A mi primer amor, con pesar - 71
—… Eso es lo que más quisiera.
Eve se tragó a las justas la confesión que ya tenía en la punta de la lengua: ‘Yo soy tu verdadera mamá’. Tras el alivio, le cayó encima una desesperación todavía más grande. Se odió a sí misma por tener que negarle su deseo al niño teniéndolo justo al frente.
Tony, ¿por qué habrás pedido ese deseo? ¿Por qué, teniendo a una madre que supuestamente está siempre para ti, me quieres a mí como mamá?
Tal vez el niño lo sentía por instinto. Que todo ese amor exagerado de Chantal no era más que una farsa.
¿Será por eso que, aunque creció con todos los lujos, siempre andaba haciendo berrinches como si no tuviera nada? Quizás el alma de ese niño, hambrienta de un amor de verdad, se la pasaba llorando todo el tiempo.
Al darse cuenta de eso, Eve se desplomó frente al pequeño. Abrazó con toda su alma a esa criaturita que debió haber estado llorando a solas hasta ahora. Se le hizo un nudo en la garganta al aguantar el llanto, solo pudo susurrarle la confesión que llevaba tanto tiempo guardada:
—Tony, yo también quiero ser tu mamá.
Mi hijo me quiere. Solo ese hecho le daba sentido a todas las batallas de Eve. Por eso, ella juró:
‘Tú eres el único amor puro que brilla en mi vida. Por ti, soy capaz de convertirme en lo que sea, aunque deje de ser yo misma’.
‘Eve… Eve es mi mamá de verdad’.
Tony estaba seguro. Tenía ganas de gritar y saltar de la alegría, pero se aguantó. La mamá que lo abrazaba se sentía como un pajarito asustado. Pensó que si hacía bulla, esta felicidad y este abrazo tan calientito se esfumarían en un segundo.
En vez de eso, el niño se quedó quieto, abrazado a ella mientras miraba hacia la ventana. De reojo, miraba el reflejo de su mamá en el vidrio oscuro. Se veía como si le doliera algo, como si estuviera a punto de llorar.
La mujer que todo el mundo conoce como la madre de Tony nunca pone esa cara. Siempre estaba sonriendo, aunque al principio era cómodo, de un tiempo a esta parte le empezó a incomodar. Parecía una muñeca sin sentimientos.
‘Lo sabía, ella era de mentira’.
¿Por qué tengo que decirle ‘mamá’ a alguien de mentira? ¿Por qué no puedo llamar así a mis verdaderos papás?
Un montón de preguntas que no entendía le daban vueltas en la cabeza, pero Tony decidió no decir nada. Sintió por instinto que era un secreto peligroso que no debía contarle a nadie.
Le pasó lo mismo hace un ratito, cuando estuvo a punto de preguntar: ‘¿Tú eres mi mamá, no?’. Apenas vio la cara de terror de Eve, lo supo. En el momento en que confesara que sabía el secreto más terrible de su madre, todo se iba a hacer pedazos.
Por eso, Tony prefirió quedarse callado. Aunque le desesperaba, podía aguantar por el bien de todos. Pero había una pregunta que le carcomía la curiosidad y no podía evitar:
‘¿Mi papá sabrá que soy su hijo?’.
‘¿Por qué mi mamá me entregó a otra persona? ¿Me botó porque no me quería? ¿Entonces en verdad le caigo mal?’.
Seguía sin entender por qué le dio su hijo a esa mujer mala. Pero esa expresión de dolor que puso Eve al decir que quería ser su mamá, le dio todas las respuestas sin necesidad de palabras.
‘Mi mamá no me botó porque no me quisiera’.
‘Mi mamá me ama’.
Solo con saber eso, Tony sintió que podía aguantar cualquier otra cosa fea que pasara.
Estando en los brazos de su mamá, aprendió algo nuevo. Que cuando el corazón está lleno, te da sueño, igual que cuando estás con la barriga llena.
Tony hundió la cara en ese abrazo tan acogedor y cerró los ojos.
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Ya fuera por naturaleza o por crianza, esa terquedad de Tony era, sin duda, herencia de su padre biológico. Porque, desde entonces, Ethan no se había cansado de lanzarle a Eve toda clase de tentaciones mañosas para convencerla.
A veces, llegaban momentos peligrosos. Momentos en los que ella tenía que recordar esa noche en la que él la abandonó sin piedad, solo para no flaquear en su decisión.
Pero, curiosamente, el héroe que terminó salvando a Eve de ese ‘enemigo’ que intentaba invadir su cama, fue el enemigo de la patria.
Ese mal presentimiento que Eve tenía desde que vio al ejército reunirse en la costa se hizo realidad a finales de agosto. El enemigo del norte había invadido por el mar del sur.
Por un pelito, Cliffhaven, que estaba en el extremo sureste, se salvó de ser el lugar del desembarco.
Sin embargo, la guerra no estaba lejos. El estruendo de los cañones en Wilmer’s Bay, el punto de invasión, hacía vibrar las ventanas de la casa de Eve. El horizonte hacia el oeste se teñía de destellos y los restos carbonizados de los barcos hundidos llegaban arrastrados por las olas hasta la base del acantilado.
Gracias a la defensa brava del ejército de Mercia, Cliffhaven aún no había sufrido ni un bombardeo, pero corrían rumores feos de que unas unidades paracaidistas del enemigo habían caído por error en zonas cercanas, así que nadie podía estar tranquilo.
Ese miedo a la guerra, que antes solo veía por las noticias, ahora se sentía en carne propia. Desde ese día, Eve convirtió la mansión en un fuerte. No solo reforzó la vigilancia, sino que ordenó tapar todas las ventanas con tablones y clavos. A Tony ni siquiera lo dejaba salir al jardín.
Desde el día de la invasión, los oficiales no volvieron a sus dormitorios en White Cliff Hall. Ethan tampoco.
Desde el primer día, Tony se la pasaba pegado a la radio todo el día.
-¡Le damos al pueblo la noticia de la victoria! Esta madrugada, las fuerzas de Constanza, que pretendían invadir nuestro mar del sur, fueron destrozadas ante la defensa de hierro del valiente ejército de Mercia.
—Ethan debe estar ahí, peleando como un valiente, ¿no?
-Incluso los pocos enemigos que lograron romper la línea de defensa y meterse tierra adentro, han sido rodeados y aniquilados por nuestros orgullosos paracaidistas.
—¡Fijo que fue Ethan el que los lanzó desde el cielo!
En el corazón del niño, Ethan Fairchild era un héroe de guerra invencible. Pero, poco a poco, el pequeño iba aprendiendo cómo era el mundo de los adultos. Esa realidad cruel de que el nombre de un héroe no solo sale en las noticias de victoria, sino que también puede terminar en la lista de los caídos en combate.
Cada mañana, apenas abría los ojos, Tony lo primero que hacía era revisar el periódico para confirmar que el nombre de Ethan no estuviera en la lista de muertos.
Eve también deseaba de todo corazón que él sobreviviera. Pero como para ella él no era un héroe, sino un traidor cobarde, su oración por ese hombre llegaba solo hasta ahí.
Que Ethan Fairchild sobreviva, pero que nunca más regrese a White Cliff. Nunca.
Eve no dudaba de que su pedido se cumpliría. Una vez que expulsaran a todos los enemigos de aquí, las tropas serían enviadas de vuelta al norte, donde estaba el frente principal.
Claro, Tony todavía no sabía eso. Se pondrá muy triste cuando llegue el día, aunque ese hombre no valga ni una sola de sus lágrimas.
‘Espero que tampoco te enteres de eso’.
Eve hizo un pedido más. Que esa despedida inevitable fuera solo un dolor de crecimiento natural para el niño, que no le doliera demasiado.
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Ya van tres días desde que Eve se encerró en esta mansión, no solo de mente sino también de cuerpo. Ese día tocaba el reporte periódico del médico de cabecera sobre el chequeo de salud de Tony.
Pero, desde que el doctor se volvió un infiltrado de Eve, ese reporte no era más que una fachada.
—Chantal ya no puede pegar el ojo si no toma pastillas para dormir.
Owen empezó informando sobre los movimientos de Chantal.
—¿Será que no puede dormir por culpa de Ethan Fairchild?
—Ese es el motivo principal. Tiene un miedo de que él se acerque a usted, Milady, para tener un heredero y así quedarse con todo el control de la familia…
—Ja…
Owen examinó el rostro de la dama mientras ella soltaba una risa burlona, buscando alguna señal de sinceridad.
—Qué bruta es. ¿Por qué iba yo a querer meter a otro parásito más en mi propia casa?
Él soltó un suspiro de alivio para sus adentros y siguió con el reporte.
—La segunda razón es que Tony ya no le hace caso a Chantal últimamente.
—Esa mujer debe estar sintiendo que ya no tiene espacio aquí. Si se largara por su propia cuenta antes de que la boten, se ahorraría pasar una vergüenza mayor.
—Yo también he tratado de darle vueltas al asunto para que se vaya sola, pero parece que todavía no tiene intenciones de hacerlo.
Botar a Chantal no era difícil, pero no podían hacerlo así nomás. Esa mujer era la tutora legal del Duque, que todavía era menor de edad. Pero lo más aterrador sería que Chantal, en un plan suicida, decidiera soltar toda la sopa y revelar el secreto. Eve, como sea, lograría sobrevivir. Pero a Tony le quitarían el título y terminaría convertido en un hijo ilegítimo. Ella no podía lanzarle una desgracia tan cruel al niño.
Se sentía como vivir con un tumor en el cuerpo que no puedes extirpar porque, si lo haces, te mueres.
—Dile para tranquilizarla que Tony solo está pasando por una etapa de rebeldía, que si lo trata bien como siempre, tarde o temprano volverá a hacerle caso.
Aunque parecía que Tony ya le había cerrado el corazón a su ‘mamá’, era mejor tener a Chantal calmada, no fuera a ser que cometiera una locura que terminara dañando más al niño por querer recuperar su afecto.
—Claro que sí. Confíe en mí, Milady.
Owen se quedó mirando fijamente a Eve. Como un perro fiel que obedece las órdenes y espera una caricia de su dueño.
—Lo estás haciendo bien.
Fue justo en ese momento, mientras ella le daba unas palmaditas ligeras en el dorso de la mano como si estuviera tratando con un perro de verdad. Owen le agarró la muñeca a Eve. Qué atrevimiento, ponerle las manos encima a su dueña sin permiso.
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