Por qué el Duque del norte vaga por los campos nevados - 63
—Bueno. Hoy no se me viene nada especial a la mente.
—Qué pena. Esperaba que te acordaras de algún recuerdo de nosotros dos…
Eileen hizo un pucherito, pero al toque soltó una risa alegre y se levantó.
—¿Y si vamos al invernadero…?
Justo cuando Eileen estaba hablando, Tarion regresó y le susurró algo al oído a Agnes. Ella puso una cara de sorpresa, se recompuso un poco y miró a Kaylock.
—Kaylock.
Él, que estaba engriendo a Theo, levantó la vista.
—Dicen que Sion ha llegado.
Ah.
A Aubrianna se le detuvo la mano por un instante. Kaylock, que no se perdía de nada, lo notó al vuelo y su mirada se volvió helada.
—Lo estuve dejando pasar, pero al final se atrevió a venir.
Se levantó despacio y le entregó a Theo a Aubrianna.
—Vuelvo pronto.
Luego se inclinó y le susurró al oído con una ternura que contrastaba con sus palabras:
—Voy a dejar a ese perro medio muerto.
Kaylock desapareció dentro del edificio y Agnes salió a caminar otra vez con Theo, que andaba inquieto. En cuanto se quedaron solas, la cara de Eileen se transformó y se puso amarga.
—Dime, ¿qué tal te va haciendo de amante? ¿Te diviertes?
Esa forma de hablarle de frente ‘de tú’ y con desprecio era de risa. Aubrianna esbozó una sonrisa.
—No me va nada mal.
‘Mira tú a esta’
La cara de Eileen se desencajó por el fastidio.
—Qué bien te la tenías guardada.
—Lo mismo digo de usted, señorita Lotte.
—¡Ja! Te dabas de pobrecita, de sufrida, pero resultaste ser una viva de lo peor.
—Pienso exactamente lo mismo de usted.
¡Agh!
—¡Ay! Eres una ordinaria, de verdad.
Al final, Aubrianna no supo qué responderle a eso. Mal que bien, la señorita Lotte no era una persona ordinaria en el sentido estricto.
—Siento decírtelo, pero me voy a casar con el Duque sí o sí.
Ante esa declaratoria, Aubrianna negó con la cabeza.
—Lo siento, pero esa es decisión del Duque.
Sin embargo, Aubrianna también tenía que casarse con Kaylock. Todavía no sabía quién quería matarlos a ella y a Theo, así que necesitaba esa protección. Aubrianna la miró fijamente.
—¿Usted ama al Duque?
Tenía que preguntárselo. Siendo la hija del conde Lotte, seguro tendría mejores oportunidades; se preguntaba si de verdad le hacía ilusión un esposo que vivía en el frío norte y que se iba a la guerra varios meses cada otoño.
—Sabía que eras una tonta, pero…
A Eileen ya se le estaban escapando las lisuras
—No pensé que fueras tan calabaza.
En ese momento, un viento fuerte sopló y los pétalos delicados de las flores volaron por el aire. Eileen recogió uno, lo aplastó entre sus dedos y se rió con ganas.
—Yo ahorita no tengo opciones. O es el Duque o ese enfermo de Cedric.
Sus ojos verdes brillaron de una forma exagerada.
—Además, Kaylock es un hombre que cualquiera se querría ganar, ¿o no?
Eileen se levantó lentamente.
—¿Amor? ¿Por ese sentimiento tan insignificante fuiste capaz de tener un bastardo que ni siquiera va a poder llevar el apellido de la familia?
—Eso…
Le costaba decir ‘yo no quise que esto pasara’. ¿Realmente el embarazo de Theo había sido solo intención de Kaylock?
—Te quedaste embarazada justo cuando yo estaba viendo si me comprometía o no con el Duque. Y todo mientras te dabas aires de amor sufrido.
—No es así.
Intenté defenderme, pero mi voz ya estaba temblando.
—Déjame decirte bien clarito en qué situación va a terminar ese bebé.
dijo Eileen, dándose aires de grandeza mientras contaba con los dedos
—Primero: puede que en esta casa no sepa, pero afuera, ese niño tendrá que llamar a Kaylock ‘Duque’ y no ‘papá’. Esa es la ley de los nobles.
Me miró con un asco profundo antes de seguir.
—Segundo: ponle que crezca y entre a la Academia. Como es hijo de un duque, entrará, pero como no tiene un apellido reconocido, será un noble que no es noble; va a vivir marginado. ¿Quién va a querer ser su amigo? Se va a quedar solo…
Justo en ese momento…
—Te preocupas demasiado.
Una voz helada se escuchó detrás de ellas. Era Kaylock, que venía caminando con Theo en brazos. Eileen, que estaba tan metida en su discurso que no lo sintió venir, se puso roja como un tomate y empezó a temblar.
—Hablo de meterte con el hijo de otro, ¿no te parece?
Kaylock se acercó a Aubrianna y le acarició la mejilla con ternura mientras le susurraba
—Mi Theo no pasará por nada de eso.
Le secó las lágrimas que le rodaban por la cara y le dijo:
—Así que ya no llores.
Eileen, toda nerviosa, trató de justificarse:
—Duque… es que yo solo quería explicarle a la señorita Morel, que no sabe nada de estas cosas…
—Primero, lo mejor será que pidas disculpas.
—¿Qué?
‘¿Me está pidiendo que le pida perdón a una simple empleada?’
Eileen apretó los puños, herida en su orgullo.
—Escuchando lo que decía la señorita Lotte, me acabo de acordar de una de las promesas que le hice a Aubrianna.
Al oír eso, Aubrianna abrió los ojos de par en par, sorprendida.
—¿Qué cosa…?
—Que el hijo que tuvieras sería mi único heredero.
Al escuchar las palabras de Kaylock, Aubrianna se puso pálida. ‘¿Acaso acaba de recuperar la memoria justo ahora?’.
Por otro lado, Eileen, pálida pero por el susto, balbuceó:
—D-duque… ¿Acaso ya se acordó de todo?
—Gracias a la señorita Lotte.
Kaylock asintió con la cabeza
—Bueno, ya que has insultado al futuro heredero de la familia Tennant y has ofendido a su madre, lo justo es que te disculpes, ¿no crees?
Ante la presión, Eileen soltó las palabras con los labios temblando:
—L-lo siento. Lo lamento mucho.
Agnes, que regresó tarde, miró el ambiente tan tenso sin entender nada.
—¿Qué ha pasado?
—Me retiro a mi habitación.
dijo Eileen y se fue volando con una cara de víctima, a pesar de que ella fue la que empezó todo el daño. Agnes miró a los dos.
—Insultó a Aubrianna. Y a Theo también.
Al ver los ojos rojos de Aubrianna, la expresión de Agnes se volvió gélida.
—¿Se atrevió a hacer eso en mi propia casa?
La reacción de Kaylock se podía esperar, pero la de Agnes fue sorprendente. Hace un momento parecía llevarse muy bien con Eileen, pero que cambiara de bando así de rápido dejó a Aubrianna desconcertada.
—Pensé que no era una mala chica y quise tratarla bien, pero que te haya insultado a ti y a Theo es imperdonable. Qué sinvergüenza.
Aubrianna sintió un vuelco en el corazón, una sensación cálida que la invadió.
‘De verdad hablaba en serio cuando dijo que quería adoptarme’
Me limpié las lágrimas con la mano, como si el viento me hubiera metido una basurita en el ojo. El hecho de que alguien sacara cara por mí me dejó con un nudo en la garganta y la boca seca.
Aubrianna, sintiéndose un poco cortada, se acarició el cuello y miró fijamente a Kaylock.
—¿De verdad recuperaste la memoria?
—Solo se me vienen cosas sueltas a la mente.
—¿Y… y qué más te has acordado?
Toda nerviosa, Aubrianna le puso la mano en el brazo y lo miró de abajo hacia arriba con una expresión seria.
—Tranquila. Todavía no es todo. Solo que, de vez en cuando, se me vienen recuerdos de la nada.
—Pero te acordaste de lo que me dijiste esa vez.
—Sí. Mientras escuchaba lo que decía la señorita Lotte, me vino el recuerdo de golpe.
Sus emociones eran una montaña rusa hoy. Aubrianna se presionó el pecho, sintiendo la ansiedad, frunció el ceño. Justo ahora que la relación entre ellos se había calmado, los fantasmas del pasado podían volver a jalarle los pies.
Todas las peleas, sus intentos de irse, hasta el hecho de que lo maldijo cuando él la mantuvo encerrada… todo eso podía volver.
‘¿O tal vez, como ya es pasado, a Kaylock no le importe tanto?’.
Pero los sentimientos se quedan. ¿Y si a Kaylock le daba por encerrarla en el cuarto otra vez? El miedo se le debió notar en la cara, porque la expresión de él también se puso rígida.
—Aubrianna.
—Estoy cansada.
Entre lo que Kaylock la tuvo a mal traer durante el día y que anoche casi no durmió, ya no podía más.
—Me voy arriba.
René le estiró los brazos y Kaylock, tras pensarlo un momento, le entregó al bebé sin protestar.
—Nos vemos luego en la cena.
Recién cuando volvió a su habitación, Aubrianna se dio cuenta de que no le había preguntado para qué vino Sion.
‘Seguro vino para tratar de arreglar las cosas con Kaylock’.
Aubrianna sospechaba que, en su vida pasada, Sion pudo haber sido quien envió al asesino que la atacó a ella y a Theo. Pero Sion le era muy fiel al Duque.
‘Por más que me odie, no creo que se haya atrevido a querer matarme’.
Incluso si a ella no la pasaba, Theo llevaba la sangre de Kaylock. Además, cuando perdió a Theo en su otra vida, Sion la había azotado reclamándole que perdió al heredero de la familia.
Entonces, solo quedaban la duquesa Eloise y la señorita Lotte. Recordando la maldad que Eileen mostró ayer y hoy, tenía motivos de sobra para mandar a un asesino.
‘Tengo que estar atenta’.
No podía bajar la guardia ni un segundo. No sabía en qué momento irían a ir tras ella o tras Theo.
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