Por qué el Duque del norte vaga por los campos nevados - 57
—Por favor, que el maquillaje de los ojos sea mínimo y que los labios no se vean muy cargados.
La dueña de la boutique, que había llegado puntual a la villa de la familia del Conde Belone, aguantó las ganas de decir algo y empezó a maquillar el rostro de Aubrianna.
—Pero esta noche tiene que ponerse este vestido sí o sí.
Como Agnes había elegido accesorios de perlas celestes decoradas con oro, la modista recomendó un vestido hermoso del mismo color, bordado con hilos dorados. Aubrianna asintió y se quedó mirando el vestido a través del espejo. Por lo menos, no tenía escotes que pudieran molestar a Kaylock. La parte delantera, que dejaba ver apenas el nacimiento del pecho, parecía un poco profunda, pero como le dijeron que hoy en día hasta las jovencitas vestían así, no le quedó otra que aceptar.
Al terminar el maquillaje, le recogieron el cabello en ondas suaves y le pusieron ganchos con perlas celestes, además de los aretes y el collar. El resultado era tan impresionante que hasta la dueña de la tienda se quedó lela.
—Es verdad que el maquillaje de la vez pasada le quedaba un poco exagerado.
Con el vestido puesto, ese maquillaje sutil y la ropa hacían que su rostro pequeño y su cuerpo delicado resaltaran como si fuera una mujer salida de un cuadro. Agnes entró al cuarto y, al verla, sonrió satisfecha.
—Estás realmente hermosa, Aubrianna.
—Gracias, lady Agnes.
Cuando se puso los zapatos decorados con piedrería fina, hasta las doncellas y criadas se quedaron con la boca abierta.
—De verdad, está preciosa.
—Es una belleza que pondría celosa a la mismísima diosa.
—Es difícil encontrar a alguien tan linda incluso en la alta sociedad de la capital.
Aubrianna se puso sus guantes de encaje y trató de calmarse, sintiéndose un poco avergonzada por tantos halagos.
—¿Y… Lady Lotte?
—Ya debe estar por llegar. Vamos juntas a recibirla.
—Está bien.
Poniendo una mano sobre la franja bordada en oro que seguía la línea de su pecho, Aubrianna caminó por el pasillo con la elegancia que le habían enseñado.
—Kaylock.
Él llevaba una chaqueta negra con botones dorados en fila, probablemente de gala, con el escudo de la familia Tennant bordado en el pecho izquierdo. Tenía un chaleco gris, una camisa blanca con encajes en el cuello y unos pantalones color crema que se veían cómodos pero muy formales. Kaylock estaba parado un poco de lado, apoyado en sus botas militares, se le quedó mirando fijo.
—Estás hermosa.
—Kaylock, deberías estudiar descripciones más ricas.
reclamó Agnes, poco convencida.
Kaylock subió una comisura de los labios y se acercó al oído de Aubrianna para susurrarle:
—Tengo unas ganas de levantarte la falda ahora mismo y meterme dentro de ti aquí mismo.
Al ver que las mejillas de Aubrianna se ponían rojas como el fuego, Agnes frunció el ceño.
—A la diosa no le gustan los hombres pervertidos.
—Pero la diosa siempre bendice a los bebés que nacen de esa forma.
—¡Kaylock Tennant!
Aubrianna agarró rápido el brazo de Kaylock.
—Ya vámonos.
Eileen Lotte estaba por llegar. Aubrianna recordó haber visto alguna vez ese brazo fuerte de Kaylock escoltando a lady Lotte. Ella era una belleza encantadora y radiante; tanto que, si Aubrianna fuera hombre, se habría enamorado de ella al toque.
Miró a Kaylock de reojo. Sus ojos azules, sombreados por la curva de su frente, parecían preguntarle: ‘¿Qué pasa?’. Aubrianna negó con la cabeza, pero no podía ocultar la ansiedad en su mirada.
‘Sé que Kaylock no se resiste a una cara bonita ni a la tentación’.
Se mordió un poco el interior de la boca. Ella sabía que le decían seguido que era muy guapa.
‘Por eso Kaylock cayó en mi trampa en la cabaña’.
Un espacio cerrado, un hombre joven y lleno de energía, una mujer hermosa que se quita la ropa para bañarse y seducirlo… Ese había sido el plan que ideó mientras estaba en cama con gripe, pensando cómo atraparlo.
Aubrianna bajó las escaleras despacio. Bajo el encaje de su vestido, sus zapatos brillantes destellaban con cada paso. Tarion, que esperaba en la entrada, miró a la pareja con orgullo.
—Se ven absolutamente espectaculares.
Aubrianna hizo una venia elegante respondiendo al saludo de Tarion. Mientras esperaba en la entrada con los nervios a flor de piel, el carruaje de la familia Lotte apareció por fin. Era de una madera oscura y brillante, con adornos dorados que gritaban ‘riqueza’ por donde se mirara.
—¡Sooo!
gritó el cochero.
La puerta se abrió y bajó una doncella, seguida de Eileen. Su cabello rubio rojizo brillaba con el sol del atardecer como si fuera oro puro. Sus ojazos color esmeralda se iluminaron al ver a Kaylock.
—¡Kaylock!
Sujetando su voluminosa falda dorada, corrió casi saltando y lo abrazó de golpe, loca de alegría.
—¡Qué felicidad que esté a salvo!
—Es un gusto verla, lady Lotte.
Kaylock respondió con un tono más frío que un helado y dio un paso atrás para marcar distancia. Eileen, al sentir el desplante, cambió el semblante al toque.
—Ah, es verdad. Me dijeron que perdió la memoria. Yo soy Eileen Lotte, su prometida.
Recobrando la compostura, hizo una reverencia profunda y elegante, digna de una futura duquesa, luego saludó a Agnes. Kaylock solo la miraba desde arriba, con la barbilla en alto.
—Aunque no se acuerde, no sabe lo feliz que me hace verlo vivo. ¡No tiene idea de cuánto lloré cuando supe que estaba desaparecido!
Mientras su doncella, Kelly, bajaba con las mantas y los bolsos, Agnes invitó a pasar.
—¿Qué les parece si tomamos un aperitivo primero?
—Me encanta la idea.
Eileen sonrió de oreja a oreja y volteó a ver a su doncella.
—Kelly, dale ese equipaje a esta…….
Eileen no perdió la sonrisa, pero señaló con el dedo directamente a Aubrianna
—A la empleada. Y tú vete a descansar a la sala de servicio.
Lo dijo con una naturalidad que daba miedo. Kelly, toda palteada y con los brazos llenos de bultos, se quedó parada mirando a Aubrianna sin saber qué hacer. Mientras tanto, Eileen ya se había colgado del brazo de Kaylock y empezó a parlotear.
—Mi pobre Kelly ha sufrido un montón en el viaje desde la capital. Es que cuando supe que usted había vuelto, ni siquiera terminé de empacar y me vine sin mis otras criadas. Pero qué suerte……
Eileen lanzó una mirada de reojo a Aubrianna con una sonrisa que parecía de algodón de azúcar, pero que escondía veneno
—Qué bueno que justo hay una empleada de la casa del duque aquí, así mi Kelly por fin podrá descansar.
Tarion, viendo cómo Eileen mostraba la ‘generosidad’ de una señora mientras le clavaba un puñal a su rival, dio un paso atrás impresionado.
‘Esta mujer no es ninguna tonta’.
Claro, sobrevivir en la alta sociedad de la capital no era para cualquiera. Pero Kaylock no se quedó atrás.
—Ya veo. Pero lamento decirle que ella no es una empleada.
Kaylock se plantó, soltó el brazo de Eileen y le extendió la mano a Aubrianna.
—Ella es Aubrianna Morel, la madre de Theophilis Tennant, quien lleva la sangre del ducado.
A la señal de Kaylock, Aubrianna se acercó despacio y tomó su mano
—Y además, es mi pareja.
Kaylock sonrió de forma impecable y empezó a caminar llevando a Aubrianna, dejando a Eileen plantada. Los ojos esmeralda de la rubia se volvieron dos cuchillas.
—¿Su pareja?
masculló entre dientes. Kelly, asustada, trató de calmarla:
—Señorita, yo estoy bien, no se preocupe…
—¡¿Quién te ha dicho que me importa si estás bien?!
Kelly se alejó al toque de su ama, que estaba que echaba chispas.
—Pasemos, Lady Lotte.
llamó Agnes. Eileen respiró hondo, borró su cara de pocos amigos y volvió a sonreír como si nada.
—¿Vamos? Lady Agnes, es mi primera vez en esta villa. Después me encantaría conocer su famoso invernadero. ¿Verdad que me dará algo de qué presumir cuando vuelva a la capital?
Pura diplomacia de salón. Tarion estaba emocionadísimo imaginando la mecha que se venía. Mandó a un criado a cargar los bultos de Kelly y las siguió como quien va a ver el estreno de una película.
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—¿Ah, sí? Es que como perdí la memoria…
cortó Kaylock de forma seca.
Eileen se llevó a los labios la copa de cristal con el licor burbujeante y bajó las cejas como si estuviera herida.
—¡Ay, no me diga eso! ¿De verdad no se acuerda de nada? Me pone muy triste saber que olvidó nuestros momentos tan lindos.
Eileen sacó un abanico precioso con una elegancia total y se dio toquecitos en la barbilla
—¿Y del baile en nuestra propiedad? ¿No se acuerda de cuando estábamos conversando en la terraza y empezó a llover?
Su mirada se volvió profunda. El abanico bajó de su barbilla por su cuello hasta detenerse justo en el inicio de su escote pronunciado.
—Mi vestido terminó empapado y yo estaba en una situación muy… delicada. ¿De verdad no se acuerda?
Luego miró a Agnes y a Aubrianna con una risita traviesa
—Fue un aguacero terrible. Se me mojó hasta la ropa interior.
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