A mi primer amor, con pesar - 93
En la voz de Ethan se sentía una excitación sádica, como si fuera un ganador que se burla de un perdedor tras saquear sus trofeos.
—Estoy pensando cómo devorarte para que me sepas mejor.
A Eve se le puso la piel de gallina.
‘Ni se te ocurra acostarme al lado de ese pervertido asqueroso para revolcarte conmigo’.
Mientras se estremecía de solo imaginarlo, sintió una mano colándose bajo su camisón.
Tac, tac.
Incluso cargándola al hombro, Ethan desenganchó con destreza, uno por uno, los clips de su liga que sujetaban las medias. Iba directo a quitarle la ropa interior.
—Es-espera…
Eve empezó a patalear desesperada, sobresaltada. Como su visión estaba bloqueada por la espalda de Ethan, no tenía forma de saber si Owen seguía noqueado por la pastilla o si ya había abierto los ojos y estaba presenciando todo esto.
—Bájame. Yo misma me voy a qui… ¡Ah!
Su resistencia fue aplastada por la fuerza bruta. Sin previo aviso, Ethan la lanzó de espaldas contra la cama, dejándola sin palabras.
Se hundió en el colchón acolchado y, al abrir los ojos, lo primero que vio fue el rostro dormido de Owen llenándole la vista. Tenía que acostarse al lado de ese sujeto de gustos raros —tan cerca que podía oír su respiración— y entregarse a un hombre que no deseaba. Ya sentía náuseas, no podía con esto.
Intentó levantarse de inmediato, pero fue un esfuerzo inútil. Ethan ya le había atrapado ambos tobillos con una sola mano y se los levantaba en el aire. Con total desparpajo, le deslizó la prenda íntima por las piernas.
Cuando la tela se atascó en los tacones, la arrancó con brusquedad, como si estuviera despellejando a un animal, la tiró al otro lado de la habitación. Antes de que la prenda tocara el suelo, Ethan ya le había abierto las piernas y se había instalado en medio. Su cuerpo pesado aplastó la parte inferior de ella.
—Ah… yo, yo quiero estar arriba.
—¿Por qué? ¿De pronto te dolió la conciencia por revolcarte con un extraño al lado de tu marido? Eso va a ser digno de ver.
Como siempre, no le causaba dolor físico, pero esta noche estaba especialmente violento y se mostraba despiadado, disfrutando de lo alterada que ella estaba. Sabía que si decía que ‘no’, él lo haría con más saña.
Dándose por vencida ante la situación, las manos de Eve cambiaron de rumbo. Tiró desesperadamente del borde del camisón que se había subido para cubrir sus partes íntimas, que estaban totalmente expuestas. Ethan soltó una carcajada burlona.
—¿Para qué te tapas si ese idiota está planchando oreja por la pastilla? Es más, ¿por qué no quieres que vea? ¿Acaso no eres tú la que ya le entregó todo a ese infeliz?
Las palabras de Ethan le dieron en el clavo y la mano de Eve se quedó tiesa en el aire. Si supuestamente ya dormía con él, era poco natural que intentara cubrirse ahora.
Aun así, no soltó la tela. Incluso si Owen estaba profundamente dormido, no quería estar con la parte inferior del cuerpo desprotegida frente a él. ¿Y si por un milagro despertaba? Solo de imaginar a ese tipo con desviaciones sexuales clavándole la mirada a su cuerpo desnudo, sentía como si le caminaran bichos por la piel.
Eve encontró una excusa al instante.
—… Es que tengo frío.
No era una mentira tonta. Como estaban en el frente de batalla y el combustible escaseaba, la calefacción de las habitaciones era una porquería y el cuarto estaba helado.
Por eso, Ethan no le dio más vueltas al asunto de que se cubriera. Se concentró en exponer su propio cuerpo.
Clac.
Se desabrochó el cinturón y bajó el cierre. Era algo realmente extraño: el miembro de Ethan, a punto de empezar el acto, estaba mucho más calmado que el de Owen Kallas, quien parecía estar muriendo lentamente por el efecto de la droga.
Y no era solo hoy. Ethan siempre había sido así. A diferencia de su lengua, que soltaba bajezas sin parar, su cuerpo guardaba un silencio absoluto.
‘Ahora entiendo por qué esa diferencia’.
‘Para ti, yo ya no soy una mujer que te provoque deseo. Solo soy un recipiente para engendrar tu semilla de venganza’.
Sintió un nuevo arranque de rabia. Eve también lo veía a él como un semental para obtener lo que necesitaba, pero lo suyo era una decisión para salvar una vida. En cambio, ese hombre solo buscaba saciar su egoísmo. Esa era la razón por la que ella y él nunca podrían ser iguales.
Por eso Ethan siempre se saltaba los juegos previos e iba directo al útero. Era una penetración mecánica, peor que el apareamiento de las bestias, hecha solo para la concepción.
Pero hoy, ese hombre había cambiado.
Sacó su carne caliente y la frotó contra la palma de Eve, mientras que de repente, con la otra mano, le abría la blusa a la fuerza y se metía bajo el camisón. En el momento en que su mano tosca invadió el brasier y le apretó el pecho, Eve soltó un jadeo.
Ante ese roce inesperado, Eve se quedó tiesa como si le hubiera caído un rayo. Un escalofrío inevitable y una confusión total le recorrieron el cuerpo. No podía creer que, incluso con otro hombre echado ahí mismo, se estuviera excitando mientras él le ultrajaba el pezón.
Pero la vergüenza no pudo contra el miedo. Le aterraba que la bestia dormida despertara y viera esa escena tan explícita. Y para colmo, estaba confundida: no entendía por qué este hombre, que siempre estaba obsesionado con el ‘trámite’ de procrear, ahora de pronto la trataba como mujer y se desvivía en caricias.
En la mano de Eve, la ambición retorcida de él fue cobrando forma. Cuando sintió que él ya estaba listo, la mano que le estrujaba el pecho salió del brasier. Pero Eve no pudo relajarse. Sabía que ahora venía lo peor.
—¡Ah…!
La entrada se vio frenada de golpe por una resistencia seca. Le frustraba no poder terminar rápido con esta humillación, pero a la vez sintió alivio. Era la prueba de que todavía no había caído tan bajo como para ‘mojarse’ en una situación tan bizarra.
—¡Ah!
Pero cuando él, de repente, metió la cabeza entre sus piernas en lugar de penetrarla, Eve se dio cuenta de que su alivio de hace un momento no era más que una estúpida ilusión.
Un aliento caliente se coló de golpe por la hendidura seca de su cuerpo. Su lengua, ya húmeda, fue separando capa tras capa de piel hasta que finalmente encontró el clítoris que estaba escondido. En ese instante, sintió cómo esos labios ásperos se pegaban con fuerza a su carne tierna y…
—¡Uff!
De un solo bocado, él atrapó el centro de su placer y empezó a succionarlo.
—¡Ah, hnggg!
No era solo ese movimiento obsceno de lengua lo que le estaba haciendo perder la cabeza.
—Esto… no tienes… que hacerlo…
¿Por qué diablos este hombre se portaba así? Él sabía perfectamente que bastaba con pedir un poco de aceite.
Hoy, rompiendo con sus movimientos mecánicos que solo buscaban la concepción, se empeñaba en poseerla como mujer. Eve sintió un mareo extraño, una confusión total.
El sonido de sus fluidos mezclándose se volvía cada vez más explícito. El ruido lujurioso de Ethan lamiendo la carne de Eve, teniendo como fondo la respiración acompasada de Owen, creaba una armonía perversa. Tener un encuentro sexual tan intenso en una cama donde dormía otra persona… a Eve se le encendió la cara de pura vergüenza.
—Ya basta, ah…
El hombre, hundido más allá del monte de Venus cubierto de vello ralo, no detenía su lengua. Solo entonces Eve se dio cuenta de lo expuesta que estaba su zona íntima. Con la cabeza de Ethan metida ahí como una cuña, sus muslos estaban abiertos de una forma que daba vergüenza ver, su camisón se había subido hace rato sin que pudiera evitarlo.
Eve tragó un grito e intentó bajarse la tela del camisón desesperadamente. Pero en cuanto la prenda fina cubrió la cabeza de Ethan, él la apartó con brusquedad.
En ese momento, Eve lo vio. La mirada gélida del hombre, mientras devoraba una vez más su intimidad con los labios empapados, estaba fija exclusivamente en el otro hombre.
Ah…
En ese instante, el mareo de su confusión se enfrió de golpe. Ethan Fairchild no sentía deseo por ella, ni la estaba tratando con consideración.
‘Mira cómo te quito a tu mujer frente a tus narices y no puedes mover ni un dedo, pedazo de imbécil’.
Él solo estaba librando una guerra de territorio unilateral contra un rival que estaba dormido. Eve no era más que el campo de batalla donde esta bestia buscaba saborear la victoria frente a otro macho.
—Ya fue suficiente.
Sintiendo que la rabia le hervía, Eve intentó empujar su cabeza con las dos manos. Pero mientras más fuerza hacía ella, más se aferraba Ethan a su carne con terquedad. Cuando él succionó su clítoris con una fuerza brutal, a Eve se le erizó todo el cuerpo.
—¡Ah! Deja de hacer… estupideces y solo mételo, de una vez… ¡ah, mmm!
Bajo el asedio implacable de esa lengua, su orden se transformó en un gemido que se le escapó de la boca.
¿Cómo era posible que no pudiera aguantarse ni un solo orgasmo?
Sobre la marea caliente del placer, le cayó encima una ola de autodesprecio. En cuanto su visión, que se había quedado en blanco, volvió a aclararse, Eve se tapó la boca mientras jadeaba y giraba sus ojos temblorosos hacia un lado.
Por culpa de eso, terminó alcanzando el clímax mientras miraba al Owen que dormía a su lado.
En los ojos de Ethan, que miraba fijamente a la pareja echada uno junto al otro, se encendió una furia asesina. En el momento de gloria que él le había dado, la mirada de Eve se había clavado en su ‘marido’.
A pesar de que él mismo se había pasado todo el rato provocándola con la lengua solo para marcar territorio frente al otro, le dio la cara de indignarse porque, en el momento cumbre, ella no lo miraba a él, sino al esposo.
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