Por qué el Duque del norte vaga por los campos nevados - 48
Los tres se trasladaron de lugar.
—¿Te refieres a Aubrianna?
preguntó Eloise mientras se sentaba en la silla frente a la chimenea del salón.
Sin embargo, pronto acarició el asiento y llamó a Harrick.
—¿Me parece que la silla está un poco húmeda?
—¿Perdón? Lo lamento mucho. La limpiamos, pero parece que no se secó del todo. Traeré otra de inmediato.
Mientras Harrick iba por otra silla, Eloise se acomodó en un largo sofá de satén. Cedric, el verdadero responsable de haber ensuciado la silla, carraspeó un par de veces y se sentó a la mesa central, jugueteando con unas cartas.
Pronto, Harrick regresó con sirvientes que traían la silla nueva. Kaylock se sentó en ella con total naturalidad y pidió que le trajeran un cigarro.
—El hábito es algo aterrador. Siempre fumabas un par de caladas después de cenar.
—¿Ah, sí?
Kaylock cortó la punta del cigarro, lo encendió y sonrió mientras inhalaba y exhalaba el humo. Un denso aroma a madera se esparció por lo bajo, dejando un rastro dulce y amargo antes de desvanecerse.
—Primero, pensé que para recuperar mi memoria necesito educación.
—Sí, educación. La educación es importante.
Eloise se sirvió otra copa de vino dulce e intenso, tratando de ocultar su ansiedad antes de continuar:
—Pero, ¿qué tiene que ver eso con Aubrianna?
—¡Ah! Veo que no lo sabía. Aubrianna aprobó en su momento el examen de ingreso para la Escuela de Mujeres Regatta, en Alandor.
—¿Regatta?
Era una escuela que incluso Eloise conocía. Aunque solo llevaba unos pocos años abierta, se decía que el nivel de exigencia era tan alto que solo las mejores estudiantes lograban entrar.
—Así que era cierto que aceptaban plebeyas.
En primer lugar, las mujeres nobles no tenían necesidad de ir a una escuela; aprendían de tutores privados. Las jóvenes nobles que ingresaban a Regatta solían ser de familias con dinero pero de bajo rango que buscaban amistades influyentes, mientras que las plebeyas buscaban graduarse para trabajar como institutrices en casas nobles.
—He confirmado que su puntaje de aprobación fue muy alto. Como no tengo recuerdos, dudo que pueda aprender bien incluso con un tutor de renombre. Creo que sería mejor aprender de Aubrianna.
Sus palabras tenían sentido para Eloise.
—Bueno, haz lo que quieras.
Pensando que una mujer que apenas era una sirvienta no podría enseñar nada demasiado complejo, Eloise le dio permiso mientras le daba un mordisco a un bizcocho bañado en chocolate.
—Entonces, lo tomo como un permiso concedido.
Kaylock sonrió ampliamente y, de pronto, se estiró con fuerza alegando cansancio.
—Como he vivido como cazador, me da sueño apenas se pone el sol. Con su permiso, me retiro.
—Está bien. Debes estar agotado, ve a descansar.
Con una sonrisa, Kaylock se puso de pie. De repente, realizó una reverencia perfecta, dio media vuelta con rapidez y salió del salón. Eloise, que observó la escena con el rostro desencajado por la sorpresa, llamó a Cedric.
—¿Acaso ha recuperado la memoria?
—Quién sabe.
Cedric, resentido porque Eloise no le había prestado atención en toda la cena, decidió no decir nada más.
‘¡Ja! Ya verá lo que es tratar con ese tal Kaylock’
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Theo no había olvidado a su madre.
—Cielo santo, un bebé que se portaba tan bien y no lloraba ni una vez…
Agnes, viendo a Theo derramar lágrimas del tamaño de granos de maíz, acarició y palmeó sus manitos con una mezcla de asombro y lástima.
—Parece que estaba muy resentido.
Los ojos de Agnes también se humedecieron.
‘He vuelto solo para verte, perdón por haberte dejado solo’
Aubrianna pidió permiso a Agnes y, quedándose a solas en una habitación vacía, amamantó a Theo. Sintió un alivio refrescante, como si algo que estuviera obstruido en su pecho finalmente se liberara, mientras dejaba escapar un pequeño gemido de descanso y arrullaba al bebé. Theo, como si hubiera estado hambriento todo este tiempo, tomó con ganas de ambos pechos y no tardó en quedarse profundamente dormido.
—Realmente es raro ver a un bebé así.
Agnes lanzó una ráfaga de elogios, diciendo que era un niño caballeroso que comía bien, dormía bien y jugaba con alegría sin extrañar a nadie. Aubrianna sintió que sus mejillas se encendían como si los halagos fueran para ella misma; terminó cubriéndose el rostro, avergonzada.
—Debería prestarle más atención, pero como es tan bueno, creo que termino siendo un poco descuidada sin querer.
Agnes asintió comprensiva.
—Kaylock era igual.
—¿De verdad?
Le costaba creer que él hubiera sido tan dócil durante su infancia.
—Habrás oído que la madre de Kaylock era mi mejor madre y que murió apenas dio a luz.
Aubrianna asintió con la cabeza.
—Yo vine aquí a cuidar de Kaylock, sumida en la tristeza.
El padre de Kaylock, Arc Tennant, era un hombre ocupado, indiferente y de carácter frío. Se casó en un matrimonio por contrato con Cecilia, a quien apenas vio unas pocas veces debido a sus deberes en la defensa de la frontera, la perdió antes de que pudiera nacer algún afecto entre ellos.
El castillo ducal era un lugar desolado y sombrío por la ausencia de una señora. El pequeño bebé parecía percibir esa atmósfera; casi nunca lloraba y estaba tan necesitado de afecto que se lanzó a los brazos de Agnes, a quien veía por primera vez.
—Al hacerse adulto, Kaylock se volvió el vivo retrato de su padre. Frío e indiferente.
Agnes tomó la mano de Aubrianna y le hizo un ruego
—Pero esa no es su verdadera esencia. Deseo que seas tú quien se dé cuenta de ello.
Aubrianna miró a Theo, que dormía plácidamente, asintió en silencio.
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Al día siguiente.
Agnes puso una expresión de total incredulidad mientras le cedía el uso de la biblioteca de la villa.
—Te dije que podías visitarnos, pero no esperaba que vinieras tan pronto.
—Me dijeron que estudiar ayuda a recuperar los recuerdos perdidos.
Con un rostro lleno de naturalidad, Kaylock desplegó sobre la amplia mesa los libros que había traído. Matemáticas, Geografía e Historia; materias que parecerían tediosas para cualquiera, pero él se volvió hacia Agnes con una mirada rebosante de entusiasmo.
—¿Dónde está Aubrianna?
—Dijo que hacía buen día y salió al jardín trasero con Theo.
Kaylock disuadió a Agnes de enviar a una sirvienta y decidió ir a buscarla él mismo. Aubrianna, que paseaba por el tranquilo jardín gracias a la consideración de Agnes, rodeó el lugar con la mirada mientras acunaba al bebé en brazos. Hacía poco que el invierno se había retirado, pero la fuerza vital de la naturaleza era casi aterradora.
—Mira esto, Theo. Han brotado flores pequeñas.
En la villa había un invernadero donde se podían ver flores de todo tipo, pero Aubrianna quería mostrarle a Theo las plantas que anunciaban la primera primavera de su vida. El pequeño empezó a agitar las manos con entusiasmo.
—¡Oh, no, Theo! Si haces eso, te vas a ca… ¡Kaylock!
Kaylock atrapó a Theo con ligereza justo antes de que cayera y, con el otro brazo, rodeó a Aubrianna en un abrazo.
—¿Cómo… cómo es que está aquí?
Ante la mirada de la adorable mujer, cuyos ojos brillaban de alegría, Kaylock no perdió tiempo y buscó sus labios. Mordió suavemente su labio inferior, succionando y jugando con su lengua, lo que provocó que Aubrianna soltara una risita cantarina.
Al escuchar esa risa encantadora, Kaylock sintió que el pecho se le llenaba de emoción una vez más. Esta vez, frotó sus labios contra la mejilla de Theo, haciéndole cosquillas. Las carcajadas agudas del bebé resonaron con fuerza en todo el jardín.
Agnes, que observaba a los tres desde lejos, se retiró con una sonrisa satisfecha, dándoles su espacio.
—¿Que le enseñe? ¿Yo?
Momentos después, tras escuchar el motivo de la visita de Kaylock, Aubrianna inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Cómo podría yo enseñarle a usted?
—Aprobaste el examen de ingreso de la Escuela Regatta con excelentes notas. Puedes hacerlo.
—Eso… ¿cómo lo sabe?
Sus ojos, llenos de dudas, lo miraron fijamente. Kaylock respondió con una sonrisa relajada:
—Me lo dijo Sion.
‘Ah’. Aubrianna lo observó por un breve instante y luego asintió.
—Es cierto. Así fue.
El recuerdo de aquel examen se sentía como si hubiera sido ayer, pero al mismo tiempo, como algo perdido en un pasado remoto.
—No sé si lo haré bien. He olvidado muchas cosas.
—Seguro que no tantas como yo.
Cuando Kaylock bromeó diciendo que no podía quejarse frente a alguien que lo había olvidado absolutamente todo, Aubrianna agitó las manos restándole importancia. Al ver su rostro pequeño y blanco iluminado por una sonrisa radiante, Kaylock pensó que era un espectáculo digno de ver. Sintió una punzada de arrepentimiento por no haber sido capaz de apreciar y valorar semejante belleza en el pasado.
—Espera.
El rostro de Kaylock se acercó de nuevo al de ella.
—Abubaba.
Justo antes de que sus labios se tocaran, Theo, en sus brazos, volvió a balbucear algo mientras pataleaba.
—Parece que se siente sofocado.
—…….
—¿Kaylock?
Al ver que Kaylock se había quedado congelado con la mirada perdida, Aubrianna lo llamó por su nombre.
—¿Escuchaste eso?
—¿Qué cosa?
—Acaba de decir ‘papá’.
—¿Perdón?
Aunque la pronunciación se parecía un poco, Aubrianna sacudió la cabeza.
—No tiene ni un año todavía. Aún no es tiempo de que hable…
—Entonces Theo es un genio, sin duda. Hablar antes de cumplir el primer año…
Kaylock murmuró con voz cargada de emoción. Acomodó a Theo en sus brazos para quedar frente a frente y le preguntó:
—Vamos, Theo. Dilo una vez más. ¡Papá!
—Abubapaaa.
—¿Escuchaste? ¡Esta vez fue mucho más claro!
—Se parece un poco, pero…
—Aubrianna.
Kaylock habló de repente con tono solemne.
—Entiendo tus dudas, pero lo primero que dijo Theo fue ‘papá’, estoy seguro.
Aubrianna soltó una risa ahogada mientras observaba cómo el rostro del apuesto hombre resplandecía de pura felicidad. Era como si la luz del sol primaveral se hubiera posado sobre él. Sonreía con tal franqueza que dejaba ver sus dientes perfectos.
Quiso preguntarle: ‘¿Eres feliz ahora?’.
Pero Aubrianna se tragó la pregunta y simplemente le devolvió la sonrisa.
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