Por qué el Duque del norte vaga por los campos nevados - 56
Tarion hizo una reverencia impecable, siguiendo todos los protocolos de la corte.
Cuando Kaylock lo imitó, Tarion sonrió satisfecho y luego levantó una ceja al ver a Aubrianna, que se había quedado parada a un lado.
—Lady Aubrianna, ¿por qué usted no sigue el ejemplo?
—¿Eh?
¿Acaso yo también tengo que hacerlo?
La lección de hoy era sobre etiqueta y baile aristocrático. Como Aubrianna no tenía ni idea de ninguna de las dos cosas, Agnes había llamado a Tarion, que trabajó mil años en el palacio, para que fuera el profesor.
—Es que yo solo vine porque Kaylock me pidió que lo acompañara…
—Mientras esté en este salón, usted también es mi alumna, así que tiene que hacerlo.
Aubrianna miró de reojo a Kaylock buscando ayuda, pero el muy cínico solo se reía de oreja a oreja.
—Además, yo no puedo bailar los pasos de mujer, así que usted tendrá que ser la pareja de baile del joven amo.
—¿Yo?
¿De verdad podré bailar eso? ¿Y encima un baile de gala?
Tenía un recuerdo borroso de cuando era niña, dando vueltas con mi mamá al ritmo de alguna música, pero la verdad es que nunca había ido ni a los bailes populares que se arman en el centro de la ciudad.
Kaylock miraba a Aubrianna, que estaba toda confundida, con los ojos llenos de ganas de fregar. Incluso empezó a mover los dedos en círculos, señalándola a ella y luego a él mismo.
Aubrianna soltó una risita resignada y asintió.
Por un momento pensó: ‘Quién sabe, de repente tengo un talento oculto para el baile…’.
Pero la realidad fue bien cruda.
—¡Otra vez!
Aubrianna, que ya estaba sin aire, sacó fuerzas de donde no tenía, estiró un brazo y puso la otra mano sobre su hombro para intentar mantener la postura.
—A ver, se lo repito: lady Aubrianna, tiene que girar hacia la izquierda. ¡Y empezamos!
Kaylock tocó el piano y empezó a sonar una melodía con un ritmo bien simple.
—¡Eso es! ¡Gire así y ahora levante el pie derecho! ¡Y un saltito con el izquierdo! ¡Nooo! ¡Así no! ¡Por favor!
¡Diosa mía! ¡¿Por qué me pones estas pruebas?!
Tarion levantó las manos al cielo desesperado y tiró su batuta al suelo.
—Mientras que el joven Kaylock ha tenido un crecimiento asombroso, lady Aubrianna usted…
Ni falta hacía que terminara la frase. Era un desastre total.
Por más que quería, le resultaba imposible saltar con el pie izquierdo como decía Tarion.
¿Cómo se supone que alguien levante el derecho, gire sobre el izquierdo y encima salte?
Su cuerpo simplemente no daba para tanto. Si Kaylock no lo hubiera logrado, ella habría jurado por su vida que ese paso era humanamente imposible.
Aubrianna se quedó ahí parada, con los brazos caídos y una cara de pena total, hasta que Kaylock se le acercó.
—Tarion, ¿qué te parece esta?
Kaylock mencionó el nombre de una canción, una melodía sencilla basada en una leyenda del norte.
Tarion, sentado frente al piano, puso cara de duda pero empezó a tocar las notas.
—¿Quiere bailar con esto?
—Tengo el presentimiento de que este baile sí le va a salir a Aubrianna.
Kaylock tomó las manos de Aubrianna, la llevó al centro del salón y puso las manos de ella sobre sus hombros.
Luego, él la agarró suavemente de su cintura finita.
—Este es el paso más simple que hay.
Parecía que la melodía se iba a repetir igualita, pero de pronto, tras un sonido agudo del piano, Kaylock la guio con un movimiento largo hacia la derecha.
—Gira aquí.
Él soltó la mano de su hombro izquierdo y la hizo dar una vuelta perfecta. Justo cuando Aubrianna empezaba a marearse, sintió que los brazos de Kaylock la recibían y ya la estaba llevando hacia la izquierda.
—¿Qué tal?
Al ver que, gracias a que Kaylock la estaba guiando, por fin estaba ‘bailando’, todo el roche y la frustración por los reclamos de Tarion se esfumaron.
Kaylock la llevó con total seguridad por todos los rincones del salón. La canción, que era cortita, tuvo que repetirse seis veces hasta que por fin terminaron el baile.
—¡Bravo!
Tarion se levantó del asiento del piano y empezó a aplaudir.
—¡Válgame Dios! ¡Señor duque, usted es de los que aprenden uno y ya se saben diez!
Aubrianna, que todavía estaba recuperando el aire, se quedó tiesa de un momento a otro.
‘¿Acaso podía hacer esto solo con lo poco que aprendió de baile?’.
No me digas que sus recuerdos…
Sorprendida, Aubrianna clavó la mirada en el perfil de Kaylock.
—No sé qué decirte. Es como si… de repente me hubiera acordado.
Los labios de aquel hombre hermoso estaban bien rojos, seguro por el esfuerzo del baile.
—¿Que te… acordaste?
—Sí.
respondió él con una sonrisa.
Pero al contrario de Kaylock, la cara de Aubrianna se puso seria y rígida como una piedra.
—Es que mis enseñanzas han dado frutos.
dijo Tarion acercándose con una expresión de pura confianza
—Por último, les enseñaré el minué, que es lo más básico en el palacio real. Yo tampoco sé mucho de los pasos de mujer, pero…
Tarion miró a Aubrianna de reojo
—De hecho lo haré mejor que ella.
Con un gesto de ‘nunca en mi vida vi a alguien con tan poco ritmo’, Tarion se puso en posición frente a Kaylock.
—Como no hay nadie que toque el piano, yo mismo haré la melodía tarareando.
Hm-hm-hm-hm. Hm. Hm-hm.
La melodía de Tarion empezó a sonar en los oídos de Aubrianna.
Ella caminó arrastrando los pies, sin fuerzas, se sentó en la única silla que había en el salón. Se quedó mirando cómo los dos hombres intercambiaban pasos de baile elegantes y precisos.
‘Sus recuerdos pueden volver’.
Nunca pensó que se quedarían borrados para siempre. ¿Pero así de la nada? ¿Tan de golpe?
Con la mirada perdida, Aubrianna levantó la mano inconscientemente y presionó una tecla del piano.
¡Ding!
Los dos hombres, que perdieron la concentración por un segundo, la miraron y luego siguieron con lo suyo.
Hm, hm-hm, hm-hm, hm-hm-hm.
La melodía fluía y Aubrianna, mirando la tecla que había tocado, empezó a seguir el ritmo bajito con una mano. Como los dos ya estaban al otro extremo del salón, no la escucharían. Al ganar confianza con la melodía de una mano, se animó a subir la otra.
Apenas el acompañamiento de la mano izquierda se unió, esa tonada simple se transformó en una música hermosa.
‘Lo aprendí cuando era bien chiquita y todavía puedo tocarlo’.
Era increíble. Se acordó de cuando jugueteaba en el piano al lado de su mamá.
‘Me decían que era bien talentosa y me daban ánimos’.
Su mamá se ponía feliz de ver cómo Aubrianna aprendía rápido. Incluso le prometió que le compraría su propio piano.
Al final, esa promesa nunca se cumplió…
Aubrianna seguía tocando, recordando a su hermosa madre al ritmo del tarareo de Tarion, hasta que se dio cuenta de que la voz del profesor se había callado. Levantó la cabeza confundida.
—¿Cuándo aprendió eso?
preguntó Tarion, acercándose con una cara de pura curiosidad.
—… De niña. Mi mamá me enseñó.
A su lado, Kaylock la miraba con una expresión bien seria.
‘¿Habré hecho algo malo?’. Pensando que quizás no debió tocar el piano sin permiso, Aubrianna se levantó apurada.
—Lo siento. ¿Acaso cometí algún error…?
—No, para nada. Es que toca tan bien que nos dejó con la boca abierta.
Recién ahí, Aubrianna suspiró aliviada. En cambio, esta vez fue la mirada de Kaylock la que se puso fría y tensa.
‘¿Que aprendiste a tocar el… piano?’
Para empezar, nadie que no hubiera recibido una educación aristocrática podía tocar el piano. El instrumento en sí era carísimo y la gente capaz de dar clases era muy limitada. Por lo que ella había contado en sus conversaciones, parecía haber vivido con mucha comodidad, con niñera y ama de llaves en una casa grande. Pero viendo que era muy niña cuando su madre murió y terminó en un orfanato, era obvio que no tenía a nadie en quien apoyarse en el Reino de Triran.
En verdad, al ver lo hermosa que era Aubrianna, uno podía imaginarse fácilmente cómo habría sido su madre.
‘Seguro era una belleza’.
Aunque le daba un poco de pena pensar así de ella, la madre de Aubrianna pudo haber sido la amante de alguien poderoso. Quizás tuvo una hija ilegítima y, tras recibir dinero y una mansión, se mudó al Reino de Triran para vivir las dos solas.
Sin embargo, el tema del piano era otra cosa.
Por más que fuera el Reino de Blanc, no debía ser tan distinto al de Triran. Es más, allí el poder real era tan fuerte que la baja nobleza ni siquiera se atrevía a soñar con pasatiempos tan finos. Y encima, exiliarse en un reino desconocido como Triran justo antes de que cerraran las fronteras…
¿Y si la familia de Aubrianna era de la nobleza que se vio envuelta en una guerra civil?
Kaylock decidió que tenía que investigar el pasado de ella una vez más.
Por otro lado, Aubrianna empezó a preocuparse al ver la cara seria de Kaylock.
‘¿Acaso estará mal que sepa tocar el piano?’.
Solo lo había tocado un tiempo muy corto cuando era niña. Después de eso, nunca más volvió a ver uno ni a practicar. A veces, mientras ayudaba con los preparativos de los bailes en el castillo del duque, los invitados que llegaban antes tocaban el piano de la sala de estar. Ese sonido tan puro la hacía hundirse en los recuerdos de su madre.
‘Al final, nunca tendré mi propio piano, ¿verdad?’.
Al crecer y conocer cómo funcionaba el mundo, se dio cuenta de que el piano no era un instrumento que se encontrara en cualquier lado ni que cualquiera pudiera aprender.
‘Seguro que lady Aileen Lotte aprendió desde chiquita’.
Se acordó de cómo ella llamaba a Kaylock con esa voz tan clara y alegre.
‘Seguro toca canciones brillantes y movidas, tal como es su personalidad’.
En cambio, ella apenas podía tocar a duras penas algunas piezas de baile con escalas monótonas.
Dentro de poco, la prometida de Kaylock llegaría al lugar. No quería ni imaginárselo, pero si Kaylock se deslumbraba con la belleza de lady Lotte y terminaba abandonándola por segunda vez…
Ante esa idea tan horrible, Aubrianna cerró los ojos con fuerza.
—¿Aubrianna?
Al abrirlos, se encontró con Kaylock mirándola con ternura.
—Ya es hora de ir a prepararse.
Tenía que ir a arreglarse para recibir a la futura prometida de él.
Qué ironía tan cruel y amarga.
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