Por qué el Duque del norte vaga por los campos nevados - 36
—¿Y ahora qué pasa?
A Kaylock le cambió el humor en una cuando Sion volvió a aparecer por la tarde, sobre todo porque ya no necesitaba más plata.
—He venido a entregarle esto.
Le alcanzó una hoja de papel y Kaylock la chapó al toque, con un gesto de lo más desganado.
—¿Condesa Bellone? ¿Y esa quién es?
Lo soltó con un tono bien tosco, así que Aubrianna dudó un ratito antes de hablar.
—¿Puedo verla?
Kaylock le pasó el papel. Aubrianna sostuvo la carta y la leyó con calma, de arriba abajo.
—Es tal como dice aquí. Es la persona que cuidó del Duque desde que nació. Como tiene una enfermedad crónica, se había ido a descansar lejos y por eso no le avisaron a tiempo sobre la desaparición del Duque. Ahora que ha vuelto, le envié la noticia de inmediato y está muy preocupada por el estado de su Excelencia.
Pero a Kaylock le daba igual; para él no era más que una desconocida.
—¿Y…?
Con cara de aburrido, Kaylock se tiró hacia atrás en la silla, todo relajado.
—Kaylock. Me parece que tiene que ir.
Aubrianna dejó el papel a un lado y trató de convencerlo con cara de seriedad.
Se sabía que la condesa Agnes era pariente del rey y que, como se habían criado juntos, eran bien patas, uña y mugre.
Además, como ella lo había criado con sus propias manos desde que era un bebito, de hecho que verla lo ayudaría a recuperar la memoria.
Pero Kaylock ya tenía cara de que le llegaba todo.
—¿Es necesario? Te dije que quería ir a ver la pileta que está por la plaza.
—Eso podemos verlo otro día. Si ella ha estado mal de salud, lo correcto es que vaya a saludarla.
Sion, por una vez, estuvo de acuerdo con ella y añadió:
—La condesa lo ha invitado a cenar hoy mismo. Tiene que salir para allá ahora mismo.
—¿Qué?
Sion le extendió un bulto con ropa que traía consigo.
—Es el traje que usará para la cena. Cámbiese y baje en diez minutos.
—¿Y esto qué es?
Aubrianna preguntó al ver un bulto más pequeño, a lo que Sion respondió como si nada que era la ropa del ‘joven amo’.
—La condesa todavía no conoce a Lord Theophilis y dijo que quería verlo.
—¿O sea que solo vamos a ir Theo y yo? ¿Y Aubrianna?
—Lo lamento, pero la condesa solo los invitó al Duque y a Lord Theophilis.
¿Incluso al bebé?
Aubrianna recordó a la condesa, a quien había conocido una vez hace tiempo.
Recordó cómo la llamaba por su nombre con mirada dulce y le pedía que hiciera feliz a Kaylock.
Como era un recuerdo bonito, ella asintió.
—Solo va a ir a cenar y vuelve. Theo ya come bien su papilla, así que no habrá problema si lo lleva.
—Igual no quiero dejarte solita.
Al ver que Sion arrugaba la cara por ese berrinche de niño, Aubrianna aguantó la risa y trató de calmarlo.
—Yo también quiero aprovechar para estar relajada un rato, por mi cuenta.
—¿O sea que te estorbo?
respondió Kaylock, medio picado.
—Son solo unas cuantas horas.
—Igual, como que no me dan ganas de ir.
Kaylock miró de reojo a Sion con ojos de pocos amigos.
‘No me gusta para nada la cara de ese tipo’.
Sentía una maldad media rara en su mirada y eso lo ponía de mal humor.
Pero como no tenía una excusa real para negarse, Aubrianna insistía en que era una buena persona a la que debía saludar, no le quedó otra que quedarse callado.
—A cambio, no salgas a ningún lado y quédate aquí.
Kaylock seguía sintiéndose inquieto y se puso a mirar por toda la habitación por las puras.
‘Hay dos ventanas, le voy a decir que las mantenga bien cerraditas’
—Que te suban la cena al cuarto también.
Sion torció los labios con desprecio al ver cómo Kaylock andaba todo paranoico, como si alguien se fuera a robar a Aubrianna en cuanto él sacara un pie de la calle.
—Le quedan cinco minutos. La condesa es muy generosa, pero se toma la puntualidad muy en serio.
Aubrianna quería que Kaylock le cayera bien a Agnes; no había necesidad de empezar con el pie izquierdo.
Le limpió la carita al bebé una vez más y lo repasó con una toalla limpia.
El bebito, con su carita lavada y una sonrisa de oreja a oreja, estaba tan adorable y lindo como siempre.
—Ve a saludar a la condesa por mí, ¿ya?
Le dio un beso en su mejilla suavecita y le puso la ropa que trajo Sion.
—Se ven muy bien.
La verdad, los dos hombres vestidos de gala se veían tan guapos que daban ganas de retratarlos en un cuadro.
Aubrianna los miró con orgullo y los despidió con la mano.
—Que les vaya muy bien.
‘Ojalá que al verla pueda recordar aunque sea un par de cosas……’
Cada vez que la ansiedad le ganaba, ella misma se ponía el freno.
‘No, tranquila. Poco a poco. Todavía hay tiempo’
Faltaba mucho para el baile de la reina y Kaylock recién acababa de llegar al castillo del ducado, así que tiempo sobraba.
Ella terminó de empujar a Kaylock hacia la puerta, ya que él seguía volteando con una cara de que no se quería ir.
—Te encargo mucho a Theo, por favor.
—Lo voy a cuidar bien.
Aubrianna lo miró y le regaló una sonrisa dulce, de esas que achinan los ojos.
—Ya pues. Nos vemos más tarde.
En el momento en que la puerta se cerró, los ojos de Sion lanzaron un brillo extraño, pero a Aubrianna no le dio importancia.
Ahora sentía que Kaylock estaba totalmente de su lado. Hasta le había agarrado el gusto a esa mirada intensa de él que la seguía en cada movimiento que hacía.
‘Pero igual, estar pegados todo el día cansa’.
Por fin tenía un momento a solas, sin el bebé y sin Kaylock.
Era una libertad que antes de ser mamá no sabía valorar.
Se sentó en la silla, disfrutando de esa paz que, aunque se sentía un poco vacía, le sentaba de maravilla.
‘La condesa es inteligente y cariñosa, de hecho se va a preocupar mucho por Kaylock’.
A decir verdad, cuando Aubrianna se quedó encerrada en su cuarto por la desaparición de Kaylock, lo primero que pensó fue en pedirle ayuda a ella.
Pero no sabía que se había ido al sur desde el verano por su enfermedad.
—Si ella hubiera estado en el norte, quizás las cosas habrían sido distintas.
Seguramente no habría tenido que huir de los asesinos con su bebé en medio de la nieve, ni habría estado a punto de morir.
Al recordar el miedo y el terror de ese día, que todavía sentía clarito, juntó sus manos y las apretó fuerte.
‘Ya pasó. No pienses más en eso’.
Ahora estaba viva, Theo estaba creciendo sano y Kaylock estaba de su parte.
Justo cuando estaba pensando en eso…
Toc, toc.
Alguien llamó a la puerta del hostal.
‘¿Ya trajeron la cena? ¿Pero si Kaylock recién acaba de bajar?’.
Aubrianna caminó de puntitas hacia la puerta, sin hacer ruido, preguntó:
—¿Quién es?
No hubo respuesta.
Le dio un miedo súbito y empezó a mirar a su alrededor buscando algo que sirviera como arma.
Como no veía nada útil, los nervios empezaron a carcomerle los pies.
—¡Quién es!
preguntó esta vez con un tono más fuerte.
Entonces, escuchó una voz que le resultó muy conocida.
—Soy yo.
¡Dios mío! Aubrianna, con un gesto de fastidio, abrió la puerta de un porrazo.
—¡Kaylock! Me asustaste… ¡Mmm!
Kaylock, que parecía un poco agitado como si hubiera venido corriendo, la jaló hacia él y le plantó un beso profundo.
Su lengua recorría su boca con ansias, como si cada segundo que pasara fuera oro y no quisiera desperdiciar ni un poquito.
—Mmm…
Cuando Aubrianna ya se estaba quedando sin aire por ese beso tan repentino, él por fin se alejó.
—¿Qué… qué fue eso?
—Es que de pronto me dieron ganas de verte…….
Fue algo totalmente de la nada, pero Aubrianna sintió que un sentimiento cálido le brotaba en el pecho.
—Voy a estar aquí, no se preocupe.
—Eso espero.
Kaylock se limpió los labios mojados con un dedo como si le hiciera gracia, volvió a robarle un beso cortito.
—Porque si no, te voy a perseguir hasta el mismo infierno.
Aubrianna soltó una carcajada, sin poder creer lo que oía.
‘Oye, ¿pero por qué se puso tan serio?’.
Ya ni se acordaba de ese Kaylock de antes, el que siempre era frío y nunca mostraba lo que sentía.
—¡Ya váyase pues! Así vuelve más rápido.
Ella sonrió y lo empujó por la espalda.
Aubrianna se quedó mirando cómo Kaylock bajaba las escaleras todo dudoso, como si no quisiera irse, volvió a sonreír.
‘Que te vaya bien’.
Tal como Kaylock le había encargado antes de irse, revisó bien que todas las ventanas estuvieran cerradas y se volvió a sentar en el sofá.
Jiji.
No podía dejar de sonreír al recordar el beso que le acababa de dar.
‘Qué romántico se puso’.
Aubrianna se tapó las mejillas que estaban ardiendo y se encogió de hombros toda emocionada.
‘Estoy loca. Siento como si me hubiera enamorado’.
¿Había sentido algo así antes? No lo recordaba. Ahora Aubrianna no dejaba de mirar el reloj de la pared a cada rato.
No podía creer que solo hubieran pasado cinco minutos desde que Kaylock le dio el beso y se fue.
‘Bueno, entre la cena y la charla, seguro se va a demorar un poco’.
Mientras calculaba el tiempo, Aubrianna hizo el intento de levantarse, pero volvió a escuchar que tocaban la puerta.
‘¿Kaylock?’
Era imposible.
‘¿Será que ya trajeron la cena?’.
Parecía que ya habían subido la comida, aunque era un poco temprano.
Ella, sin sospechar absolutamente nada, se acercó a la puerta y la abrió de par en par.
Fue en ese momento.
—¡Aubrianna Morel! ¡Quedas arrestada bajo el cargo de secuestro de Duque Kaylock Tennant!
Dos hombres corpulentos la agarraron con fuerza de cada brazo.
—¿Qué……?
Antes de que ella pudiera decir algo por la sorpresa, Sion apareció por detrás.
Con una sonrisa de suficiencia grabada en toda la cara, Sion le habló:
—¿Y también habría que agregar el cargo por secuestrar al joven amo Theophilis Tennant, no crees?
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