Por qué el Duque del norte vaga por los campos nevados - 52
—Tía.
Alguien llamó a Agnes justo cuando estaba saliendo del pabellón principal del Castillo Ducal.
—…….
Agnes intentó pasar de largo como si no hubiera escuchado, pero Sion, desconcertado, se le cruzó en el camino para detenerla.
—Perdóneme, tía.
Solo cuando él se puso de rodillas y agachó la cabeza, Agnes se detuvo por fin.
—¿Y se puede saber qué has hecho mal? ¿Sioniel Balian?
—Es que yo…….
Sion no encontraba las palabras para empezar, así que Agnes lo recriminó con voz gélida:
—Si te di esa hierba medicinal, fue con la intención de que protejas al Duque en caso de una emergencia inevitable.
Recién ahí, Tarion, que estaba al lado, puso una cara de total asombro.
—¿Usted fue quien le entregó el Darut, lady Agnes?
—Y pensar que lo usaste con Kaylock.
Le pareció el colmo. En cuanto Agnes escuchó el nombre ‘Darut’ de boca de Tarion mientras este examinaba al Kaylock dormido, supo al toque que el culpable era Sion.
—Lady Agnes, hay mucha gente mirando.
Tarion trató de calmar a Agnes antes de que perdiera los papeles. Como era de mañana, había un montón de sirvientes pasando por ahí.
—Deme la oportunidad de explicarle lo que pasó.
dijo Sion levantando la cabeza.
A pesar de todo, sus ojos negros miraban a Agnes fijamente, sin rastro de arrepentimiento. Agnes sintió una rabia amarga, pero con ganas de escuchar qué tontería iba a decir, soltó con voz ronca:
—Llévanos a un lugar tranquilo.
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—……Y así, el antiguo Imperio Blanco terminó partido en seis pedazos por culpa de una mujer…….
La voz de Aubrianna se fue apagando poco a poco. Cuando levantó la vista, vio que Kaylock estaba al frente suyo, apoyando la cara en una mano y cabeceando del sueño.
‘Ya sabía que esto pasaría desde que me pidió que le leyera libros de historia’, pensó ella.
Aubrianna soltó un suspirito, cerró el libro con cuidado y se quedó mirándolo con las mejillas apoyadas en sus manos.
Había una brisa de primavera bien fresca que le movía suavemente el cabello sobre la frente. Con la luz del sol dándole de lleno, Kaylock parecía brillar, como si tuviera un halo de luz.
Le daban unas ganas locas de estirar la mano para acomodarle el pelo.
Tenía las pestañas largas y bien negras. Debajo, una nariz altiva y elegante, esos labios tan tentadores que daban ganas de besarlos.
De verdad, sus facciones parecían talladas por un escultor.
Recordó que el primer día que llegó al castillo y lo vio en la oscuridad, se acordó de Cazar, ese dios malvado que se arrepintió de todas sus maldades al quedar flechado por una diosa.
Esa sensación que tuvo cuando chocó con esos ojos azules, intensos como el fuego del infierno, bajo esas cejas negras…
Aubrianna cerró los ojos suavemente. Solo de acordarse, sentía un chispazo que le recorría toda la espalda.
‘En ese momento me sentí como Selenea, la que intentó tentar al dios arrepentido’.
La historia contaba que cuando el dios Cazar se arrepintió por amor a la diosa, su hermoso cabello negro se volvió plateado y sagrado. Entonces Selenea, la mujer malvada que lo amaba, se clavó una espada bendita en el corazón para reencarnar como humana y destruir el Imperio Blanco, que era lo que la diosa más quería.
‘¡Espero que tú, que destruiste lo que yo amaba, sientas lo mismo! ¡Que te hundas para siempre en ese dolor!’.
Aubrianna estaba recordando ese grito desesperado de Selenea cuando, de pronto, sintió un aliento dulce cerca de su oreja.
—Kaylock.
El nombre se le escapó como un suspiro, casi como un quejido, en ese instante sintió algo húmedo lamiéndole el lóbulo de la oreja.
—Me encanta que me llames así.
¿A qué hora se despertó?
Sin que se diera cuenta, él ya estaba sentado pegadito a ella. Sus dedos empezaron a acariciar lentamente esos cabellos rubios que caían sobre su cuello blanco.
Y, como era de esperarse, justo por donde pasaron sus dedos, aparecieron sus labios calientes.
—Mmm.
—Es genial que tengamos una niñera para el bebe, ¿no crees?
Aubrianna se dio la vuelta, soltando una risita. Le daba gracia que usaran el ‘estudio’ como excusa para mandar a Theo con la niñera y terminaran así.
—Ya casi le toca su leche.
Aunque Theo ya comía sus papillas y no le ponía peros a nada, Aubrianna no quería perderse ese momento. Sentía que la conexión que tenía con él cada vez que le daba de lactar era algo muy especial.
—Terminemos de estudiar y vamos a ver a Theo.
Aubrianna abrió el libro otra vez con todas las ganas, pero ¡pum!, una mano grande se lo cerró de golpe.
—Qué aburrido.
—¿Cómo que aburrido? Si no sabes nada de historia, se van a dar cuenta al toque de que has perdido la memoria.
Ayer, Agnes les dijo que iba a organizar un té pequeño para ellos.
‘Hay que hacer que la pérdida de memoria parezca solo un incidente pasajero. Si esto dura mucho, van a aparecer grupos que duden de la capacidad del jefe de familia, hasta tu puesto como Duque podría peligrar’.
El mundo no estaba lleno de gente buena. Siempre había gente al acecho, esperando encontrar una debilidad ajena para sacar provecho.
Agnes les había encargado que se pusieran al día con la cultura general y los modales lo más rápido posible. Aubrianna estiró la mano hacia un libro grandazo forrado en cuero rojo.
—¿Y si chequeamos otra vez el registro de la nobleza? Dijeron que a la fiesta vendrán muchos nobles de la capital.
Pero a Kaylock eso no le importaba ni un poquito. Le jaló la nuca hacia él y, mientras le lamía ese cuello blanco que quedó al descubierto, murmuró:
—Qué dulce.
Aubrianna, que estaba intentando empujarlo por los hombros, se quedó sin fuerzas. La verdad es que ganarle a un Kaylock así de cariñoso y cargoso era casi imposible.
—¡Ah! ¿O-o si no vemos el libro de geografía? ¿No dijiste que todavía te confundías con la ubicación de la capital?
Ella trató de ignorar el calor que sentía en el cuerpo y se dio media vuelta para alcanzar otro libro. En ese segundo, Kaylock la chapó con las dos manos y la subió de un porrazo encima de la mesa.
—¡Kaylock!
Aubrianna, arrodillada y con los tobillos bien sujetos por él, volteó asustada.
Esta no era una cabaña aislada en medio de la nieve. Estaban en una esquina del jardín y, aunque no pasaba mucha gente, era un espacio abierto donde cualquier sirviente podía aparecerse de la nada.
Le daba una vergüenza total que él se metiera así debajo de su falda en un lugar como ese.
—Abre las piernas, Aubrianna.
Por detrás de su trasero, se veía el bulto de la cabeza del hombre debajo de la tela.
‘¡Dios mío!’.
Incluso en la oscuridad de la falda, su intimidad envuelta en encaje transparente se notaba clarito.
—Ya estás mojada. ¿Cuándo empezaste a sentir esto?
Sus dedos gruesos empezaron a sobar la tela húmeda. Solo con eso, ver cómo ese trasero blanco y firme temblaba era todo un espectáculo.
—¿No piensas estudiar nada, no? Entonces mejor me voy a ver a Theo.
Ella estiró la mano hacia atrás para empujarle la cabeza, pero él estaba como una roca, ni se inmutó. Al contrario, cuando sintió algo más que solo dedos sobre su ropa interior, Aubrianna dio un salto del susto.
Al escuchar ese sonido de humedad, su corazón empezó a martillear y sus ojos se pusieron como los de un conejo, vigilando todo a su alrededor. Había demasiada luz y el sitio era muy abierto.
‘Mejor nos hubiéramos quedado estudiando en la biblioteca’, pensó arrepentida.
Fue un error abrir los libros en el jardín solo porque el sol estaba rico y corría viento. Aubrianna miraba para todos lados toda nerviosa; como todavía faltaba mucho para que las hojas crecieran verdes y tupidas, sentía que en cualquier momento alguien iba a asomar la cara por entre las ramas ralas.
—Kaylock, aquí no me gusta.
Lo más urgente era frenar a este hombre antes de que pierda el control por completo.
Él, acariciando suavemente ese cuerpo que no dejaba de temblar, murmuró pegado a su intimidad:
—Solo un ratito, un ratito nomás.
El sonido de él apartando el encaje y lamiendo su humedad se mezcló con el aire de forma desvergonzada.
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—Fui muy impulsivo.
—Sion.
Apenas entraron a la habitación vacía, Sion se volvió a poner de rodillas.
—Pero juro que nunca fue mi intención hacerle daño al Duque.
—Le diste una dosis tan alta que pudo no haber despertado nunca.
sentenció Tarion, dejando a Sion con la cara tiesa.
—Tarion, déjanos solos un momento.
En cuanto Tarion salió, Sion se acercó gateando de rodillas.
—Pero tía, yo…
Agnes lo miró y chasqueó la lengua. Sion ni siquiera sabía qué decir, estaba con la cabeza gacha.
—¿No te dije que esa lealtad ciega que tienes te iba a hacer meter la pata algún día?
Para Agnes, el cariño de Sion hacia Kaylock siempre pareció una lealtad impecable. Pero ahora que veía que había cruzado la línea, estaba muy preocupada.
‘Está bien ser leal, pero piensa un poco más en ti mismo’.
‘Mi única meta es el Duque’.
‘Piensa en algo más grande. ¿Qué tal la paz y el bienestar del Norte?’.
‘Para eso, el Duque es indispensable en el Norte. Voy a dar mi vida entera para escoltarlo y que pase a la historia como el Duque más grande de todos’.
Esa era su ambición cuando tenía dieciocho años y estaba por graduarse de la academia.
—Como Kaylock siempre hablaba bien de ti, pensé que solo eras un chico con mucha habilidad para tu edad.
Agnes soltó un suspiro.
Desde el inicio, Sion siempre persiguió la sombra de Kaylock. Su respeto se volvió obsesión y su admiración se convirtió en una copia.
—Incluso ahora, solo deseo lo mejor para Kaylock y lo sigo a él.
—Ya lo sé, Sioniel.
Agnes podía adivinar que él incluso intentaba imitar la personalidad de Kaylock. Pero cuando ella le pidió que lo cuidara bien, no se refería a que se convirtiera en un coche sin frenos que no mide las consecuencias con tal de lograr su objetivo.
—Pobre chico. Kaylock no te va a perdonar por esto.
¿Qué iba a ser de este hombre si perdía su único norte?
Al escuchar a Agnes, Sion se puso pálido y levantó la vista. Esa línea plateada en sus ojos negros, que siempre había tenido bien oculta, apareció de forma tenue y empezó a temblar por la ansiedad.
Agnes lo miró con frialdad, directo a los ojos, le soltó la firme:
—¿Todavía no te das cuenta? Lo de Kaylock va en serio. ¿No ves que hasta tuvieron a Theo? Kaylock nunca va a dejar ir a Aubrianna.
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