A mi primer amor, con pesar - 69
Entonces, solo quedaba una forma de sembrar a su hijo en el vientre de esa mujer: seducirla con palabras dulces hasta que ella misma lo dejara entrar en su cama.
¿Acaso esto sería fácil por el hecho de ser un pobre idiota que todavía la amaba? Para nada. Amarla hacía que todo fuera más infernal.
Ethan se tragó la rabia que le subía por la garganta y los pedazos de su orgullo destrozado. Las bestias siempre se agachan antes de cazar.
En su lugar, soltó una risa fría.
‘Casi que debería darte las gracias. Por no dejar que yo mismo me crea mi propio floro’.
Gracias a eso, todo quedó clarito: Evelyn Sherwood nunca lo había amado de verdad. Si lo hubiera amado, no habría podido esconder su nostalgia, tal como le pasaba a él. Habría tenido aunque sea un poquito de duda o de nervios al escucharlo pedir que volvieran a empezar.
Pero Eve solo le devolvía un desprecio purito. ‘¿Qué significaron para ti nuestros recuerdos? Esa mirada fría, esa actitud de hielo…’. Sí, quizás Evelyn Sherwood ni siquiera lo había traicionado; simplemente nunca lo amó de verdad.
‘Qué sonso fui al creer que el impulso pasajero de una desalmada que no entiende el amor, era amor de verdad’.
Ethan se hundió en la furia, igual que cuando se derrumbó al recibir esa carta de despedida donde ella rogaba que le dieran el peor castigo. Pero ya no tenía diecinueve años; ya no era ese chiquillo débil que se ponía a llorar.
‘Mejor así’.
Esa mujer todavía no se arrepentía de haberlo usado como un juguete para luego botarlo cuando se rompió. Con esto, su última venganza ya tenía una justificación.
‘Ya no tengo por qué sentirme mal si te uso para quitarle tu apellido a tu familia y ponerle el de los Fairchild’.
—Ethan….
Eve lo miraba con una sonrisita ligera. Ese aire de reina perdonándole la vida a un condenado a muerte le reventaba.
—Si lo que quieres es que volvamos a empezar, lo siento, pero me gusta mi vida tal como está ahora. Así que espero que busques un nuevo amor en otro lado.
Maldita sea. Aunque ya esperaba que lo choteara al principio, Ethan tuvo que tragarse otra vez su orgullo hecho trizas.
‘¿Cuándo he dicho yo que quería jugar de nuevo al amor de chibolos pobres?’.
Él sabía perfectamente que la duquesa, toda interesada ella, ya se había aburrido de ese jueguito de niños. Pero ahora no era momento de rugir. Era momento de agachar la cabeza para poder cazar.
—Sé que todavía no doy la talla para ser tu esposo.
En un segundo, el corazón de Eve dio un vuelco. En esas palabras de Ethan, llenas de reproche hacia sí mismo, ella vio al hombre puro que él era antes de que todo se arruinara.
De forma tonta, una visión cruel volvió a nublarle la vista, y esa esperanza vana de que quizás no era tarde para volver a la realidad brotó como un hongo venenoso.
Pero al momento siguiente, Ethan pisoteó ese brote de esperanza sin ninguna piedad.
—Quizás esté jalado como candidato a esposo, pero en la cama no me iba nada mal, ¿no? Piensa en eso como un valor útil. Olvidémonos de cosas pesadas como los sentimientos, y estemos juntos solo cuando nos necesitemos, sin reclamos después. ¿Qué te parece?
Eve se quedó mirando al hombre frente a ella como si fuera un bicho raro que nunca había visto.
‘Tal vez Ethan Fairchild no sea un demonio’.
‘Es simplemente un animal en celo’.
¿Acaso siempre fue un animal así? Sí, quizás ese ‘Ethan puro del pasado’ nunca existió.
Esa frase tan vulgar hizo que Eve reescribiera toda su historia. Sus recuerdos puros con su primer amor se sintieron, en un segundo, como una hipocresía asquerosa.
Nuevamente, apareció en la cara de ella ese asco, como si estuviera viendo a un insecto; pero, increíblemente, esta vez Ethan se sintió aliviado.
Porque ese asco era puramente por su propuesta de una ‘relación sin sentimientos’. Al menos, parecía que todavía no había ningún tipo cumpliendo la función de desfogue para los deseos de Lady Evelyn. Ese solo hecho lo satisfacía, ganándole incluso al rechazo directo de ella. De verdad, qué corazón tan idiota tenía.
Parecía que lo iba a chotear con otro de sus sermones, pero Eve abrió su bolso y sacó un lapicero. Garabateó algo en un posavasos de papel y se lo entregó.
Eran los datos de su cuenta bancaria.
—Si me devuelves todo el dinero que me queda en esta cuenta…
La sangre de Ethan se congeló al instante. ‘¿Esta gringa se ha criado en un invernadero y no sabe qué significa esto?’.
—Una relación carnal donde hay dinero de por medio… esa es la definición exacta de prostitución….
Si fuera cuestión de pagar por sexo, todo sería mucho más fácil. Mucho mejor que andar pisoteando su propio orgullo y haciendo payasadas para que la duquesita se digne a abrir las piernas. El problema era que, aun sabiendo eso, Ethan Fairchild destruyó esa oportunidad por ser un idiota contradictorio que no podía soportar ver a la mujer que ama convertida en una prostituta.
—¿Acaso Lady Evelyn me está diciendo que va a vender su cuerpo?
Justo cuando Ethan le señalaba su error, Eve soltó una carcajada tan fuerte que el vino de su copa casi se derrama.
—Si fuera a vender mi cuerpo, ¿por qué te lo vendería a ti?
No había sido un error por ignorancia. Fue un insulto bien calculado. La mujer, que acababa de pisotear su orgullo sin asco otra vez, sacó un cigarrillo con elegancia y lo puso en su boquilla.
Se quedó saboreando su victoria mientras veía cómo a él se le desencajaba la cara, y cuando ya se había saciado, volvió a burlarse de él.
—¿Verdad que tenía a un experto en prostitución justo al frente mío?
Lo soltó como un insulto, dando a entender que un maleante como él debía entrar y salir de los burdeles como si fuera su propia casa.
‘¿Por quién me toma?’.
Pero Eve no lo estaba llamando ‘perro de burdel’ solo por fregar.
—¿Acaso el negocio de la prostitución no lo manejan las pandillas?
—Yo no me meto en eso.
—Ah, entonces no debes saber mucho. Qué pena, tenía una duda y como no tenía a quién preguntar, estaba pensándolo.
¿Qué diablos le podía interesar a Duquesa Kentrell sobre el negocio de la prostitución? Ethan sintió que la conversación se estaba descarrilando de lo que él había planeado, pero no le quedó de otra que subirse al tren bala de Eve.
—Bueno, algo sé. ¿Qué es lo que quieres saber?
Pero lo que ella quería saber era….
—Me enteré de que hay hombres en este mundo que sienten placer siendo esclavos de una mujer que los domine como una reina.
¿Parafilia?
Ethan sintió una punzada de pánico, como si fuera un fanático religioso ante una blasfemia. Era la furia de sentir que el recuerdo de su primer amor, que aunque fuera una hipocresía para él seguía siendo sagrado, estaba siendo pisoteado con pies cochinos.
Claro que Ethan también tenía deseos que no podía decir en voz alta. Pero para él, Eve era un ídolo tan sagrado que prefería aguantarse antes que mancharla con deseos carnales tan bajos. Y ahora, resulta que alguien se había atrevido a corromper esa santidad que él tanto cuidaba.
Ethan no lo podía creer. Eve, incluso hablando de fetiches raros, mantenía esa cara de dama noble y elegante que parece no saber nada de las asquerosidades que pasan en los callejones.
Pero el tono de Eve tenía una seguridad extraña, algo que iba más allá de la simple curiosidad por las cosas raras del mundo. Parecía alguien que ya había lidiado con un tipo así de enfermo.
—Si sabes de esto, ¿podrías enseñarme cómo se hace?
En ese instante, a Ethan se le soltó un tornillo.
‘¿Quién mierda fue?’.
Sintió unas ganas locas de matar a alguien, como un perfecto idiota.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
Tony, escondido dentro de la chimenea tapada por una rejilla, repasaba las reglas de oro del espía que leyó en su libro.
Regla uno: No moverse por nada del mundo. Aunque se te adormezcan las piernas, te aguantas. Aunque te pique la nariz, ni te rasques.
Regla dos: No hacer ni un ruido. Ni siquiera el de la respiración. ¡Y mucho menos un estornudo!
Aunque el polvo y la ceniza que flotaban en la chimenea le hacían dar cosquillas en la nariz, Tony aguantó con los ojos bien abiertos. Si fallaba, se perdería los secretos de los villanos.
—Tenemos que botar a Ethan Fairchild de aquí ahora mismo. Owen, ¿todavía no se te ocurre nada bueno?
Según sus observaciones, esos villanos se reunían a escondidas en el cuarto de la bisabuela o en el salón de estudio de Tony. Pero no tenían un horario fijo. Por eso siempre se los perdía, pero hoy tuvo la suerte de estar escondido en el salón cuando aparecieron.
—No es momento de esperar a que se vaya solo. A este paso, Eve podría terminar embarazada de nuevo de Ethan Fairchild.
¿…De nuevo?
Tony se quedó tan frío con esa frase que por poco se olvida de las reglas de espía y suelta un ‘¡Asu!’.
‘De nuevo’. ¿Eso no significaba que Eve ya había tenido un bebé de Ethan antes?
¿Y qué pasó con ese bebé?
¿No seré… yo?
Tony finalmente consiguió una pieza clave del gran rompecabezas que lo llevó a jugar al espía en su propia casa. Quizás ahora sí se descubriría toda la verdad.
‘Por favor, digan algo más’.
Digan que Tony es ese bebé, que Eve y Ethan son sus verdaderos papás.
Su corazón latía a mil. Tenía miedo de que el ruido de sus propios latidos le impidiera escuchar la verdad, así que rompió la regla y se asomó hacia adelante justo cuando….
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com
Deja una respuesta
You must Register or Login to post a comment.