Por qué el Duque del norte vaga por los campos nevados - 47
Sion finalmente no dijo ni una palabra más y el juicio terminó de la forma más insípida posible. Cedric se fue hecho una furia, jurándole a Sion que esto no se iba a quedar así. Por su parte, Sion se quedó mirando a Kaylock con una cara de total desconcierto antes de desaparecer junto a Razen.
Cuando la plaza ya estaba en silencio y todos se habían ido, Agnes apareció.
—Yo me llevaré a Aubrianna conmigo.
Kaylock asintió a regañadientes. Como Theo también estaba en la casa de campo de la familia Bellone, pensó que lo mejor sería que Aubrianna se quedara ahí por un tiempo.
—Yo…….
Aubrianna estaba a punto de decir que quería quedarse con Kaylock, pero vio a Agnes extendiéndole la mano con una cara tan dulce que no pudo negarse.
—Theo te está esperando.
Ah.
‘Por fin voy a ver a mi bebé’.
Ahora que había confirmado que Kaylock seguía siendo el mismo, sentía que si se reencontraba con Theo, por fin podría despertar de esta pesadilla. Estaba a punto de tomar la mano de Agnes con alegría, cuando escuchó:
—¡Espera un momento!
Kaylock la llamó de nuevo. Al ver la cara iluminada de Aubrianna, como si le encantara la idea de separarse de él, a Kaylock le entró una inseguridad tremenda.
—Te voy a mandar a llamar muy pronto.
Primero tenía que encargarse de eliminar a todos los que representaban un peligro para ellos. Aubrianna asintió.
—Kaylock, ¿no sería mejor que tú mismo vayas a visitarla?
dijo Agnes, quien ya se comportaba como si hubiera adoptado a Aubrianna.
Kaylock, ahora con su memoria de vuelta, sabía mejor que nadie que Agnes cuidaría de Aubrianna perfectamente. Pero la idea de que se la quitaran, aunque fuera Agnes, no le hacía ni pizca de gracia.
—Kaylock, ¿vas a venir?
‘Y si me mira así, como tentándome y rogándome a la vez, ¿qué se supone que haga?’
—Por supuesto.
—Kaylock, ya tenemos que irnos
dijo Agnes apurada, tomando la mano de Aubrianna.
—Esta chica está volando en fiebre.
Su mano no solo estaba caliente, estaba que quemaba. ‘¿Qué?’. La cara de Kaylock se desencajó al instante.
—Ah, es que esto…….
Aubrianna le susurró algo al oído a Agnes. A la mujer, que nunca había tenido hijos, se le puso la cara roja de la vergüenza.
—Ya veo. Entonces tenemos que volar a casa ahora mismo.
Al ver que se preparaban para salir a toda prisa, Kaylock preguntó preocupado:
—¿Pero qué le duele? ¿Dónde está mal?
—Es que…….
Aubrianna miró a los guardias de Agnes y a los sirvientes de Kaylock que estaban ahí parados y, muerta de vergüenza, susurró:
—Me ha dado fiebre de leche.
—¿Fiebre de leche?
A Kaylock se le vino a la mente lo que ella le dijo una vez en la cabaña: ‘Si dejo que se me junte la leche, después me duele el pecho. Tengo que sacarme un poco’.
Se acordó de la imagen de Aubrianna en la tina, usando sus manos pequeñas para sacarse la leche, apretó los dientes con fuerza.
—……Así que a eso le llaman fiebre de leche.
—En cuanto Theo succione, se me pasará.
A Kaylock se le empezó a secar la garganta. De solo imaginar los pechos blancos de la mujer y las gotitas de leche saliendo de sus pezones, sintió que le daban ganas de morder algo. Pensó que, si se quedaba ahí un segundo más, la iba a arrastrar a cualquier habitación vacía para poseerla a la fuerza, así que decidió dejarla ir rápido.
—Anda de una vez para que le des de lactar.
Pero, obviamente, no la quería dejar ir así nomás. Kaylock le agarró las mejillas y la besó con unos labios que quemaban más de lo normal.
‘¡Pero si hay tanta gente aquí!’
Aubrianna, sorprendida por el beso tan repentino, trató de empujarlo por el pecho, pero Kaylock era como una roca, no se movió ni un milímetro. La boca de Aubrianna estaba tan caliente y deliciosa como el resto de su cuerpo. Él metió la lengua con ganas, con una obsesión total, como queriendo tragársela.
Siguió devorándola con esa pasión hasta que el cuerpo de Aubrianna se quedó sin fuerzas, totalmente lánguida entre sus brazos.
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—¿En qué tanto piensas, hijo?
Clac.
Kaylock, que tenía la cuchara caliente de la sopa en la boca, la soltó de golpe sobre la mesa. La cena en el castillo era una maravilla, de eso no había duda, pero él sentía que cambiaría diez banquetes con tal de volver a probar los labios de Aubrianna.
‘¿Ya se le habrá pasado el dolor de pecho?’.
Theo tiene buen diente, así que seguro ya le vació todo. ‘Rayos’. Aunque fuera su hijo, le tenía una envidia tremenda al mocoso. Solo por ser un bebé, Aubrianna lo traía engreído y lo cuidaba como a su tesoro más grande.
Mientras tanto, Eloise no le quitaba el ojo de encima a Kaylock, analizándolo.
‘Parece que de verdad perdió la memoria’.
¿A dónde se había ido ese Duque Kaylock de modales perfectos que siempre le ganaba a Cedric? Ahora ponía los cubiertos de cualquier forma y comía haciendo ruido con la boca; se notaba a leguas que se había vuelto un cazador de monte.
—Y bien, ¿qué tal está la comida?
Kaylock apenas asintió, sin darle mucha importancia. Cuando terminaron los aperitivos, Harrick trajo el plato principal y empezó con su floro de siempre:
—Es un filete preparado con la carne más tierna de conejo joven, señor.
Conejo, ¿eh? Kaylock se fue de avance con los recuerdos otra vez. Se acordó de cuando andaba como loco en medio de la nieve y la oscuridad, buscando un conejo para llevar a la cabaña, se rió solo.
‘Esa noche estaba tan ganoso de estar con Aubrianna que hice lo imposible por cazar ese animal’.
Pero esa noche fue especial; se sintió como si fuera la primera vez que estaba con una mujer de verdad. De solo acordarse de lo rico que fue, sintió que se le subía la temperatura a las partes bajas. Es que Aubrianna, que siempre era media tímida, esa vez tomó la iniciativa y hasta usó la lengua para dejarlo limpio después de terminar y…
—Uff…
—¿Pasa algo? ¿No te gustó la comida?
preguntó Eloise, fingiendo una amabilidad que nunca había tenido.
‘¿Y a esta qué le picó ahora?’
Kaylock se acordaba bien de que Eloise siempre lo había alucinado y le tenía bronca. Antes de irse a la guerra el otoño pasado, apenas si se saludaban por compromiso. Se apoyó en una mano y se quedó mirando fijo a su madrastra.
‘Me odiaba tanto que, en cuanto me desaparecí, puso al tonto de su sobrino como cabeza de familia’.
Miró a Cedric, que estaba sentado al frente. El tipo estaba todo achicado, evitándole la mirada y concentrado en su plato como si fuera lo más importante del mundo. Le reventaba que ese tipo tuviera aunque sea una gota de la sangre de los Tenant.
—¿Cedric? Como no me acuerdo bien de las cosas… ¿te puedo llamar por tu nombre, no?
Cedric dio un brinco del susto y asintió todo atolondrado.
—P-por supuesto, claro que sí.
Y acto seguido, volvió a clavar la cara en el plato para seguir comiendo.
—Kaylock…
dijo Eloise, limpiándose la boca con una elegancia fingida.
—Ahora que has vuelto, Cedric y yo hemos estado conversando sobre tu situación y eso de que perdiste la memoria.
Él asintió con una sonrisa falsa.
—Claro, me imagino que deben haber hablado bastante.
—Obviamente lo justo es que recuperes tu lugar, pero ser el Gran Duque es un chambón, hay demasiado trabajo y es muy agotador, ¿no te parece?
Kaylock se sobó el mentón como si le estuviera prestando atención de verdad, mientras Eloise movía el plato del postre y soltaba su verdadera intención:
—Por eso, hemos pensado que, por un tiempo, Cedric podría seguir como Duque interino para ayudarte con todo el papeleo. ¿Qué te parece?
‘Hummm’
Kaylock hizo como que lo pensaba y miró a su alrededor. Harrick, el mayordomo, estaba ahí; también Dorian, el sirviente de la duquesa; pero Cedric no tenía a nadie que lo atendiera personalmente. Un sirviente no solo te cuida, también es el que lleva y trae órdenes. Pero a Cedric le llegaba altamente tener a alguien soplándole la nuca todo el día.
‘Claro, porque seguro cada vez que hacía algo, el sirviente corría donde su tía a contarle todos sus pasos’.
Cedric levantó la mirada un segundo y la bajó al toque. Kaylock lo estaba mirando con una sonrisa de oreja a oreja, burlándose en su cara.
—Bueno, hagan lo que quieran. Total, yo no entiendo nada de estas cosas.
A Eloise se le iluminó la cara al toque.
—¿Viste? Es lo mejor. Primero tienes que recuperar la memoria para poder hacerte cargo de todo.
Kaylock nunca la había visto tan ‘sobonzaza’ ni tan amable. Soltó una risita burlona y asintió, siguiéndoles el amén.
—Haré lo que usted diga, madre……. ¡Ah! ¿No le molesta que la llame madre, no?
—P-pero claro, por supuesto. No faltaba más.
Eloise se sentía orgullosa de sí misma. Por fin había logrado que ese mocoso engreído la llamara ‘madre’.
‘Capaz me conviene más ganarme su confianza ahora, que me vea como su madre y tenerlo comiendo de mi mano’.
Miró de reojo a Cedric, que estaba tan asustado que ni levantaba la cabeza, le dio un asco tremendo.
‘Este imbécil es valiente para agarrar a latigazos a las pobres prostitutas que no se pueden defender, pero frente a Kaylock se orina de miedo. Qué bueno para nada’.
Se sintió una tonta por haber confiado en alguien así para manejar la familia y apretó el puño con rabia.
‘Si Kaylock no recupera la memoria, ¿y si le pido que me nombre a mí como la jefa de la casa?’.
Si el Duque le cedía el mando, ¿sería posible? No recordaba que hubiera pasado antes, pero bueno, siempre hay una primera vez y ella podía ser el ejemplo.
‘Diré que lo hago para ayudar al Duque que está mal de la cabeza. Así ya no necesitaría para nada a Cedric’.
Eloise se sirvió media copa más de vino, algo que normalmente no haría.
‘Tengo que ir despacio. No hay apuro. La memoria no le va a volver de un porrazo y tiempo es lo que me sobra. Encima, si Eileen regresa y se pone de mi lado, ahí sí que corono’.
El plan le sonaba tan bien que hasta se relajó. Mientras tanto, Cedric la miraba de reojo y pensaba:
‘¿En serio mi tía es tan sonsa de creerle todas sus mentiras a este tipo?’.
Cedric podía ser un bruto y siempre le habían dicho que era un estúpido, pero tenía un talento: sabía perfectamente cuándo alguien lo estaba mirando por encima del hombro.
Y la forma en que Kaylock lo miraba ahorita era igualita a la de siempre: esa mirada de desprecio puro, como si fuera una basura, sin una pizca de duda o de ‘no te conozco’.
‘Este desgraciado se acuerda de todo’.
Para Cedric estaba clarísimo: Kaylock ya recuperó la memoria y solo estaba haciendo teatro. Se mordió los labios, todo estresado. Si Kaylock recordaba todo, era cuestión de tiempo para que se enterara de lo que hizo en el cuarto de Aubrianna, ahí sí que se le venía la noche.
‘Ese día estaba demasiado borracho’.
Si no hubiera estado tan huasca, se habría metido caleta en la noche para que nadie se enterara de nada…
Mientras Cedric pensaba angustiado en cómo salvar su pellejo, Kaylock volvió a hablar:
—Ya que me van a dar una mano, ¿les puedo pedir un favorcito más?
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