A mi primer amor, con pesar - 83
¿Ese niño se la pasará todo el día pegado a la ventana?
Se escuchó el retumbar de unos pasos corriendo por el pasillo hasta que el sonido se perdió a lo lejos. Poco después, la voz de Tony, que parloteaba emocionado, se colaba por la ventana mezclada de rato en rato con la risa grave de Ethan.
A ese parásito que tengo pegado literalmente a mi cama… ¿cómo debería arrancármelo una vez que deje de ser útil?
Estaba hundida en esos pensamientos cuando el mayordomo entró para darle el aviso:
—Lady, Mayor Fairchild ha regresado.
—Lo sé.
Ahora que él está de vuelta…
—Tengo un encargo para ti, pero tiene que ser con mucha discreción.
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El sangrado paró a los pocos días. Independientemente de cómo me sintiera por dentro, eso significaba que mi cuerpo ya estaba listo para retomar el ‘negocio’.
Mientras cruzaba el pasillo con paso firme, no tuve la mala suerte de cruzarme con Chantal y sus ojos de loca. A esas horas, ya debía estar profundamente dormida tras tomar el té con el somnífero que mandé ponerle a escondidas.
Así que esta noche no tengo por qué andar con apuros. Si es necesario, puedo recibir su semilla las veces que sea hasta que amanezca. Aunque, para ser sincera, no tengo ni ganas.
Fue así que, entrada la noche, golpeé la puerta de la habitación de Ethan.
—Me estabas evitando, ¿a qué se debe este cambio tan de repente?
Él, que se había pasado días rondándome y poniéndome trampas, no se imaginaba que yo también estaba esperando el momento perfecto para tenderle la mía.
—No puedo dormir.
—Bueno, dejarte exhausta es mi especialidad. Pasa.
Eve se puso a sí misma como sacrificio en la cama de Ethan, pero esta vez no dejó que él se le encimara. Pensó que, si se movía por su cuenta, al menos se sentiría como un ser humano y no solo como alguien que vende su cuerpo.
—Yo me pongo arriba.
—…¿Y ahora qué te dio por esto?
Ethan se quedó desconcertado, pero no se opuso a intentar algo distinto. Era consciente de que la última vez se había portado como un animal salvaje y perdió los papeles.
Se juró a sí mismo que esta vez mantendría el control, pero ¿cuánto le duraría la promesa una vez que estuviera dentro de ella? En momentos como este, prefería confiar en su peor enemigo antes que en el animal que llevaba dentro.
Ethan se quedó echado en la cama con los brazos cruzados, limitándose a observar lo que ella hacía. Eve se había quitado solo la ropa interior y se subió encima de él, todavía con su camisón de satén y la bata puesta.
Él pensó que ella se le lanzaría a los labios como la vez pasada, pero…
—Ah…
Eve metió la mano directamente en su ropa interior. Ethan, tomado por sorpresa por ese ataque inesperado, se quedó tieso, igual que su miembro.
—Vaya… parece que la princesa… ah… está bien apurada.
—Se me ha acumulado.
Que la ‘princesa de hielo’ dijera algo así, con su cara de siempre, sin una sola expresión, mientras sacaba el pene del hombre y empezaba a estimularlo con ganas… era una locura. A él le dio risa por lo contradictorio de la escena; luego dejó de reír al pensar que ella lo había estado esperando, terminó apretando los dientes al dudar si realmente era a él a quien esperaba.
—¿Y por quién se te acumuló? ¿Por mí? ¿O por ese debilucho?
—……
—¿Por los dos?
Esa mujer indiferente no le soltó ni una palabra. Era como si su único asunto no fuera con Ethan, sino con su verga.
En cuanto sintió que esa masa de carne se hinchaba y se ponía dura en su mano pequeña, Eve sacó del bolsillo de su bata un frasquito del tamaño de un pulgar. Quitó el tapón, inclinó el frasco y dejó caer, gota a gota, un líquido color ámbar claro sobre la cabeza de su miembro. Con cada gota, los abdominales de Ethan se tensaban al máximo.
—Ah… está frío. ¿Qué es esto ahora?
—Aceite.
Por el aroma elegante y dulce a flores que desprendía, parecía un aceite carísimo de esos que se usan para masajes. Su órgano sexual, a pesar de ser solo un conducto de desechos, se estaba dando el lujo de ser tratado como rey antes de encontrarse con esa zona tan noble.
Slippery, slippery.
El sonido de sus manos finas frotando el cuero de su miembro se volvió cada vez más húmedo y viscoso. A estas alturas, con el cerebro derretido por las caricias, a Ethan solo le quedaba una cabeza que funcionara: la de abajo.
Se quedó embobado mirando las manos de Eve subir y bajar, hasta que estiró el brazo para recoger con la punta del dedo una gota de aceite que resbalaba por el tronco. De inmediato, metió la mano entre las piernas abiertas de la mujer, justo detrás de su miembro erecto.
Ethan separó esos labios húmedos con los dedos mientras soltaba una defensa que nadie le había pedido. Juraba que no lo hacía por placer propio; según él, si recibes caricias, lo caballeroso es devolverlas. Aunque hasta a él mismo le daba risa que un matón como él pretendiera dárselas de caballero.
—¡Ah…!
Pero en cuanto tocó ese punto sensible, el simulacro de caballero terminó ante el rechazo de la dama. Eve echó la cadera hacia atrás, escapando de su mano.
—…Está bien. No hace falta que hagas eso.
Ethan la miró como si no pudiera creer lo que tenía en frente.
—La mujer que antes me suplicaba que se lo lamiera hasta que se le irritara el clítoris, ahora quiere ir de frente al grano. Estás bien recorrida.
Otra vez, sin darse cuenta, soltó un recuerdo del pasado. ¿Acaso tendría que ponerme un bozal?
—¡Uf…!
Pero no tuvo tiempo para pensar en qué meterse a la boca. Eve se le montó encima al toque. El orificio, bien apretado de carne, envolvió por completo el glande que estaba a punto de explotar por la excitación. Los músculos del bajo vientre y los muslos de Ethan se tensaron como cuerdas.
Eve no le dio ni un segundo para acostumbrarse a ese estímulo tan bestial y empezó a dejarse caer. Gracias al aceite, resbalaba solito, pero la mujer estaba tan apurada que no aguantaba ni un pestañeo.
—Mnh…
Cada vez que sentía un tope, retorcía la cadera. La punta de su placer se retorcía envuelta en esa carne suave y caliente. Ah, maldita sea.
Plaf.
La parte interna de los muslos de Eve chocó contra el bajo vientre de él. Se lo había tragado por completo. Allá adentro, el glande quedó aplastado contra el fondo del saco vaginal y, al mismo tiempo, a Ethan se le cortó la respiración.
—Joder, espera.
Temiendo que la ‘apurada lady’ empezara a sacudirse como loca de una vez, Ethan la agarró firme de la cintura con una mano.
Cálmate.
Se pasó la otra mano por la cara y se dio cuenta de que Eve tampoco es que estuviera muy tranquila.
—Fu…
—Ah…
Él respiraba hondo, cada vez que lo de adentro se movía un poco, ella ponía cara de sufrimiento, como si no pudiera con tanto.
Sigue siendo hermosa. Igual que siempre.
…Mierda.
La poca cordura que había recuperado estaba por mandarse a mudar otra vez. Se quedó un rato tratando de controlarse y luego le soltó la cintura.
—Dale.
—…….
En medio de ese silencio incómodo, Eve se inclinó lentamente hacia él. Apoyó las dos manos sobre su pecho desnudo, que estaba duro por la tensión. Así, manteniéndolo atrapado bajo ella, empezó a mover la cintura poco a poco.
Qué mujer tan impaciente. Tras un par de embestidas lentas, parece que se le prendió el motor y empezó a galopar sobre su pene. Pum, pum, pum. El sonido de la carne chocando retumbaba en toda la habitación con tal fuerza que ya ni se sabía si el ruido venía de afuera o de adentro.
Mierda, se me va a romper el bicho.
Bueno, de todas formas iba a acabar antes de que eso pasara, así que moriría con honor cumpliendo su función.
Esa mujer tan fina… por su cara, parecería una madre superiora de esas que mandan a la inquisición a cualquiera por sentir deseo, pero resultó ser una hembra bien activa. Cada vez que bajaba y subía la cadera con frenesí, incapaz de aguantarse las ganas, esa zona de ‘dama recatada’ vestida con ropa elegante se tragaba y escupía su miembro. Chorreando lubricación. Era obvio que en ese líquido que los empapaba a los dos también estaban los fluidos de Ethan.
Él volvió a perder la cabeza, hundiéndose poco a poco en el placer. Pero no pasó mucho tiempo antes de que sintiera una presión que lo hizo reaccionar. No era el peso del placer.
—Si me quieres matar, ¿por qué mejor no me ahorcas?
Por más flaca que fuera, le estaba dejando caer todo el peso del cuerpo sobre el tórax. Ethan le movió las manos del pecho a sus hombros. Lo hizo sin pensar en las consecuencias.
Su cuerpo se inclinó hacia adelante y, sin querer, terminaron teniendo sexo frente a frente, a milímetros de distancia. En cuanto se cruzaron las miradas, Eve miró hacia arriba para evitarlo, a Ethan no le quedó de otra que bajar la vista.
Y su mirada aterrizó, para su mala suerte, en el pecho de Eve. De tanto sacudirse, la bata se le había resbalado y lo único que cubría su cuerpo era una sola capa de satén rosa pálido.
…No se puso sostén.
Esas dos masas redondas se sacudían violentamente hacia todos lados siguiendo el ritmo de su cuerpo. Pensó que, si seguían así de fuerte, se le iban a escapar del camisón, apenas él empujó con la cadera, la fantasía se hizo realidad.
Sus pechos blancos como la leche salieron de la tela, colgando de su cuerpo delgado como frutas provocativas, bailando justo en frente de su cara. Los pezones rosados se pusieron rojos y duros ante los ojos de Ethan.
Ah, carajo.
Se notaba que Eve estaba disfrutando de su cuerpo a su antojo. Su corazón se enfriaba, pero su cuerpo, el traidor, ardía más que nunca. Esa diferencia de temperatura lo estaba volviendo loco.
Apretaba el aire en lugar de sus pechos, se mordía el labio inferior y lo soltaba. Ethan estaba perdido, vagando entre la razón y el deseo más puro.
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Estos dos me van a terminar matando, los amo odio realmente. Espero que el plan de Eve si de frutos para que Tony pueda tener a su hermano/sobrino.