Por qué el Duque del norte vaga por los campos nevados - 26
—¿De qué estupideces hablas?
Los labios de Kaylock, que empezaban a mostrar una mueca de burla, temblaron ligeramente.
—… ¿Me estás diciendo que ya me conocías?
—¿Eso es más importante que el hecho de que eres un duque?
Aubrianna ladeó la cabeza. Pensó que alguien que perdió la memoria tendría curiosidad, antes que nada, por ese pasado que no recuerda. Pero, pensándolo bien, a Kaylock nunca le importaron esas cosas.
—¿A quién le importa quién era yo antes?
Kaylock se cruzó de brazos y levantó el mentón con arrogancia.
—Me parece mucho más interesante el hecho de que tú ya supieras quién soy.
Aubrianna retrocedió un poco, con una expresión de ‘esto no está saliendo como pensaba’.
—Yo… yo preferiría que te concentres más en tu pasado.
—No, yo prefiero el ahora.
Kaylock acercó su rostro de golpe. Por alguna razón, sus ojos azules brillaban con un toque de picardía.
—Pienso concentrarme en ti.
—…….
—¿Cuál es tu verdadero nombre?
Aubrianna frunció el ceño. ¿Acaso pensaba que le había estado mintiendo todo este tiempo?
—Nunca te he mentido.
—Entonces dímelo otra vez. ¿Cómo te llamas?
Ella quería contarle la verdad, pero no entendía por qué la situación se había convertido en un interrogatorio. Soltando un suspiro, Aubrianna juntó las manos y enderezó la espalda.
—Soy Aubrianna Morel.
—Aubrianna…
Kaylock murmuró su nombre como si lo estuviera saboreando por primera vez y volvió a preguntar:
—¿Y el nombre de este bebé?
—… Theophilis.
—Ya veo. ¿O sea que piensas seguir con este juego tan raro?
—¿Juego?
—En todo lo que te pregunto, solo me dices la mitad de la verdad. Seguro has sido así todo el tiempo que estuvimos juntos. ¿Quieres que yo adivine la otra mitad por mi cuenta?
Recién ahí Aubrianna se dio cuenta. Ese brillo de curiosidad en sus ojos azules no era picardía, sino una obsesión punzante. Intentó desviar la mirada y tragar saliva, pero Kaylock fue más rápido. Su mano apretó con fuerza el pequeño mentón de la mujer.
—Mírame.
Aubrianna levantó la vista y sus ojos de distintos colores chocaron con intensidad. Fue como si el fuego y el hielo se encontraran; el aire entre los dos se tensó como la cuerda de un arco a punto de disparar.
—¿Cuál es el apellido de ese niño?
—En la cabaña ni siquiera te interesaba saberlo.
Ella hizo una mueca, reclamándole por qué sacaba el tema recién ahora. Pero para Kaylock, esto se había vuelto un asunto de vida o muerte.
—¡Dímelo!
No quería presionarla, pero Kaylock ya estaba asado por el simple hecho de que ella le había estado ocultando cosas.
—¡Es Tennant! ¡Se llama Theophilis Tenant!
La mirada de Kaylock pasó volando hacia el bebé y regresó de golpe a Aubrianna. Se quedaron de nuevo en silencio, con los ojos clavados el uno en el otro. De pronto, Kaylock abrió los ojos de par en par.
—Desde que me dijiste el nombre ‘Tennant’ tuve mis sospechas, pero…
La mano que sostenía el mentón de Aubrianna cayó sin fuerzas.
—… Me dijeron que Theophilis era el nombre del fundador de la familia Tennant, o algo así.
Aubrianna se frotó el mentón dolorido y encogió las piernas.
—Yo dije que no quería ese nombre. Pensaba esperar a que volvieras para elegir otro juntos. Pero como desapareciste, el nombre del bebé se quedó como Theophilis.
Tenía que registrar el nacimiento, pero era la primera vez en la familia que nacía un hijo ilegítimo fuera del matrimonio. Además, el padre del bebé, el duque, estaba desaparecido. Mientras todos estaban en el aire sin saber qué hacer ante una situación tan rara, Sion, el asistente del duque, tomó el mando.
‘Hubo instrucciones de que, si nacía un varón, se llamara Theophilis; si era mujer, Theophina’
Gracias a Sion, pudo terminar el registro de nacimiento a las justas.
—Entonces, tú eres…
Kaylock se quedó parpadeando, como si se hubiera quedado sin palabras, así que Aubrianna completó la frase por él.
—Sí. Yo soy Aubrianna, tu amante.
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Podían haber seguido hablando, pero Kaylock ya no daba más; no estaba en condiciones de seguir procesando tanta información. Vino un silencio largo y Aubrianna dijo que, si no había nada más que decir, se iba a dormir.
Kaylock se quedó escuchando la respiración pausada de la mujer y del bebé mientras rumiaba todo lo que acababa de descubrir.
‘Así que yo soy el Duque, y encima soy ese desgraciado que tuvo un hijo fuera del matrimonio con su amante’.
—Mmm…
A su lado, la mujer se movió entre sueños. Él se había quitado el saco para que ella se echara encima, pero aun así se le veía incómoda, y eso a él también lo puso de malas.
‘Maldita sea’
Se sobó la cara, se pasó la mano por el pelo y se levantó despacito para salir. Al final, el refugio era solo un toldo improvisado hecho con su capa donde apenas entraban ella y el bebé, así que decidió quedarse afuera haciendo guardia. Por suerte, no nevaba y el aire se sentía extrañamente tibio.
Miró hacia arriba y vio un montón de estrellas. Parecían joyas bordadas en una seda negra; se sintió pequeño y solo en medio de esa inmensidad. En eso, escuchó un llanto chiquito desde adentro y luego la voz suave de Aubrianna cantando una canción de cuna. La letra hablaba de consolar a un niño que extraña a su mamá, y a Kaylock se le hizo un nudo en la garganta mientras se rascaba la barbilla.
—¿Por qué no estás durmiendo?
Aubrianna salió del refugio tras hacer dormir al bebé.
—Por si acaso venían esos tipos…
—Si venían, mejor, así no teníamos que dormir en el suelo frío.
Kaylock la miró con una mueca, medio picado.
—¿Entonces para qué te escapaste de ellos?
—Porque quería ser yo la primera en contarte la verdad.
—Qué pena, porque esos tipos me lo dijeron primero. Aunque claro, no les creí ni un poquito.
A Aubrianna le dio risa imaginar que Kaylock no le había creído nada a Sion.
—Me hubiera gustado verle la cara a Sion en ese momento. Qué lástima.
—¿Y para qué quieres verle la cara a ese sujeto?
soltó él, un poco celoso porque ella mencionara a otro hombre.
—Sion siempre me miró mal. No te preocupes, no nos llevamos tan bien como para que te pongas así.
—Qué bueno saberlo.
Aubrianna se quedó mirando fijo a Kaylock. Tenía la barba crecida, el pelo todo revuelto y esos ojos azules llenos de arrogancia que no mostraban ni un poquito de sueño. Aunque hubiera perdido la memoria, su obsesión por ella parecía intacta, pero a la vez sentía algo distinto en él que no sabía cómo explicar.
—¿Qué pasa?
—Nada. Es que… pareces otra persona.
Kaylock hizo un gesto raro con los labios.
—¿Debería sentirme ofendido?
—La verdad, ni yo misma lo sé.
Él levantó una ceja, luego la bajó despacio y preguntó con voz sombría:
—¿Acaso yo… te hice algo malo antes?
Se quedó callado, sin terminar la frase, con el rostro endurecido. Ella lo miró un rato y luego negó con la cabeza lentamente. Al principio él la había presionado, sí, pero al final ella también quiso estar con él.
‘Solo que fui una tonta y me dejé llevar por la ambición’, pensó Aubrianna, recordando cómo creía que él superaría todo para casarse con ella.
Kaylock pareció aliviarse un poco, pero luego volvió a ponerse serio.
—¿Y por qué te viniste a buscarme con el bebé?
Apenas terminó el invierno en el Norte, la patrulla llegó a la cabaña. Pero Aubrianna y el niño habían llegado ahí en pleno invierno peligroso.
—¿Tan grave fue que yo desapareciera?
Era una historia larguísima.
—Tu desaparición fue solo el comienzo.
dijo ella mirando al cielo. La luz de las estrellas hacía que su cara blanca brillara como la luna.
—Parece que esto va para largo.
Kaylock le hizo un gesto y Aubrianna se acercó a él al toque. Aunque el clima estaba mejor, todavía hacía frío, y ambos estaban sin capa; él ni siquiera tenía puesto el saco.
—¿No tienes frío?
Kaylock la tomó de la mano y la sentó en sus piernas.
—Ahora ya estoy calientito.
Le rodeó la cintura con los brazos, apoyó la cabeza en su hombro y murmuró:
—Entonces tú eres mi am… mi pareja, ¿no?
A Aubrianna le pareció tierno que eligiera la palabra ‘pareja’ en vez de ‘amante’ y le acarició el pelo con cariño.
—¿Y qué tal? ¿No te da vergüenza tener a alguien como yo?
—No digas tonterías. Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida.
—Claro, si dices que fui la primera persona que viste al despertar en un charco de sangre.
Ella le rodeó el cuello con los brazos, riéndose de sus palabras poco creíbles.
—Tengo una duda, Kaylock.
dijo en voz baja.
—¿Hasta dónde recuerdas?
—…….
—Eres el Duque del Norte y tienes muchísimas cosas. Piénsalo bien. ¿No se te viene nada a la mente?
Ella le acarició suavemente la cicatriz de la cabeza que él le había mostrado alguna vez. Kaylock frotó su frente contra el hombro de ella, de un lado a otro, como un niño frustrado.
—De verdad, no recuerdo absolutamente nada.
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