Por qué el Duque del norte vaga por los campos nevados - 53
No. Hasta antes de que desapareciera, el compromiso entre Kaylock y Aileen estaba prácticamente cerrado.
Durante todo ese tiempo, Sion no dejó de intentar persuadir a su señor, explicándole por qué Aubrianna no era la mujer adecuada para un duque.
—El puesto de duquesa requiere de una familia poderosa o con mucha plata. Si a la Casa Tenant le pasa algo, ¿quién nos va a dar una mano? La realeza ya le puso el ojo a la fuerza militar del Norte. Nosotros también necesitamos nobles que nos sirvan de respaldo en algún momento.
Así se lo siseaba al oído al duque.
—Aubrianna no es una mujer a su altura. Es solo un ser insignificante, bonita y provocadora, nada más. Así que solo úsela para pasar el rato. Diviértase con ella. Y cuando se le acabe la belleza o se aburra, simplemente la bota.
Él quería que la desecharan. Pero no es que la odiara.
Era solo que Sion sabía mejor que nadie que la relación entre Kaylock y Aubrianna era algo que no podía ser.
Conocía bien la historia de una mujer que, tras superar la diferencia de clases, se casó para terminar siendo abandonada por su esposo noble, viviendo una vida de puro sufrimiento.
—Porque eso fue exactamente lo que le pasó a mi madre.
Ella, que era de clase baja, llamó la atención de un noble, salió embarazada y tuvo la ‘suerte’ de casarse, pero eso solo hizo que su vida fuera más humillante.
Al final, esa mujer frágil que decidió acabar con su propia vida y Aubrianna eran, a ojos de Sion, igual de tontas.
—Seguro ni le importa cómo sobrevive el hijo que queda atrás, todo por hundirse en un sentimiento que ni tiene forma como es el amor.
Aquella mujer débil no sabía que por sus venas corría sangre de la tribu Karnu. Cuando en Sion se manifestaron esos ojos plateados, rastro de los Karnu, su padre no volvió a mirarlo en toda su vida.
El problema podía ser el mestizaje, o quizás el problema era de ese noble que tomó por esposa a una mujer de origen humilde.
Si al final la iba a dejar tirada de forma tan cruel, ¿no habría sido mejor ni acercarla desde un principio?
Por más que los sentimientos de Kaylock fueran firmes y su amor por Aubrianna fuera sincero, era obvio que esa diferencia de clases tan marcada se terminaría convirtiendo en un infierno para ambos.
—En realidad, lo que hago es también por el bien de Aubrianna.
murmuró Sion, soltando una excusa barata mientras seguía caminando.
Ahora mismo, lo primordial era conseguir el perdón del duque.
—El duque no me va a dejar de lado. No por una simple empleada después de todos los años que hemos pasado juntos…
Pero empezaba a perder la confianza. Además, la mirada de Aubrianna le daba mala espina.
Esos ojos perdidos, que antes solo se fijaban en la comida que le daban como si fuera un pez en una pecera, habían empezado a mirar el mundo que había tras el cristal.
—Esto me da mala espina.
Mientras se dirigía al despacho, Sion contuvo el aliento al ver por la ventana cómo Agnes se marchaba.
Desde algún lugar, el viento de primavera trajo consigo el olor a polvo y tierra.
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—Uuuhmm.
Recostada sobre la mesa, sacudiéndose sin parar, Aubrianna dejó escapar un gemido.
—¿Y-y si viene alguien? Qué vamos a hacer…
Casi al borde del llanto, levantó la mirada hacia Kaylock, quien la observaba con una sonrisa ladeada. Sin embargo, no se detuvo; con dedos expertos, frotó su clítoris erecto, haciendo que Aubrianna se retorciera de placer hasta que las lágrimas asomaron en sus ojos.
—¿A dónde se fue esa Aubrianna tan atrevida de la cabaña? Me dijiste que entrara en ti y abriste las piernas sin que te importara quién estuviera mirando.
Kaylock sonrió satisfecho al ver cómo las mejillas de Aubrianna se encendían de pura vergüenza. Esta vez, la sujetó con fuerza de las nalgas blancas y embistió contra su parte baja.
Todavía no podía sacarse de la cabeza esa imagen tan impactante. Su sexo, rojizo y dulce, parecido a un pétalo o a una fruta, era simplemente una fantasía.
Aunque la penetraba con ganas, al estar detrás de ella sujetándola por las nalgas, no podía ver bien.
Deseando verlo con sus propios ojos, Kaylock retiró lentamente su miembro. Entre su virilidad empapada y la entrada de la vagina, el flujo trazó un hilo largo que terminó goteando sobre el suelo.
—Ah… ¡ah!
Al salir ese miembro largo que la mantenía llena, la entrada de su vagina, ahora vacía, palpitó y se contrajo rítmicamente.
‘¿Ya terminó?’.
Aunque él no había llegado al clímax, ella pensó que se había detenido porque ya era hora de darle de lactar a Theo.
Lanzando un suspiro de alivio mezclado con algo de pena, Aubrianna intentó bajarse la falda y darse la vuelta. Pero parece que Kaylock tenía otros planes.
—¿N-no nos íbamos a detener ya?
Aubrianna, sentada de nuevo sobre la mesa y con las piernas abiertas de par en par, puso una cara de angustia. Los ojos de él, teñidos del azul profundo del océano por el deseo, la miraban fijamente, como si quisieran atravesar el espacio entre sus piernas.
Su sexo, rojo vivo y empapado de flujo, siempre resultaba más impactante y hermoso de lo que recordaba.
—Aubrianna. Sujétate bien. No puedo ver nada.
Ella miró a su alrededor con ansiedad, pero terminó apretando con fuerza sus propias manos sobre sus tobillos.
—¿H-hasta cuándo se va a quedar solo mirando?
Ante la mirada de Kaylock, que recorría con la mano su miembro amenazante que apuntaba al cielo, la entrada de la vagina de la mujer tembló.
Sentía que él la poseía solo con la mirada.
Kaylock empezó a frotar lentamente el bálano contra su sexo. El roce de las zonas húmedas volvió a generar calor.
Aubrianna contuvo el aliento y observó el rostro del hombre, concentrado.
El tabique de su nariz ligeramente arrugado y su lengua roja asomando entre los labios entreabiertos por el placer.
—Béseme.
Kaylock rió, presionó el clítoris con la punta de su miembro y sacó la lengua.
—Lámeme tú.
—Con gusto.
Ahora Aubrianna ya no veía nada de lo que la rodeaba. Solo existía Kaylock.
Mientras sus lenguas se enredaban y sus labios se sellaban, su grueso miembro entró en la vagina, que ya estaba totalmente rendida y dilatada.
Gimiendo el uno en la boca del otro, ambos empezaron a mover las caderas al mismo ritmo.
¡Tac! ¡Tac! ¡Tac!
Aunque estaba en una posición incómoda sentada sobre la mesa, Aubrianna se esforzó por mover la cintura a su manera.
—Mmm, ah… ah…
—Uff.
Parece que eso fue muy estimulante, pues Kaylock soltó un gruñido.
Sintiéndose más segura, Aubrianna empezó a mover las caderas con más ganas, empujando hacia adelante.
—¡Ah! ¡Mierda!
No solo lo apretaba con fuerza, sino que lo retorcía y lo succionaba. Cuanto más la probaba, más sed le daba, haciendo que su miembro se hundiera cada vez más profundo, buscando el fondo del manantial.
Debido a ese manantial que no dejaba de brotar, la mesa donde sus cuerpos estaban pegados terminó empapada, como si hubiera ocurrido una inundación.
—Aubrianna. Fuuu…
El clímax estaba a la vuelta de la esquina. Ella se quedó quieta, esperando, mientras sentía cómo la fuerza del hombre se aceleraba. Sus muslos se tensaron y empezaron a temblar sin control.
Kaylock también lo sentía. Estaba dándolo todo, embistiendo ese punto suave e hinchado en el fondo de Aubrianna, corriendo directo hacia el final.
—Ah… mmm, ah, ¡así!
Sus labios, entreabiertos por los gemidos, se veían rojizos y hermosos.
—Fuuu… dímelo.
¡Tac! ¡Tac!
Jadeando por el ritmo del miembro que la penetraba, Aubrianna preguntó:
—¿Mmm? ¿Qué… qué cosa? Ah…
—Pídeme que te bese.
A él le encantaba que ella le exigiera cosas. Ante sus palabras, los ojos rojos de la mujer mostraron un rastro de duda, pero pronto dibujó una sonrisa. Ella rodeó el cuello de Kaylock con sus brazos y le susurró:
—Béseme, por favor.
—Con gusto.
Él bajó sus labios. Su lengua, caliente y húmeda, se abrió paso para explorar su boca con un sonido húmedo.
Cuando su virilidad empujó varias veces contra lo más profundo de su vagina, el cuerpo de ella, que ya estaba rígido, empezó a sacudirse violentamente.
‘Es demasiado grande’.
A medida que la presión interna aumentaba, su miembro parecía hincharse todavía más.
En el momento en que esa pieza grande y dura presionó el fondo una última vez, un grito escapó de la boca de Aubrianna.
—¡Ahhh…!
—Fuuu… fuaaa… Ah…
A Kaylock también le tembló el bajo vientre mientras descargaba dentro de ella todo ese semen espeso que había estado reteniendo.
Respirando con dificultad, Aubrianna lo abrazó con fuerza. Kaylock, con una sonrisa de satisfacción, estrechó contra sí el pequeño cuerpo de la mujer.
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Agnes, que había ido al castillo del duque, estaba de vuelta. Al mismo tiempo, llegó una carta enviada desde allá.
Antes de terminar de entrar por el recibidor, Agnes leyó la carta y buscó de inmediato a Aubrianna.
Aubrianna, que estaba sentada en el sofá de la sala leyendo un libro, se puso de pie al verla.
—¿Ya regresó?
—¿Y Kaylock?
—Está haciendo dormir a Theo.
—¿Ah sí? Entonces tú vienes conmigo, tenemos que salir un momento.
—¿Perdón?
Ante las palabras repentinas de Agnes, Aubrianna no tuvo tiempo ni de cerrar el libro antes de que la tomaran de la muñeca.
—Pe-pero, ¿a dónde vamos…?
—Me dicen que la señorita Lott vendrá mañana. No puedes recibirla vestida así, ¿no te parece?
Aubrianna se miró el vestido.
Era una prenda que Agnes usaba de joven, pero como tenía un estilo muy elegante, no se veía nada mal para usarlo ahora.
—Yo estoy bien así, señora Agnes.
—¡Pero yo no! Anda y pide que preparen el carruaje.
Agnes le dio la orden a una empleada que pasaba por ahí, sacó un abrigo para Aubrianna y abrió la puerta principal.
—Para una dama, un vestido es como el arma de un caballero. No puedes ir a la guerra sin armas.
Aubrianna entendía por qué necesitaba ‘armas’ ante la visita de Aileen, pero no creía que su ropa fuera a marcar la diferencia.
Aileen no solo era hermosa, sino que tenía tanto gusto que podía lucir bien incluso con las modas más raras. Para Aubrianna, que siempre había usado ropa tosca de sirvienta, el vestido de juventud de Agnes era más que suficiente.
Justo cuando Aubrianna iba a protestar de nuevo:
—¿Tú qué piensas de Kaylock?
Al ver de reojo al cochero que abría la puerta del carruaje, Aubrianna se puso roja como un tomate.
‘¿Qué qué pienso? Que es un pervertido, un mañoso…’.
De hecho, justo antes de que Agnes llegara, Kaylock estaba jugueteando con sus pechos mientras cargaba al pequeño Theo, diciendo que él mismo se encargaría de tomarse toda la leche que sobrara de la lactancia.
Como no podía contar la verdad, solo atinó a sonrojarse más.
—Si de verdad piensas quedarte al lado de Kaylock, no puedes dejar que te pasen por encima en el encuentro de mañana.
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