A mi primer amor, con pesar - 75
Finalmente, la mujer —habiendo olvidado ya cualquier sospecha sobre él— lo deja por fin y se larga. Aunque sea solo por un rato.
—Vete ahorita mismo a tu cuarto y quédate ahí dándote de bofetadas hasta que yo vuelva. Y para cuando regrese, más te vale haber vuelto a ser el perrito obediente que solo me hace caso a mí.
Owen asintió como si fuera un súbdito fiel, pero apenas Chantal le dio la espalda, se quitó la máscara y dejó ver su verdadera cara de traidor.
‘Qué patética, temblando de miedo por una tontería así. Definitivamente, esta mujer no es más que una payasa que se cree reina’.
Como no tiene ni un poquito de verdadera autoridad, intenta controlarlo todo usando ese collar tan débil que llaman ‘amor’, en lugar de una verdadera dominación. Owen ya está harto de este juego de tira y afloja que no lleva a nada. Una verdadera soberana no necesita andar haciendo tantas jugadas ni trucos.
Si tan solo pudiera dejarlo todo en manos de mi verdadera Reina y descansar en su regazo….
Si tan solo tú, payasa barata, no existieras.
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Lady Evelyn llamó a Ethan a la sala de juegos, que ahora se había convertido en el guarida de su banda.
Sus hombres, a menos que el jefe los busque, no pierden el tiempo ahí. Son unos vagos, pero el lugar les resulta demasiado ‘fino’ y los hace sentir fuera de sitio. Seguro todos se habían ido al barrio rojo con sus uniformes puestos, dándosela de héroes para levantarse a alguna chica y pasar el rato.
En ese espacio vacío, donde solo quedaba el rastro de la juerga de otros, Eve lo esperaba sola. Estaba apoyada en la mesa de billar, de espaldas a la luz; lo único que brillaba era la brasa de su cigarro entre los dedos.
Su intención al citarlo a solas estaba tan oculta como su cara tras el humo. Ethan caminó hacia ella con la parada de un conquistador, pero con los ojos bien abiertos como un soldado que busca minas en el camino.
—¿De qué diablos quieres hablar conmigo?
Se estaba arriesgando a que todos pensaran que tenían un romance clandestino. Y para colmo, lo citó en la sala de juegos, ese lugar que Eve siempre evitaba como si fuera un chiquero desde que los tipos de la banda aparecieron en su casa.
Ethan pisó una ficha de póker que sus hombres habían dejado tirada. ¡Crac!. El sonido sonó como una burla, como si la misma ficha se riera de él por meterse solito en una jugada donde tenía todas las de perder. Tenía un mal presentimiento, pero para Ethan, esta era una apuesta que no podía esquivar.
‘Bueno, yo soy un cualquiera, pero…’.
—No creo que Milady me haya llamado solo para jugar una partida.
Eve se quitó el cigarro de los labios rojos, pero no respondió. Se quedó jugando con el humo dentro de la boca, envolviéndolo con la lengua lentamente. Igualito a como lo hacía años atrás, cuando lo seducía.
Pero Ethan no era tonto. No creía que la orgullosa ‘princesita’ quisiera seducir otra vez al hombre al que ya le había sacado todo el jugo. Le sonaba más creíble que quisiera contratarlo para darle vuelta a su nuevo marido, ahora que ya no le servía.
Ethan se burló de esa esperanza estúpida que lo había fastidiado desde que vio la mirada de Eve en las escaleras, y se le acercó más, acortando la distancia con su presa.
—Los secretos que uno comparte con un delincuente como yo suelen ser siempre los mismos.
dijo él con sarcasmo.
—Es que solo así podría tener al héroe para mí solita.
Pero Eve fue más allá: declaró que su único objetivo era él y puso su mano con toda la frescura del mundo sobre el corazón de Ethan. En ese momento, a él le bajó un frío por la espalda. Sintió que tal vez no era el cazador, sino la presa que había caminado directo a la trampa.
‘Evelyn Sherwood, no tienes ninguna razón para seducirme ahora’.
Esa actitud no cuadraba con la Eve que lo miraba con asco como si fuera un bicho. Ethan sintió que había algo que no sabía, y por eso, aunque tenía la oportunidad de oro frente a él, no se atrevió a agarrarla.
—Cuando yo te ofrecí este pechito, me dijiste que no te servía… ¿y ahora resulta que me quieres solo para ti?
Estaba a la defensiva, como un animal acorralado. Ya le había pasado antes: ella lo sedujo, él cayó redondito y terminó en la canasta (la cárcel). Por eso, ahora la seducción de esa mujer le daba más miedo que placer.
‘¿Qué trampa es esta? Ya no me vas a poder echar la culpa de nada, no te va a funcionar’.
—Dime la firme. ¿Qué tramas?
Eve soltó una risita burlona frente a su cara tiesa. ‘Le ofrezco el cuerpo que tanto quería y, en vez de bajarse el cierre y lanzarse, se pone a dudar’, pensó ella. Pensaba que era un animal dominado por las hormonas, pero resultó que no. Qué pena.
Eve sabía que su cambio de actitud se veía bien raro. Ethan no tenía cómo saber su plan real, pero si él sospechaba que lo estaba usando y se mandaba a mudar, ella estaría en problemas. Tenía que bajarle la guardia haciéndose la ‘niña rica’, caprichosa e impulsiva.
—Ah… supongo que esto también cuenta como una trama, ¿no?
Eve puso cara de que le daba cólera tener que decir esto frente al hombre que la abandonó, aunque por dentro se reía de la situación. Como parte de lo que sentía era verdad, no le costó mucho actuar.
—Es que… cuando pensé que podrías no volver vivo de la guerra… me dio pena. Sentí que me faltaba algo.
Pero para Ethan, ella solo se veía como alguien a quien le dolía el orgullo por tener que recoger lo que antes había botado. Ese malentendido fue el éxito total de Eve.
‘Claro, la señorita no pierde su mala costumbre’, pensó Ethan. ‘No sabe aguantarse un capricho y tiene que tener lo que quiere sí o sí. El mundo sigue siendo su juguete’.
‘¿Acaso te dio pena ver que ese ‘error’ de tu vida, al que borraste por vergüenza, volvió como un héroe al que todos admiran? Qué estúpido fui por haber amado a una interesada como tú’.
Para el Ethan de ahora, ese deseo tan descarado de Eve le daba más asco que la traición de hace años.
—Si nos ponemos a pensar… ¿no hacíamos buena pareja?
‘Evelyn Sherwood, ¿cómo te atreves a hablar del pasado? ¿Cómo puedes decirle al juguete que botaste: ‘¿no que nos divertíamos?».
Esta mujer no era una interesada. Era un demonio. Evelyn Sherwood era más cruel que cualquier desgraciado con el que Ethan se había enfrentado en el bajo mundo.
‘Espero que no me estés pidiendo que te vuelva a amar. Tú nunca me amaste de verdad’.
Pero Eve, con toda la malicia del mundo, empezó a acariciarle el pecho justo donde está el corazón y le susurró al oído con voz de serpiente.
—Esa relación sin compromisos de la que tanto hablabas… ¿por qué no me enseñas de qué se trata?
Ethan se sintió un estúpido por haberse puesto tan a la defensiva. Al final, Eve solo quería su cuerpo.
Aunque su ‘enemiga’ le estaba abriendo la puerta hacia su objetivo con sus propias manos, Ethan no sintió la alegría del ganador. Al contrario, sintió que caía en un vacío total.
‘Imbécil… ¿qué diablos esperabas?’.
¿Acaso quería que esta vez ella se enamorara de verdad? Tal vez, en el fondo, quería verla arrepentida, pidiéndole perdón de rodillas por haberlo botado.
Pero Evelyn Sherwood resultó ser una mujer más superficial de lo que él imaginaba. Y bueno, su propia inteligencia debía estar al mismo nivel por haber esperado, una vez más, algo de sinceridad de su parte.
La mano que ella tenía en su pecho subió lentamente por su cuello, como una serpiente fría. Como si creyera que él seguía siendo el mismo cordero indefenso de antes, ella metió los dedos por debajo del cuello de su camisa y lo agarró de la nuca. Eve lo miraba fijo, a una distancia peligrosa, como si fuera a besarlo en cualquier momento.
Era la misma seducción del día en que empezó esta maldita historia. Si esta vez lograba pisotear esa tentación diabólica que arruinó su vida y era él quien la botaba primero… ¿podría por fin sacarse ese clavo que tiene atracado en el alma?
Ethan abrió la boca para hablar. Pero en lugar de soltarle un insulto lleno de desprecio, solo tomó aire profundamente.
‘Aguanta. Tienes que aguantar. Por mi venganza final’.
‘Esta vez no voy a caer en tu juego. Yo soy el que te va a usar a ti’.
Parecía que ahora las cosas estaban parejas, al punto de que la gran Lady Evelyn tenía que esperar a ver qué decidía él. Ella no le robó un beso sin preguntar, como hacía antes; esta vez solo se quedó mirándolo en silencio, con duda en los ojos.
Ethan se quedó mirando esos labios rojos, que parecían manchados con sangre ajena, y agachó la cabeza. Pero lo que sus labios buscaron no fue la boca de Eve. Él le quito el cigarro que se consumía entre sus dedos y se lo puso en la boca. Justo ahí, donde estaba marcada la huella de su labial.
‘¿Qué te parece? Ya no me muero por tus labios… pero la marca de tu labial sí la puedo aguantar’.
Si ella se hubiera dado cuenta de que era una burla, con el genio que tiene, ya lo habría mandado al diablo con algún insulto venenoso. Pero Eve solo se quedó mirando cómo Ethan fumaba su cigarro con gusto, con una mirada vacía, como si no tuviera ni una idea en la cabeza.
‘Entonces tampoco sabes que este es el comienzo de tu caída. Cuando te des cuenta de que te usé… ¿qué cara pondrás?’.
Solo de imaginarlo, a Ethan se le calentaba la sangre de la emoción. Levantó la cabeza y, tal como hizo ella antes, jugó con el humo en su boca y torció los labios en una mueca. Era esa sonrisa que siempre ponía cuando empezaba una venganza.
—Con mucho gusto te lo enseño.
Eve estaba preocupada porque Ethan no relajaba la cara ni un poquito a pesar de su provocación, pero de pronto, él sonrió. Como un hombre que tiene frente a él la cosa más maravillosa del mundo. Mirándola solo a ella.
¡Bum!.
Eve sintió que el suelo se le movía. Y eso que no estaba en una jaula cayendo al vacío.
Tuvo que respirar lento para que no se le revolviera el estómago. Aunque esa sonrisa le estaba haciendo un arroz con mango en el pecho, su cerebro le decía que esto era bueno.
Ethan había caído en la trampa… y lo mejor de todo es que no la besó. Por más que él tuviera la cara de su primer amor, ella no tenía ni un pelo de ganas de besar a un monstruo.
‘¡Uff, menos mal!
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