A mi primer amor, con pesar - 111
El niño, que nunca fue muy bueno escondiéndose, los observaba con casi todo el cuerpo expuesto desde la esquina al final del pasillo. Su mirada delataba una curiosidad naciente por los complicados asuntos de los adultos.
Daba la impresión de que Tony correría en cualquier segundo a preguntar:
Eve, ¿por qué está llorando Ethan?
Porque nuestro hijo murió.
Pero Eve….
Esos ojos de la verdad la miraban fijamente.
Yo estoy aquí, vivo.
Esa mirada transparente se sentía tanto como un espejo de juicio que Eve no pudo soportar ver al niño a los ojos y volteó la cara. Antes de que el pequeño pudiera descubrir los rostros feos y desnudos de los adultos engañándose entre sí, Eve llevó a Ethan al dormitorio.
Click.
En el momento en que cerró la puerta, un brazo grueso atrapó la cintura de Eve y un cuerpo caliente se presionó contra su espalda. ‘Aferrarse’ sería una descripción más precisa que ‘abrazar’.
Su desesperación se transmitía puramente a través del roce de la piel. Ethan apoyó su mejilla contra la oreja de ella, exhalando respiraciones irregulares y húmedas.
—Si tan solo… te hubiera mirado una vez más ese día… si hubiera extendido mi mano sin importar cuánto te odiara….
Thump.
El impacto retumbó en sus tímpanos. Había pensado que era el sonido del viento sacudiendo la ventana, pero lo que se sacudía sin remedio ahora era el corazón de Eve.
Ethan se arrepiente de haberme abandonado.
Era el mismo arrepentimiento por el que había pasado incontables noches durante diez años anhelando; el arrepentimiento del que finalmente se había rendido tras enfrentarse al hombre que había regresado como un monstruo de arrogancia y autosuficiencia.
Drip.
El remordimiento que Ethan derramaba empapó la mejilla de Eve. Sus lágrimas estaban tan calientes que dejaban un rastro abrasador. Tal vez, dentro de él ahora, ardía un fuego de arrepentimiento que nunca se apagaría, consumiéndolo desde el interior.
Era el momento que ella había deseado más que nada, pero mientras él se retorcía en un dolor insoportable, ella no sintió el alivio de un rencor de años siendo saldado. En cambio, el pecho le dolía con un ardor punzante.
—Si yo hubiera… para este momento, nosotros….
Eve terminó la frase que Ethan no se atrevía a completar.
¿Habríamos sido felices? Quizás nos habríamos peleado sin parar, odiándonos igual que ahora, pero seríamos una pareja de esposos discutiendo por el regalo de Navidad de un niño, en lugar de enemigos destruyéndose el uno al otro.
Absurdamente trivial, dolorosamente ordinario.
Ese día, a los dos les robaron el uno al otro, al hacerlo, les arrebataron su pequeña felicidad.
—Ugh….
Antes de que pudiera darse cuenta, se le escapó un sollozo. Mientras ella se cubría la boca instintivamente por la vergüenza, la mano en su cintura la hizo dar la vuelta.
Los brazos anchos de Ethan la envolvieron profundamente, como si estuviera uniendo piezas rotas. Un susurro quebrado se hundió en el pecho de Eve.
—…Perdóname.
—…¿Qué?
—Perdóname….
Lo único que finalmente quebró a Eve —quien se había mantenido firme ante los incontables insultos hirientes que Ethan le había escupido— fue una sola disculpa sincera.
—¿Por qué… por qué me dejaste si ibas a terminar arrepintiéndote? ¡Por qué!
Regresando a su versión de diecinueve años que se quedó sola en aquel acantilado hace diez años, Eve golpeó su pecho. Esa pared sólida, que parecía que nunca flaquearía, se agitaba impotente bajo sus puños.
Uno no le grita a una pared. La boca que permaneció bien cerrada ante un monstruo con el que no se podía razonar, finalmente se abrió ante un humano capaz de sentir remordimiento. Solo ahora podía finalmente soltar todo el resentimiento que había reprimido con tanta fuerza, pero….
—Yo, yo… tú….
Sus palabras quedaron sepultadas bajo los sollozos que estallaban. La mano que había estado acunando y acariciando la cabeza de Eve mientras lloraba con pena, de pronto se volvió feroz. Ethan empujó a Eve hacia atrás, la sujetó de ambos hombros como para aplastarlos y la miró a los ojos.
—¡Entonces, por qué demonios tú lo hiciste!
Aún mirándola con ojos empapados de culpa, comenzó a culparla a ella.
—Si ibas a volver a mí al final, por qué en ese entonces….
¿Qué era exactamente lo que quería resentir? Quizás sabiendo que no tenía motivos para culpar a la Eve de aquel tiempo, Ethan se mordió el labio sin terminar la frase.
Una vez más, como un hombre que ha perdido ambas piernas para sostenerse, se desplomó débilmente hacia abajo. Apoyó la frente contra el vientre bajo de Eve —el lugar que él creía que era una tumba vacía. Entonces, suplicó desesperadamente.
—Dime que es mentira…. Por favor….
La mano de ella se hundió en el cabello del hombre que sollozaba. Imitando el torpe consuelo que él le había ofrecido hace unos momentos, Eve se mordió el labio, soltándolo una y otra vez.
¿Debería decírselo? ¿O no debería?
Mientras observaba al hombre retorcerse en la culpa de haber matado a su propio hijo, un sentimiento de culpa comenzó a asomar también en el interior de Eve. Esa figura desesperada, deseando que esta tragedia catastrófica fuera una mentira, era maldítamente similar a ella misma.
Mientras se debatía en lo más profundo de este feroz conflicto, una compasión incontrolable le subió hasta la garganta. Finalmente, los labios bien cerrados de Eve se abrieron apenas un poco. Un aliento tembloroso empujó la verdad que podría salvarlo hasta la punta de su lengua.
Sí, es mentira.
El niño de hace diez años, este niño que crece en mi vientre ahora… ambos están vivos y respirando.
Yo también lo siento. Tú me engañaste, así que yo te engañé a ti. Todo esto no es más que una farsa ridícula que monté para escapar de tus garras.
…Si ella se confesara así, ¿Ethan sonreiría y le daría las gracias?
No.
Él estallaría en furia porque ella se atrevió a jugar con él, le daría una bofetada en toda la cara. La agarraría del cabello y se la llevaría arrastras para encerrarla. Tal como hizo su padre.
Luego, él le arrancaría lentamente la carne de los huesos y la mataría en agonía. Tal como él le había hecho a su padre.
Un escalofrío helado recorrió su columna vertebral. Las manos grandes que actualmente la sujetaban podrían volverse en cualquier momento para estrangularla.
Reacciona, Evelyn Sherwood. ¿Vas a dejarte engañar por el diablo otra vez y quedar atrapada en esas garras?
Mirando hacia atrás, siempre fue la confianza prematura lo que había empujado la vida de Eve al fango.
Chantal, a quien no había dejado de lado para mantener su fe, la había traicionado. Owen, a quien creía una buena persona, era un secuaz de los demonios. Y Ethan, de quien nunca había dudado que la amaba… ¿acaso no la había abandonado cruelmente porque se amaba más a sí mismo?
La tonta creencia de que los demás poseían corazones llenos de sangre caliente igual que el suyo… esa fue la razón exacta por la que Eve había perdido sus alas y estuvo atrapada en esta jaula durante diez años.
No repitas el mismo estúpido error. Si te encierran aquí de nuevo, nunca podrás volver a soñar con la libertad.
Eve tragó a las justas la confesión que habría sacado a Ethan del infierno y que, al mismo tiempo, la habría soltado a ella en ese mismo abismo. Como si estuviera aplastando la fe remanente en la humanidad que aún no podía desechar, se mordió el labio y hizo un voto.
No confiaré en nadie más.
Con terquedad, Eve se limpió firmemente las lágrimas que fluían. Una vez que sus ojos húmedos se secaron, la piedad por el hombre que sollozaba a sus pies empezó a parecer un lujo.
Porque al final, solo eres un ladrón como ellos, que está aquí para robar lo que es mío.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
¡BOOM!
La tarde siguiente, un rugido atronador golpeó el Salón de White Cliff como si fuera a destrozar los ventanales de vidrio.
Eve especuló basándose en el sentido común. ¿El enemigo estaba lanzando otro ataque sorpresa? ¿O tal vez otra parte del acantilado se había derrumbado?
—Señora, el encargado del Castillo Kentrell ha enviado un informe.
Sin embargo, la identidad de la explosión que el mayordomo transmitió tras recibir el contacto urgente estaba mucho más allá de los límites del sentido común.
Algún loco había detonado dinamita a plena luz del día, volando por los aires todo el cementerio de la familia Kentrell.
La escena con la que Eve se encontró en el castillo estaba más cerca de la muerte que de un camposanto. Parecía un campo de batalla que había sido bombardeado.
Fragmentos de ataúdes destrozados habían volado por todas partes, algunos incluso rodando por la entrada del cementerio.
A medida que se acercaba al lugar de la explosión, las lápidas partidas por la mitad estaban hundidas en el lodo, profanando los nombres grabados en ellas.
El punto donde los explosivos habían detonado era aún más espantoso. La tierra, donde los muertos habían tomado su descanso eterno, se abría como una boca negra que conducía al infierno.
¿A dónde se fueron todos los demonios que ocupaban esta tierra? ¿Cayeron al infierno?
El encargado del castillo, al no tener forma de saber qué estaba pensando la Princesa de Kentrell mientras miraba hacia las tumbas familiares excavadas, se movía inquieto de un lado a otro.
—Pensé en llamar a la policía, pero me pareció que lo mejor sería que la Señora decidiera….
—¿La policía? Es una pérdida de tiempo para todos.
¿Acaso no sabían todos exactamente qué clase de loco era el culpable?
En el cementerio de Kentrell, solo dos tumbas habían sido voladas: la de su padre y la de Harry.
Las tumbas seguían aquí, aunque estuvieran hechas pedazos, pero ¿a dónde se habían ido sus dueños?
Incluso si hubieran estado enterrados por diez años, ¿no debería quedar al menos unos cuantos fragmentos de hueso? Sin embargo, habían desaparecido sin dejar rastro.
—Dios mío, ¿será que los perros sintieron el rastro….
La pregunta de Eve fue respondida naturalmente en el momento en que el encargado vio a una jauría de perros pululando más allá de la cerca baja.
—Espera, ¿qué es… eso?
Los perros hundían sus hocicos en un montón blanquecino, olfateando sin cesar. Al mirar más de cerca, los objetos eran restos humanos.
Madara Info
Madara stands as a beacon for those desiring to craft a captivating online comic and manga reading platform on WordPress
For custom work request, please send email to wpstylish(at)gmail(dot)com