A mi primer amor, con pesar - 82
—Tu paranoia ya es grave. Voy a tener que llamar a un médico ahorita mismo.
—Bueno, si dices que no eres tú, no me queda de otra.
Recién ahí retrocede. Era evidente que no tenía más pruebas.
—Por un momento pensé que habías vuelto a revolcarte, sin un mínimo de orgullo ni dignidad, con ese tipo que te dejó tirada.
—Chantal.
—¿Dime?
—Entiendo por qué le tienes ojeriza a ese hombre. Pero, ¿por qué alucinas que yo haría una estupidez así? Yo no estoy loca por los hombres como tú.
Eve se burlaba de Chantal, aunque por dentro se reía de sí misma. Sí, la verdad es que estoy loca. Ya no me queda dignidad. Con tal de asegurar el futuro de mi hijo, he caído tan bajo que sería capaz hasta de vender mi cuerpo.
—Hum… entonces…
Eve mantenía una expresión de total ofensa solo por el hecho de que sospecharan que se había acostado con él, pero Chantal no podía quitarse de la cabeza la idea de que esa mujer se estaba haciendo la loca con mucha astucia. Por eso, afiló un insulto más hiriente y soltó el dardo para ver cómo reaccionaba.
—Parece que Ethan Fairchild se trajo a alguna cualquiera de por ahí.
La orgullosa princesa frunce el ceño de inmediato, mostrando dolor. Había caído en la trampa.
—Ay, no es que te estuviera llamando ‘prostituta’ a ti…
—Ya veo de quién aprendió Tony esa palabra.
—…….
—Ahora me doy cuenta de que Tony es un genio. Él mismo se dio cuenta de lo bien que te queda ese término tan vulgar.
Chantal, al recibir el insulto de vuelta, hirvió de rabia. ¡Evelyn Sherwood, perra! ¿Qué te hace creer que eres diferente? ¡Si hubieras nacido como yo, con padres muertos de hambre en un pueblo olvidado, no habrías tenido otro camino que vender tu cara bonita y tu cuerpo para salir de la miseria!
Se consolaba pensando que Evelyn solo había tenido suerte de nacer con todo, que en el fondo era una tipa tan vulgar como ella, pero ese consuelo no le duró mucho.
La sonrisa arrogante de Eve desapareció, en su lugar surgió un desprecio tan frío que cortaba la respiración. En ese instante, Chantal tuvo que encarar la realidad de la diferencia que había entre las dos.
Ante esa autoridad aplastante que ella jamás podría imitar, Chantal volvió a ser la empleada que es reprendida por su patrona y se encogió. Le carcomía la rabia saber que, aunque hubiera robado el puesto de gran dama, jamás podría robarle la clase a una persona.
Apenas cambió el tablero a su favor, Eve la reprendió con frialdad:
—No te atrevas a rebajar a mi hijo a tu nivel.
‘¿Mi hijo?’
Chantal se quedó desconcertada, a pesar de que era la verdad. ¿Con qué derecho esa mujer, que siempre había ignorado a su propio hijo o lo miraba de lejos, reclamaba ahora que era suyo?
Eve parecía saber que no tenía derecho. Por algún cambio en su interior, incluso después de hacerse cargo de la educación de Tony, no podía actuar con la frente en alto. Pero, de un momento a otro, empezó a afirmar con toda seguridad que Tony era su hijo.
Fue a partir de este verano. Sin duda, Evelyn Sherwood cambió desde entonces. Incluso después de la muerte de Robert Kallas, no pudo escapar de su vida de esclava por mucho tiempo. Es más, cuando la obligaron a casarse con Owen, ¿acaso no obedeció mansamente, cuando en realidad no tenía razón alguna para someterse?
Esa princesa ingenua e indefensa estaba empezando a darse cuenta de que ella era la dueña de esta familia.
Chantal tragó saliva. La prepotencia con la que arrinconaba a Eve hace un momento se esfumó, solo quedó la angustia de verse completamente acorralada. El puesto de ‘Gran Dama’ que había ocupado firmemente durante diez años empezaba a tambalearse peligrosamente. Chantal había llegado ahí gracias a una sola habilidad:
Su astucia para acomodarse según le convenga.
Era momento de agachar la cabeza. Y, por experiencia, sabía que vender el orgullo era mucho más fácil que vender el cuerpo.
—Perdóname. De ahora en adelante voy a seguir tu ejemplo y solo usaré palabras finas frente a Tony. He tratado de criarlo bien, pero sé que por mi origen no estoy a tu nivel. Seré la madre que tú quieras para Tony, haré todo lo que me mandes, pero por favor…
A Eve le dio asco el cambio repentino de Chantal. Al principio pensó que estaba siendo sarcástica. Pero nadie se arrodilla ni se humilla de esa forma solo para burlarse del otro.
—Por favor, salva a Owen.
Todos tienen a alguien por quien son capaces de mandarse al desvío con tal de protegerlo. Aunque Eve no entendía por qué Chantal eligió a ese traidor.
—Sí, estoy loca por un hombre. Eve, tú también estuviste así alguna vez. Así que tú mejor que nadie entiendes que quiera salvar a mi pareja a como dé lugar.
Cuando Chantal desenterró esa versión tonta de sí misma que Eve quería dejar sepultada para siempre, su rostro se puso pálido y frío como el de un cadáver.
—Eve, no te molestes conmigo. El que te traicionó fue tu amante, no yo. Yo de verdad te ayudé con tu amor. ¿Te acuerdas de cuando te ayudé a escapar y me arrastraron de los pelos? Todavía tengo las cicatrices de ese día en mis piernas. Yo hasta saqué tus cartas a escondidas para que ese tipo pudiera limpiar su nombre.
—¿Tú… me ayudaste?
La voz de Eve, que salía entre dientes, temblaba cargada de una furia contenida. Para Chantal, admitir sus culpas era la única forma de aferrarse a sus escasas ‘buenas acciones’.
—…Claro que me aproveché de tu familia, no te lo voy a negar. Pero fue porque Robert Kallas me tenía amenazada, no me quedó de otra… Aunque, siendo franca, también fue por mi ambición de querer vivir rodeada de lujos. Pero te he devuelto toda tu fortuna intacta, sin tocar ni un sol.
¿Que se la había devuelto intacta? A Eve no le salía ni una risa sarcástica. Que Chantal pretendiera ahora tener conciencia, cuando le entregó el manejo económico solo porque ella no era capaz de administrarlo… y después de haberse dado la gran vida con plata ajena.
—Yo… yo sé que me porté mal. Por eso, para redimirme, crié a tu hijo con todo el cariño del mundo. ¿Te acuerdas de lo chiquito y débil que era Tony? Estaba tan flaquito que yo temblaba de miedo pensando que se me moría con un simple resfrío; me pasaba las noches en vela y, cuando lo operaron, sentí que se me partía el corazón.
Esto ya era el colmo de la hipocresía. ¿Que temblaba porque Tony se podía morir? Qué cínica para camuflar como ‘amor de madre’ el miedo que tenía de perder a su gallina de los huevos de oro.
—En fin, lo que quiero decir es que, aunque soy una ladrona y no tendría derecho a quejarme si me botas de los pelos, en el fondo siempre apoyé tu relación con un sentimiento puro.
En otras palabras, Chantal le estaba cobrando el ‘favor’. ¿De verdad creía que Eve aún no se daba cuenta de que esa ‘ayuda desinteresada’ era solo parte de su plan? Quería robarse a la familia fácilmente, quedándose con el hijo de Eve para no tener que pasar por el trabajo de darle un hijo al viejo duque.
Eve sentía que la sangre le hervía. ¿Hasta cuándo esa sinvergüenza la iba a seguir humillando usando a Tony como rehén? Ya no aguantaba más este teatro asqueroso. Eve decidió que era hora de sacar ese estorbo de su vida.
—Está bien. Te voy a ayudar.
—…¿De verdad?
—Voy a hablar con unos oficiales del ejército que conozco. Pero no te aseguro nada.
—No importa. Si la princesa Cantrell lo pide, se puede. Gracias, lady Evelyn.
Chantal, emocionada, abrazó a Eve de la nada. Eve quiso sacudirse a ese parásito asqueroso en el acto, pero se aguantó. Al igual que Chantal hizo antes, ella solo le estaba dando la mano antes de empujarla al abismo.
Al ver a Chantal caer en esa actuación tan obvia, Eve se vio a sí misma en el pasado. Se vio a los diecinueve años, siendo una tonta a la que le quitaron todo con ese mismo tipo de ayuda falsa. Sintió un asco profundo por su propia ingenuidad de ese entonces.
No vuelvo a confiar en nadie.
—Hay que tratar de llevarnos bien de ahora en adelante. Como las mamás de Tony que somos, ¿ya?
—Ya.
Había dudado por el choque que podría sufrir Tony al perder a su ‘madre’, pero ya no podía permitir que ese parásito descarado usurpara su lugar y le siguiera chupando la sangre a los suyos. Por supuesto, el trabajo sucio de fumigar a esa plaga no le correspondía a ella.
Que se maten entre parásitos.
Justo cuando la mujer se disponía a salir del cuarto tras conseguir lo que quería, Eve le preguntó:
—Chantal, ¿de verdad amas a Doctor Kallas?
Chantal se dio la vuelta y asintió con los ojos llorosos. Qué tal historia de amor, me va a hacer llorar. Pero, ¿acaso él la amaría a ella? Los hombres son todos unos traidores y miserables. Para cuando Chantal descubriera esa verdad, ya no estaría en este mundo, así que sería una lección que no le serviría de nada.
La comisura de los labios de Eve se elevó con elegancia, formando una sonrisa preciosa. Chantal, creyendo erróneamente que era un gesto de piedad o empatía, sonrió también, sintiéndose aliviada.
Aunque el verdadero significado de esa sonrisa fuera implacable. Va a ser una venganza de lo más satisfactoria.
Fue justo cuando Chantal salió y Eve llamó al mayordomo. Por la ventana abierta llegó el sonido de unas ruedas pesadas aplastando el camino de piedra. Antes de que pudiera preguntar quién era, escuchó la voz de Tony gritando un nombre:
—¡Ethan!
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com
Deja una respuesta
You must Register or Login to post a comment.