurgó en la cartera de ella, sacó un cigarrillo y lo prendió. Como si no quisiera perder ni un segundo, su parte inferior, unida a la de ella, no dejó de embestirla ni un instante de la forma más vulgar.
Chiiic.
Cuando la punta del cigarro se puso roja, Ethan recién levantó el torso. Se quedó mirando a la mujer que, aunque con los ojos le decía que se largara, con el cuerpo lo recibía sin resistencia alguna. El humo gris se dispersó con su suspiro de satisfacción. Con el cigarro en la comisura de los labios mientras la observaba, sus ojos destilaban esa arrogancia típica del hombre que se siente dueño de una mujer.
‘¿Crees que me dominaste?’
Para Eve, eso no era más que una estupidez.
La mirada altanera de él pasó por encima de Eve y se dirigió a Owen, que se sacudía al ritmo de los movimientos de otro macho. ¿A quién estaba humillando realmente este saqueador sádico? ¿A la esposa o al marido? Ethan, como burlándose de ese perdedor indefenso, empezó a poseer a Eve con más saña y lentitud, haciendo alarde de su unión descarada con la mujer de otro.
Mientras saboreaba esa escena bizarra como si fuera un trofeo, de pronto el ceño de Ethan se frunció con rabia. El hecho tan obvio de que Eve y ese tipo solían dormir juntos así, enredados en la misma cama, le golpeó la cabeza y le aguó toda su superioridad.
La mano de Ethan se fue hacia Owen. ¿Acaso pensaba despertarlo? Eve, aterrada, le agarró el brazo de inmediato.
—Por más que hagas, no va a despertar.
Ethan, fastidiado, le apartó la mano a Eve y agarró los dos cachetes de Owen con una sola mano. Por la fuerza del agarre, la boca del hombre dormido se abrió como la de un pez. Resulta que no pensaba despertarlo.
Él acercó el cigarro a la boca del hombre, que estaba abierta e indefensa, le dio unos toquecitos. La ceniza gris cayó en montones sobre la lengua de Owen. Ethan Fairchild no tuvo ni un gramo de reparo en usar a una persona como cenicero.
—¿Estás loco? A alguien que está dormido… ¿Acaso quieres matarlo?
Era lo que ella más quería, pero no podía dejar que Owen muriera aquí y ahora. Ethan, por supuesto, malinterpretó ese egoísmo de Eve como una preocupación desesperada por su marido.
—Ja, qué conmovedor, ya me dieron ganas de llorar.
Apagó el cigarro de mala gana contra los lentes de Owen, que estaban todos chuecos en su cara, lo tiró al otro lado del cuarto. Parece que, en lugar de matarlo, ahora pensaba desquitarse con Eve.
Creeec, creeec, creeec.
—¡Ah, hng, ah!
Celos. Lo que aceleró las embestidas del hombre, que antes decía querer disfrutar el saqueo con calma, no fue otra cosa que puros celos. Ethan le agarró la cadera a Eve como si quisiera partírsela y empezó a descargar toda esa furia que le hacía saltar las venas. La castigaba como a una mujer malvada que, mientras arriba se preocupaba por su marido, abajo se dejaba consolar por el miembro de otro; la velocidad con la que la embestía era simplemente cruel.
—¡Ah!
—¡Maldita sea! Si tanto te importa tu marido, ¿por qué le abres las piernas a un extraño? ¿Así de raro es el amor de la princesa Kentrell?
Eve apretaba los dientes con todas sus fuerzas, incluso mientras se desmoronaba ante ese castigo disfrazado de placer. Lo hacía para aguantarse los gemidos y para reprimir las ganas de gritarle cuatro verdades ante sus insultos injustos.
‘Sí, claro, te doy asco, ¿no? ¡Entonces hazme el hijo de una vez y lárgate para siempre!’.
Ethan, sin dar muestras de cansancio, la miraba con una furia asesina mientras le daba con todo. El impacto se sentía hasta en Owen, que estaba echado al lado. Pum, pum, cada vez que la cabecera de la cama golpeaba contra la pared, la cabeza de Owen se sacudía débilmente, como si estuviera asintiendo ante la infidelidad de su mujer.
Esa imagen de los tres moviéndose como una sola masa en la misma cama era una depravación que Eve ni en sus peores pesadillas había visto. La respiración tranquila de un hombre, los jadeos pesados del otro y los gemidos ahogados de la mujer se mezclaban en una armonía de lo más bizarra.
Como Eve se mordía los labios para no hacer bulla, Ethan, fastidiado, le metió los dedos en la boca a la fuerza para que la abriera. Con eso, el sonido del placer que ella tanto guardaba estalló sin filtro sobre la cama.
—¡Ah, ah, ya, basta, ah!
—Grita más fuerte. ¿No quieres cantarle una canción de cuna a tu marido para que sueñe que se están tirando a su mujer y se orine encima?
—¡No, para, ah!
Mordiscos, arañazos… Eve peleaba con todas sus fuerzas para sacarse esos dedos de la boca, pero era imposible ganarle a Ethan en fuerza.
—¡Ah, ahhh!
—Ja, ¿ya te vas a venir otra vez? Hoy estás más sensible. ¿O será que tu fetiche es que te den frente a tu marido?
—¡Ya… cállate y… acábalo ya, ah!
Si no podía callar sus propios gritos, la única opción era terminar el acto de una vez. Justo cuando empezó a mover el trasero de esa forma que él nunca aguantaba para que eyaculara rápido, la cabeza de Owen, que miraba al techo, giró lentamente.
Directo hacia Eve.
‘Si abre los ojos ahora, Owen va a ver todo esto’.
Iba a ver sus partes íntimas totalmente expuestas y, peor aún, que el dueño del miembro que entraba y salía de ella no era él. Sintió un escalofrío en la espalda y el placer intenso que le recorría el cuerpo se esfumó como por arte de magia. Eve soltó los dedos de Ethan que intentaba sacarse de la boca y estiró la mano desesperada hacia Owen para voltearle la cara al otro lado.
Tac.
Pero ni siquiera llegó a rozarlo. Ethan le atrapó la muñeca como si fuera una trampa y se la dejó inmovilizada en el aire. Eve acababa de cometer el peor error. Para él, ese gesto debió verse como si ella, estando debajo de él, se atreviera a desear a otro macho. Sin querer, acababa de encender la mecha de la bomba que era Ethan Fairchild.
—Ghg…
En un parpadeo, la otra mano de Ethan se lanzó al cuello de Owen. Le apretó la garganta con una sola mano como si quisiera triturarle las vértebras. Al mismo tiempo, entró en Eve con una violencia salvaje. En el dorso de la mano que intentaba matar a alguien, las venas y los tendones se brotaron de forma espantosa; se parecían muchísimo a las venas hinchadas del miembro que parecía querer desgarrar a Eve por dentro.
—Ghg… ag…
—¡Ah! ¡Para, por favor, ahhh!
Castigaba al rival por arriba y a la mujer por abajo. Él ejecutaba la muerte y el placer con el mismo cuerpo. Quizás, para Ethan Fairchild, esos dos sentimientos eran la misma cosa.
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