A mi primer amor, con pesar - 79
—Evelyn Fairchild, ahora eres mía.
Quizás fue porque su primer amor también le había susurrado así, mientras la estrechaba con ansias contra su cuerpo como si fuera un monstruo; el caso es que hasta ese estremecimiento que ardía en lo más profundo de su vientre se parecía a aquel momento.
Por un mal presagio, Eve abrió los ojos de par en par. El clímax estaba cerca.
—Ah, uugh, haa, no, para….
—¿Por qué dices que no? Si me abriste las piernas para que te hiciera llegar, ahora aguántate y goza hasta que te vuelvas loca.
‘No. Yo solo quiero robarte tu semilla. Así que tú eres el que tiene que acabar. No yo.’
—Ahug, esto no está, bien….
Evelyn Sherwood, ¿cómo puedes estar revolcándote con un traidor y perdiendo la cabeza por el placer?
Al mismo tiempo que todo se le oscurecía, vio pasar ante sus ojos ese fondo tan vulgar al que tanto le temía durante toda esta caída libre.
Eve luchó desesperadamente para no rendirse ante un clímax humillante en los brazos de este hombre, que ahora ya no la llamaba ‘esposa’ sino ‘enemiga’. Pero mientras ella más forcejeaba, Ethan la apretaba con más fuerza, empujándola sin aliento y con total facilidad hacia el borde del precipicio del placer.
—Cómo que no. Haa, ugh, esto es lo que toca.
El sonido vergonzoso de la carne chocando con furia parecía el chasquido de unos latigazos despiadados. La parte inferior del hombre empezó a galopar como un semental azotado por el látigo.
La punta de su enorme miembro golpeaba con maestría, ensañándose solo con el punto más sensible y fatal escondido junto al cuello del útero. En una pelea contra un enemigo que conocía absolutamente todo de ella, el juego estaba perdido desde el arranque.
—¡Ah…!
Sintió que perdía la gravedad y que empezaba a volar. Al final, Eve dio un paso en falso en el borde de ese abismo llamado placer y cayó sin remedio hacia lo más profundo.
Los gemidos intensos de la mujer se cortaron en seco, como si los hubieran cortado con un cuchillo. Hasta su respiración agitada se detuvo. Ese cuerpo frágil que se retorcía en los brazos de Ethan se puso tenso, como un arco estirado al límite.
‘Me sedujiste porque querías que esto pasara, hasta el final te hiciste la santa diciendo que no, que esto no estaba bien. Pero al final te rendiste al placer, recién ahora te quitas la máscara y muestras tu cara real llena de deseo.’
Ethan agarró a Eve por el mentón con una mano y la obligó a mirarlo. Unió sus labios a esa boca rojiza que se abría y cerraba buscando aire, pero que no lograba soltar ni un suspiro ni un gemido.
La satisfacción de haberla dominado era tan fuerte que lo hizo olvidar su venganza por un instante y besar a su enemiga como si fuera su amante. Claro que solo duró un segundo.
—Ugh….
Borracha de placer, el cuerpo de la mujer temblaba mientras apretaba el miembro de Ethan. Una marea de carne caliente empezó a erosionar con fuerza el ancla que él tenía clavada en lo profundo. Exactamente igual a cuando se amaban con locura.
‘Por favor, para. Esto, esto no está bien.’
Una familiaridad absurda lo invadió de nuevo y terminó por tragárselo. Ethan acabó naufragando.
En el momento en que todo su cuerpo celebraba ese clímax recuperado después de diez años, el dueño de ese cuerpo se maldijo a sí mismo por rebajarse a ser un esclavo de los recuerdos, tirando al tacho su orgullo y su dignidad como hombre.
‘Tener que buscar consuelo en los brazos de la mujer que me abandonó’. Ethan sintió un asco insoportable de sí mismo.
Él no había caído en el abismo de Eve. Ethan se había ido de cara contra el fondo de su propia e insignificante alma.
—Ethan, ah, una vez, más, más….
Él apretó los dientes mientras la embestía tal como se lo pedía esa ‘lady’ tan vulgar.
‘Si yo fuera un tipo sin cerebro como tú, simplemente estaría disfrutando esto.’
Él creía de verdad que solo él estaba sufriendo, peleando contra los fantasmas del pasado en medio de este placer humillante. Pensaba que Eve simplemente estaba gozando de todo esto sin ningún tipo de dolor.
Eso lo hacía sentir terriblemente solo. Porque no sabía que Eve también estaba en el mismo infierno, maldiciéndose a sí misma.
Esa batalla que nadie ganó terminó por fin en un clímax que ninguno quería realmente.
Los dos cuerpos temblaron entrelazados como si fueran uno solo. Fue un espasmo de una contradicción extraña: sentirse satisfecho con el otro, pero decepcionado de uno mismo.
Ethan, aunque detestaba esa sensación de placer, empujó su miembro una vez más hasta el fondo de Eve. No se olvidaba del objetivo de este ‘autodaño’.
—Uuugh, haa….
En el momento en que la punta chocó contra el cuello del útero, una urgencia incontenible brotó desde su cintura. El semen empezó a derramarse en chorro desde el interior de Ethan hacia el interior de Eve, recorriendo todo el camino.
‘Tengo que entregarte hasta la última gota. Por mi venganza.’
Él movió la cintura despacio.
Chap, chap.
El sonido del líquido se escuchaba clarito. No era exagerado decir que el cuello del útero de ella estaba prácticamente inundado por su simiente.
—Maldita sea….
Al sentir algo raro, Ethan miró hacia abajo donde estaban unidos y soltó una lisura entre dientes. Por el espacio entre la carne rosada y su piel bronceada, el semen blanco y espeso se estaba rebalsando mezclado con los fluidos transparentes de ella.
Se había quedado ahí adentro a propósito para que no se saliera nada al sacar el miembro, pero fue por las puras. Como ella era tan estrecha y su ‘estaca’ ya ocupaba todo el espacio, el líquido se salía solo por la presión.
‘He tenido que vender hasta mi orgullo para darte de comer esto, así que no te atrevas a escupirlo.’
Ethan recogió las gotas de semen con la punta de los dedos. Todavía usaba su miembro como si fuera un corcho para tapar el agujero de Eve, así, forzando la entrada del estrecho canal, volvió a empujar el líquido hacia adentro.
—¿Te gustó? ¿Y esto qué tal?
Le susurraba palabras de amor al oído que no sentía, con una voz que a él mismo le daba asco, fingiendo que era parte del juego posterior mientras le ‘daba de comer’ una y otra vez lo que se le escapaba. Despacio, sin apuro.
Ganando tiempo para que la semilla de este despreciable Fairchild se enterrara como una maldición en el útero de la noble lady Kentrell.
—Haa, haa….
—¿Esto también te gusta?
—Uuuhm….
Parecía que con un solo clímax ella ya había perdido el juicio. A estas alturas, una mujer normal ya debería haberse dado cuenta de que él acabó adentro y estar pegando el grito al cielo, pero ella solo seguía ahí, echada sobre la mesa, jadeando. Quizás ni siquiera le importaba lo que él sentía y por eso ni cuenta se daba.
—Ah, uuuhm….
Ella sentía que ya no podía más cuando él metió los dedos junto a su miembro, pero igual levantaba el trasero como pidiéndole más. Ethan sentía un odio profundo por esta mujer en celo, pero aun así, juró con rabia que amaría al hijo que saliera de ese cuerpo.
‘Aunque tenga tu maldita sangre, será mi hijo’.
Eve, por su parte, seguía con la máscara puesta mientras le robaba su semilla, repitiendo el mismo juramento en su mente. Mientras tanto, la voz inútil de ese hombre se metía una y otra vez en sus pensamientos.
—Yo te voy a cuidar a ti y a nuestro hijo.
Ethan Fairchild no cumplió ni una sola de sus promesas.
Hace diez años, la que tuvo que dar la cara por el fruto de su amor y pagar el precio de esa estúpida aventura siempre fue Eve.
Así que a este hijo también lo cuidaría ella sola.
Solo por el hecho de quedar encinta, Eve aguantaba que él jugara con su cuerpo de esa manera, mientras masticaba como una medicina amarga el recuerdo del momento en que ese hombre la abandonó a su suerte en el borde del abismo.
Eve lo dejó todo por él. Su familia, su apellido, hasta su conciencia y su honor. Lo quemó todo por un futuro juntos y corrió hacia él sin dudar ni un segundo de que su amante la traicionaría. Pero Ethan Fairchild no dudó ni un instante en pisotear ese futuro y pasar de largo.
Esa noche, él mismo lo demostró.
Que en la vida de Evelyn Sherwood, un tipo como Ethan Fairchild simplemente no era necesario.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Owen soltó un suspiro, pero siguió subiendo las escaleras sin decir ni pío. Todavía no podía darse el lujo de que se dieran cuenta de que ya había cambiado de bando. Por eso, para fingir que se estaba castigando a sí mismo tal como se lo ordenó esa ‘Falsa Reina’ que tanto asco le daba, se dirigía derechito a su cuarto.
—¡Doctor Kallas!
En ese momento, Chantal apareció al otro lado del pasillo del segundo piso y vino corriendo hacia él toda atolondrada. Ya de por sí le costaba aguantar sus modales tan ordinarios, pero ahora Chantal estaba hasta pálida del susto. Owen hizo un esfuerzo sobrehumano para no arrugar la cara y siguió actuando como el ‘Doctor Kallas’, siempre sumiso.
—¿Qué pasó……?
—Los dos… los dos han desaparecido. No están por ningún lado.
En ese instante, Owen también perdió su máscara y puso la misma cara de cobarde que siente que la muerte le pisa los talones.
—¿Dónde diablos se habrán metido a revolcarse?
¿Lady Evelyn con Ethan Fairchild……?
¿Acaso la Reina estaba aceptando de nuevo a su antiguo esclavo? Si eso era cierto, significaba que ella podía mandarlo a él bien lejos. Sin darse cuenta, Owen apretó los puños y sintió cómo le empezaban a sudar las manos del puro nerviosismo.
—Búscalos ahora mismo.
Incluso si esa payasa no se lo hubiera ordenado, él mismo ya habría salido disparado a buscar a su Reina. Owen empezó a abrir puertas a lo loco, buscándola como un demente, pero esta mansión maldita parecía no tener fin, como si se estuviera burlando de él.
—¡Maldita sea! ¿A dónde se han ido?
‘Si me demoro más, va a ser demasiado tarde’
El terror de que ese matón que siempre le tiene echado el ojo a su puesto le terminara quitando a Lady Evelyn se volvía cada vez más real. Cuando ya sentía que se le oscurecía el panorama, Chantal, viendo que ellos dos solos no daban abasto, propuso una solución extrema:
—Voy a mandar a los guardias para que los encuentren.
—Espera. Si haces eso, todos se van a enterar.
—¿Y qué tiene de malo?
Chantal, que no tenía ni idea de lo que Owen sentía de verdad, lo miró de reojo con desprecio.
—Que los ampayen revolcándose y pasen el roche de su vida, a ver si así se les quitan las ganas de andar haciendo sus cochinadas.
Al oír eso, a Owen se le detuvo el corazón.
‘No te atrevas a pisotear la autoridad de mi Reina’.
Le había costado tanto encontrar a su Reina perfecta y tenerla solo para él, que no pensaba dejar que nadie la arruinara, menos por sus propias manos. Pero tampoco quería perderla frente a ese lobo hambriento.
Estaba ahí, dando vueltas en su sitio sin saber qué hacer, cuando de pronto vio una puerta. Era una puerta que siempre paraba abierta, pero hoy estaba cerrada con llave.
El cuarto de juegos del difunto Barón Langdon.
Ese era el único sitio que todavía no había chequeado.
Asure: Empezamos con los desafios …. Si veo comentarios hasta el sabado (minimo 10 en cada capítulo) … el domingo tienen 5 capítulos adicionales (saben que domingo no publico capítulos, pero de eso se trata el reto)
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com
Deja una respuesta
You must Register or Login to post a comment.