A mi primer amor, con pesar - 72
Estuvo a punto de meterle un bofetón, pero se detuvo porque el pulgar de él estaba presionando con firmeza el punto donde se siente el pulso. Él solo estaba cumpliendo con su labor de médico de cabecera.
—Está muy pálida.
—Es porque no he podido dormir bien.
—¿Y quién se atreve a interrumpir el descanso de mi Lady?
—¿Quién más? El grupo de Constanza, por supuesto.
Ese afán de preguntar ‘quién’ en lugar de ‘por qué’ me pareció sospechoso.
—Estaremos a salvo. Aunque, más que eso, siempre me preocupa su salud, Lady.
‘A saber con qué tontería va a salir ahora’
pensó Eve mientras soltaba su muñeca del agarre de Owen.
—Estoy sana. Si no tienes nada más que informar sobre Chantal, dame de una vez los resultados del chequeo de Tony.
—Entendido.
El doctor cambió de tema hacia Tony, pero no habló de su salud, sino de otra cosa.
—El joven duque es un heredero excepcional. Ha heredado toda la perfección de usted, Lady.
Hizo una pausa en sus halagos, que no se sabía a dónde querían llegar, y luego, con una expresión melancólica, volvió a su floro:
—Pero, a veces, cuando lo veo jugando solito, me da mucha pena. Si en esta mansión hubiera otro niño con quien pudiera reír y jugar…
A Eve no es que no se le hubiera pasado por la cabeza, pero si se quedaba solo en un pensamiento era por algo. El mundo estaba lleno de víboras que querían usar su vientre para quedarse con Kentrell. Como ese tal Owen Callas, que ahora fingía hipócritamente que le importaba Tony.
—Tony se ve muy solo. Su único apoyo familiar es su hermana.
Él recalcó con fuerza la palabra ‘hermana’.
—Lady, ¿acaso no le gustaría dejar de ser la hermana de ese niño al que tanto ama para convertirse, plenamente, en su madre?
—O sea, que lo que realmente quieres decir es que quieres que tenga un hijo tuyo, ¿no?
Owen, aunque la observaba con cautela, asintió con un descaro total. De inmediato, se postró en el suelo antes de que la mano de Eve saliera volando hacia él.
—Sé que un humilde siervo como yo no tiene derecho a tener un deseo tan fuera de lugar ante usted, Lady.
Su voz temblaba. No sonaba a miedo, sino más bien a puro sentimiento.
—Pero yo también quiero ser padre. ¿Por qué soy el único que no puede disfrutar de esa felicidad que tienen todos los hombres? Incluso ese desgraciado que abandonó a la mujer que esperaba un hijo suyo vive ahora disfrutando de ser padre…
Eve no era la única que se quedaba fría al ver cómo Ethan recibía el cariño de Tony.
—Así como usted no quería este matrimonio, yo tampoco quería ser una herramienta de esta unión falsa. Yo también… tenía el sueño sencillo de ser un esposo y un padre normal.
Owen se calló de golpe y cerró los ojos con fuerza. Las lágrimas que no pudo aguantar empezaron a rodar. El secreto que confesó después era algo que Eve jamás se hubiera imaginado.
—La verdad es que… Chantal salió embarazada de un hijo mío hace unos años. Pero… lo abortó. A pesar de que le supliqué que si lo tenía a escondidas, yo me encargaría de criarlo solo…
En el rostro de ese hombre, que siempre parecía sentir un placer retorcido en el dolor de la humillación, apareció por primera vez una amargura profunda y sincera.
—Intenté querer a su hijo como si fuera mío, pero ese niño solo hace caso a su padre biológico. Ver cómo ese padre e hijo se llevan tan bien me parte el corazón. Ahí me doy cuenta de lo que pesa la sangre… Esa es la felicidad que me estoy perdiendo…
Owen no pudo seguir hablando, apretó los labios para tragarse el nudo en la garganta y, de repente, se arrodilló a los pies de Eve.
—Lady, no me malinterprete. No estoy ambicionando su linaje como hizo mi padre. Solo quiero, de forma pura, tener un hijo con usted.
—¿Y por qué no te lo haces tú mismo?
Si no tienes un hijo todavía es por tu propia culpa, ¿por qué tendría yo que parírtelo? Por más que Owen Callas se hiciera el pobrecito, a los ojos de Eve solo se veía patético.
—Como médico, sé lo difícil que es gestar y dar a luz. Pero si usted me concede esa gracia, le seré fiel de por vida como padre, esposo y como su siervo. Le daré incluso todo el dinero que tengo.
‘Si me das un hijo, te devuelvo la fortuna que te quité’.
Esas palabras, al final, significaban que quería comprar el vientre de Eve.
Ante semejante insulto, que no era más que un acoso, la sólida razón de Eve se desmoronó. Cualquier juicio frío desapareció y solo quedó una furia primitiva: las ganas de someter y pisotear al hombre que se había atrevido a burlarse de ella. Eve se puso de pie y, mirando al hombre arrodillado a sus pies, ordenó con una voz tan gélida que parecía venir del fondo del infierno:
—Al suelo.
—¡Ah…!
Entre tanto demonio, Eve también se estaba convirtiendo en uno. La reina títere había muerto, su furia ya no era una herramienta estratégica.
Cuando terminó el castigo, el hombre que se había atrevido a proponerle un trato a su ama ya no temblaba de placer, sino de una sumisión absoluta. Ya ni siquiera podía sostenerle la mirada a Eve.
—No me vengas con tonterías y de una vez dime cómo salieron los exámenes de Tony.
—Lo siento…
Owen, sin poder ocultar el dolor y sentándose con dificultad en la silla, informó sobre el estado de Tony.
—No… no hay otras anomalías, pero dicen que el soplo en el corazón sigue igual. El médico a cargo dice que hay una técnica quirúrgica nueva que tiene una tasa de éxito bien alta, así que sugiere que lo considere…
Eve, a pesar de la buena noticia, solo sintió desesperación. Poner a un niño con un tipo de sangre tan raro en una mesa de operaciones no era muy diferente a jugarse la vida en una apuesta.
Owen, que sabía perfectamente por qué ella dudaba, la observó con cautela y soltó como quien no quiere la cosa:
—Es que… he encontrado una forma de solucionar el problema de las transfusiones.
—¿Qué forma?
—Ayer en clase, el joven duque me preguntó si, en caso de que Ethan Fairchild resultara herido, él podría darle de su propia sangre.
¿Cómo es que el supuesto de que Tony dé sangre, y no que la reciba, iba a solucionar su problema? A Eve solo se le ocurría una cosa, pero eso ya no servía de nada.
—¿Estás sugiriendo que le saquemos sangre a Tony para guardarla antes de la operación? El médico ya rechazó esa idea porque Tony es muy chiquito y débil. ¿Acaso ya te olvidaste siendo su médico de cabecera?
—Con todo respeto, no me refiero a eso.
—¿Entonces?
—El joven duque dice que Ethan Fairchild también tiene un tipo de sangre raro.
—… ¿Qué?
La verdad la golpeó tan fuerte que a Eve se le cortó la respiración por un momento. Pensar que esa sangre, que ella creía que era una mala jugada del destino, era en realidad la maldición que ese hombre, Ethan, le había heredado.
‘Si te ibas a largar y dejarnos, no debiste dejar ni rastro’.
Eve se tragó su rabia por un momento. El miedo era mucho más fuerte.
—¿Y Tony se ha dado cuenta de que ese hombre es su padre?
Cuando Owen negó con la cabeza en silencio, Eve recién pudo soltar el aire que tenía retenido.
—Parecía contento de tener algo en común con él, pero no dio señales de sospechar nada. Ya le dije que hay muchos tipos de sangre rara y que eso no significa que la suya sea igual a la de él, así que no va a dudar.
El niño tenía que creer eso. Pero Eve rogaba por que no fuera la verdad.
Si realmente sus sangres eran iguales, esa sería la única forma de que el niño pudiera tener una vida sana. Aunque en ese camino se interpusiera un demonio disfrazado de salvador llamado Ethan Fairchild.
A los pocos días, el detective trajo el historial médico de Ethan. No solo coincidía con Tony en el grupo ABO, sino que hasta los factores más raros eran idénticos. Eve no pudo aguantar las lágrimas de la emoción.
‘Tony también puede estar sano. Podrá correr y jugar todo lo que quiera, como los otros niños. Quizás hasta pueda ir al colegio. Ni él ni yo tendremos que vivir encerrados en esta angustia… Dios mío, parece un sueño’.
Pero esa esperanza era, al mismo tiempo, el inicio del obstáculo más grande. Había encontrado la llave para salvar a su hijo, pero esa llave la tenía el hombre más peligroso.
Si le pedía que donara sangre, él podría darse cuenta de que Tony es su hijo. Y aunque no se diera cuenta, no era como si fuera a dar su sangre así por así. Sería como entregarle a un extraño una debilidad fatal, poniendo la vida de su hijo en sus manos para que la maneje como a un títere. A Eve le daba terror pensar en qué precio le pediría él a cambio.
‘¿Y si engaño a Ethan? Si consigo la sangre a través del ejército, como si fuera una donación cualquiera, la operación podría salir bien’
Pero, si lo engañaba una vez, ¿qué pasaría después? Nadie sabe qué otra crisis podría llevar a Tony de nuevo al quirófano. No podía pasarse la vida engañando a Ethan, ni tampoco depender de un hombre que ni siquiera sabía dónde estaba cada vez que hubiera una emergencia.
De pronto, una solución extrema pero bien clarita le cruzó por la mente.
‘Un niño con la misma sangre’.
Sí, esa era la solución perfecta. Y no solo para Tony. También para Ethan, que deseaba su cuerpo, y para ella misma, que quería que la llamaran madre. Y quizás hasta para Owen, que ambicionaba el lugar del padre… bueno, si es que llegaba vivo para entonces. Todos podrían saciar sus deseos en este trato que rompía con toda lógica.
Eve salió y miró hacia el oeste, donde el cielo se teñía de un rojo sangre por el atardecer, hacia las tierras donde él estaría, y cambió su oración.
Ay, Ethan. No importa en qué infierno estés, tienes que sobrevivir sí o sí.
Y vuelve a mí.
Esta vez te recibiré con los brazos abiertos.
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