Por qué el Duque del norte vaga por los campos nevados - 34
—Lord Sion, bienvenido.
Rogabio, el dueño y diseñador de ‘Rogabio’ —la sastrería más ficha y conocida de la ciudad de Tenant—, ni se inmutó al ver a Sion entrar todo agitado; lo saludó con una calma envidiable.
—¡Ro… Rogabio!
—Dígame, ¿qué se le ofrece para que venga con tanto apuro?
preguntó Rogabio mientras recibía y abría el libro de cuentas que le alcanzaba un empleado.
—Ne… necesito ropa para el Duque.
La mano de Rogabio se quedó tiesa por un segundo y luego levantó la cabeza de hachazo.
—¿Acaso el Duque ha regresado?
—¡Claro que sí! Ha vuelto sano, salvo y enterito.
—Que la Diosa de la Misericordia sea bendecida.
Después de persignarse, Rogabio se fue a la parte de atrás de la tienda con su ayudante y regresó cargando un cerro de ropa.
—Aquí tengo de todo: desde ropa de diario hasta lo último en moda para los bailes.
—¿Y… y a qué hora hiciste todo esto?
—Cada vez que me llega una tela fina, lo primero que hago es confeccionar algo para el Duque, por si las moscas.
Con los ojos brillosos porque al fin había alguien que luciera sus trajes, Rogabio acarició la ropa y le preguntó cuáles quería que le empacara.
—Dame ropa de diario. Que no sea muy ‘huachafa’, algo elegante pero que resalte bien su masculinidad.
—Por supuesto. ¿Se lo mando al castillo del Duque?
Sion sacudió la cabeza.
—No, yo mismo me lo llevo.
—Entendido.
Un rato después, Sion salió de la sastrería con las bolsas de ropa y arrancó a correr como loco.
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—Llegó rápido.
dijo Aubrianna mientras le limpiaba la boquita a la bebé con una servilleta.
Kaylock, que estaba por soltar el cuchillo de carne, lo volvió a agarrar con fuerza y refunfuñó:
—Otra vez este tipo.
—Es su mano derecha. La persona en la que más confía.
—¿Este m***?
—¡Kaylock!
Ella le frunció el ceño para que no soltara lisuras delante de la bebé, mientras Sion se acercaba con una cara de no poder creer lo que veía.
—¿Duque?
—Qué bueno que vino. ¿Gusta almorzar con nosotros?
Sion se sintió raro. Normalmente, esa mujer se quedaba callada a un lado del Duque sin decir ni muna, pero ahora le sonreía y hasta le invitaba a comer.
—¿Aubrianna?
—Dígame.
¡Zas!
Sion se quedó mirando cómo el cuchillo se movía con una destreza alucinante en las manos de Kaylock, prefirió estirar la bolsa primero.
—Aquí tiene la ropa que me pidió…
—¡Ay, gracias!
dijo Aubrianna con una sonrisa de oreja a oreja mientras recibía la bolsa. Luego, le señaló el asiento vacío al lado de Kaylock
—Siéntese. Pedimos varios platos porque no sabíamos cuánto íbamos a comer.
Sion dudaba y miraba de reojo a Kaylock para ver si le daba permiso, hasta que Aubrianna soltó la firme:
—Ya que vino el que va a pagar la cuenta, no lo vamos a dejar ir así nomás, ¿no?
—En eso tienes razón.
Hizo un gesto con la mandíbula, dándole permiso a regañadientes, Sion se sentó todo tieso en la silla.
—Apu, aaah.
La bebé, que seguía cargada por Kaylock, aprovechó que los grandes estaban distraídos para agarrar la comida del plato con sus manitos, aplastarla y… ¡puem!, lanzarla por todos lados.
¡Plac!
Sion bajó la mirada lentamente hacia su uniforme blanco, ahora manchado con una salsa marrón bien pegajosa.
—¡Uy! ¡Mil disculpas!
Aubrianna le pasó una servilleta y Sion, con una cara de pocos amigos, empezó a limpiarse el uniforme.
—Parece que lo han dejado bien herido.
comentó Sion con amargura, tocándose la venda del cuello mientras miraba a Kaylock.
—Entonces, ¿ya regresa al castillo? ¿Y su memoria qué…?
—Todavía no se acuerda de nada.
—¿Qué?
Sion se quedó pensando en la firma que vio en la nota.
—Pero la firma estaba…
—¡Ah, eso! Mi mano se movió solita.
dijo Kaylock mientras masticaba su bistec y hacía girar el cuchillo entre sus dedos.
—Este… Duque. En la mesa, el cuchillo no se…
—¿Qué? ¿Quieres que te lo clave en el cuello otra vez?
A Sion se le fue la sangre a los talones; se puso pálido. Aubrianna soltó una risita y fue directo al grano:
—Pensamos quedarnos aquí unos días.
—¿Aquí?
—Es que hemos estado mucho tiempo en la nieve. Pensé que, si paseamos un poco por la ciudad y vemos gente, quizás se acuerde de algo.
—¿No cree que sería mejor estar en un lugar conocido? No sé, ¿como el castillo, por ejemplo?
soltó Sion con tono sarcástico.
Aubrianna dejó la cuchara con la que tomaba sopa y juntó las manos.
—¿De verdad cree eso?
Sion se tragó sus palabras. En realidad, sabía que no. Si el Duque volvía al castillo ahora, se lo comerían vivo. Un Duque sano pero sin memoria era la presa perfecta. La Duquesa celebraría y se aseguraría de que Cedric se quedara como jefe interino para siempre.
Sion se cruzó de brazos y se quedó mirando a Aubrianna, que alimentaba a la bebé al lado de Kaylock.
—¿Y ustedes dos…? ¿Cómo así terminaron juntos allá?
—Kaylock me salvó la vida.
La cara de Sion se puso dura como piedra.
—Aubrianna, te estoy dejando pasar varias, pero ya me colmaste. ¿Desde cuándo le hablas al Duque por su nombre?
‘Atrevida, no eres más que una empleada’
El desprecio se le leía clarito en la cara. Aubrianna miró lentamente a Kaylock, quien de inmediato le lanzó una mirada de perro a Sion.
—¿Ah, sí? ¿Y tú quién te crees para hablarle así?
—¿Eh? Duque, es un tema de jerarquía, de clase…
¡Tack!
El cuchillo se clavó en la mesa de madera con un golpe seco que hizo vibrar todo.
—Se ve que todavía no entiendes cuál es el problema aquí.
Sion tragó saliva y retrocedió un poquito al ver cómo el mango del cuchillo seguía vibrando en la mesa.
—Te estoy chequeando desde hace rato… ¿Quién te crees tú para andar tuteando a Aubrianna así nomás?
Kaylock lo barrió con la mirada de arriba abajo, desde su pelo negro hasta su uniforme blanco, soltó una risita burlona. Sion, sintiéndose ninguneado, miró a Aubrianna como pidiéndole auxilio, esperando que ella dijera algo, pero ella solo le regaló una sonrisa silenciosa.
‘Nunca voy a aceptar que tu sangre plebeya se mezcle con la sangre noble del Duque’. ‘¡Lord Sion! ¡Por favor!’.
Aubrianna recordó cuando Kaylock desapareció y ella, encerrada en su cuarto, le suplicó ayuda a Sion y él la ignoró olímpicamente. Le rogó que al menos pusiera a la bebé a salvo, pero Sion siempre la vio con desprecio, a ella y a Theophilis.
‘El Duque tiene el pelo negro y tú lo tienes castaño claro, pero esta bebé…’. Sion se había burlado con asco al ver el cabello rubio encendido de la pequeña. ‘Cuando el Duque vuelva, se va a enterar de tu engaño’.
Aubrianna, que ahora tenía el sartén por el mango, ignoró la mirada desesperada de Sion y siguió dándole la papilla a la bebé. ‘Tú pasaste de mí cuando necesité ayuda, así que ahora no esperes que yo te dé una mano’.
Además, Kaylock se había puesto de su parte sin preguntar nada. En su vida pasada, eso jamás habría pasado. ‘Bueno, en ese entonces yo tampoco hacía nada para que las cosas cambiaran’.
Antes, en cuanto Sion empezaba con sus discursos sobre el deber de las sirvientas y las clases sociales, ella se apuraba en llamar a Kaylock ‘Duque’, sin importar cómo se sintiera él. ‘Hasta cuando estábamos en la cama lo llamaba así’.
No sabía si Kaylock la amó de verdad, pero ahora, pensándolo bien, le pareció un poco cruel llamar por su título a un hombre con el que compartía la intimidad, en vez de usar su nombre. ‘Ya estoy pensando de más otra vez’. Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos. No era momento de arrepentirse del pasado.
—Kaylock, ¿comemos esto y descansamos un rato antes de salir?
—Me parece perfecto.
Kaylock sonrió con flojera, arrancó el cuchillo de la mesa y lo tiró por ahí.
—Ya, paga la cuenta de la posada, lo de la comida y suelta toda la plata que tengas encima.
Se portaba como un asaltante, pero con una conchudez total, mientras le guiñaba el ojo a ella con complicidad. Sion, con una cara de injusticia total, se vació los bolsillos y le entregó todo el dinero.
—Y… entonces, ¿cuándo piensa volver al castillo?
—Quién sabe.
Kaylock guardó las monedas en una bolsita y miró a Aubrianna; Sion también volteó a verla de inmediato.
—No sabría decirle.
dijo ella encogiéndose de hombros mientras cargaba a la bebé.
—Puede ser mañana o en unos días.
—¿Qué? ¿Cómo que…?
Sion estuvo a punto de gritarle por su actitud tan fresca, pero se aguantó al ver la mirada de Kaylock. No le cuadraba nada que Aubrianna estuviera usando al Duque sin memoria como su escudo. ‘Voy a ver hasta dónde te dura esa arrogancia’.
Sion aprovechó que Kaylock se adelantó con la bebé y agarró a Aubrianna del brazo, susurrándole con rabia:
—Te estoy vigilando.
—Lo sé. Pero no se olvide que yo también lo estoy vigilando a usted.
—¿Qué?
Sion se quedó mudo y con los ojos como platos ante la respuesta tan directa de Aubrianna, pero justo en ese momento Kaylock se metió en medio.
—¿Qué mierda estás haciendo? ¿Y en mi cara?
Sion, asustado, soltó el brazo de la mujer y dio un paso atrás.
—Yo… yo ya me retiro.
Aubrianna vio cómo Sion se alejaba con una mirada indiferente. ‘Me sigue teniendo una bronca terrible. Pero bueno, al menos sé que le es fiel a Kaylock’. Sabía que Sion podía ser de mucha ayuda para un Kaylock sin memoria, pero también sabía que era un tipo capaz de ponerla en peligro a ella y a su hija si se le antojaba.
En eso, Kaylock le agarró la mandíbula.
—Ya deja de mirar. No me gusta que te quedes viendo a otro hombre por tanto tiempo. Lo dijo con un tono caprichoso, como si tuviera ganas de ir tras Sion y meterle su tatequieto.
—Me cae espeso.
Aubrianna tomó la mano del hombre, tratando de calmarlo.
—Él es capaz de hacer lo que sea por usted.
—¿Por eso te mandó a morir a la nieve con la bebé?
Aubrianna suspiró.
—Ya le dije varias veces que Lord Sion nos ayudó a escapar del castillo.
—Por eso mismo no confío en él.
Kaylock miraba la espalda de Sion mientras se alejaba, con una mezcla de desconfianza y burla en el rostro.
—La gente que vive obsesionada con algo es peligrosa, Aubrianna.
Cuando volvió a mirarla, su expresión se suavizó por completo, pero sus ojos seguían brillando con una intensidad afilada.
—Incluso si ese algo soy yo.
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