Por qué el Duque del norte vaga por los campos nevados - 25
Mientras cruzaba el campo nevado, por suerte no estalló ninguna ventisca, pero Aubrianna ya no podía más de tanto cansancio. Para colmo de males, el bebé empezó a lloriquear.
—Teo, shhh… ya, mi amor.
Mientras trataba de calmar al bebé en sus brazos, miró hacia atrás. A estas alturas, ya ni sabía por dónde iba; había perdido la noción de la dirección y no tenía idea de por dónde había venido. En ese momento, algo enorme y negro que bajaba de una colina entró en su campo de visión.
Aubrianna se quedó con la boca abierta, muerta de miedo.
—¿Es una persona? ¿O un oso?
Estaba tan lejos que lo único que podía distinguir era que se trataba de algo gigante. Desesperada, miró a su alrededor. Pero en medio de ese desierto de nieve, no había ni un árbol ni un bosque donde esconderse. El miedo la invadió de golpe.
‘¿Otra vez voy a morir así, de forma tan absurda?’
Sentía una rabia impotente. Lo que más le dolía era la idea de volver a perder a Teo.
‘¡No! ¡Eso sí que no!’
En su vida pasada, ella siempre se había rendido fácil. Se quedó de brazos cruzados viendo cómo Kaylock se comprometía con otra mujer ‘por el bien de la familia y del Norte’. Pensaba que, siendo una simple empleada, no tenía voz ni voto. Aguantó los desprecios de la duquesa y el bullying de las otras empleadas, creyendo que se merecía ese trato.
Incluso fue así con Teo. Ella, al principio, no quería tener un hijo. Su relación con Kaylock no tenía futuro: él era un duque y ella solo una sirvienta. Por eso, cuando escuchó los rumores de que él buscaba prometida, se puso a estudiar de nuevo. Dio el examen de admisión para la escuela de mujeres a escondidas y aprobó. Estaba esperando el día de irse a Alandor cuando… resultó que estaba embarazada.
‘Dios mío, un bebé…’. ‘Si yo me tomé el té anticonceptivo… ¿Cómo pudo pasar?’
La señora Nelly, apiadándose de ella al verla llorar sin consuelo, le ofreció ayuda: ‘Solo tienes que tomar este té bien cargado durante una semana. Tu cuerpo va a sufrir un poco, pero es mejor que tener un hijo bastardo’. Pero Kaylock se enteró y arruinó el plan.
‘El hijo que llevas en el vientre será el único heredero de la familia Tennant. No pienso tener hijos con ninguna otra mujer’.
Diciendo esas locuras, Kaylock la encerró en un cuarto de servicio en la casa de huéspedes y prohibió que viera a nadie.
‘¿Qué se supone que debía hacer?’.
Le echó la culpa al bebé por arruinar sus sueños de ir a la escuela y odió a Kaylock por encerrarla. Ver al bebé, que nació sin que Kaylock estuviera presente, era como ver una trampa que le encadenaba los tobillos.
—Pero ahora no es así, mi vida.
Extendió la chalina que llevaba en el cuello, envolvió la espalda y las nalgas del bebé y lo amarró con fuerza a su espalda.
—Ahora vamos a correr rápido, Teo.
Estando en el calabozo, se arrepintió de tantas cosas tras perder a este niño. Debió abrazarlo más. Debió acariciarlo más. Debió sonreírle más. Le dolía cada vez que no le devolvió una sonrisa al pequeño.
—Así que no te sueltes. Yo tampoco te voy a soltar nunca.
En ese momento, como si entendiera, el bebé soltó una sonrisita y se agarró fuerte de su ropa. Aubrianna le devolvió una sonrisa radiante, orgullosa de su pequeño.
—Eso es, Teo. Sujétate fuerte.
Con la mirada decidida, Aubrianna volvió a mirar hacia atrás. Ya había caminado bastante desde la colina. El sol estaba por ocultarse en el horizonte de nieve. El mundo blanco empezaba a mezclarse con las sombras; llegaba esa hora donde el día y la noche, la realidad y la fantasía, se confunden.
Era difícil saber si lo que la seguía era un hombre enorme o un oso. Pero Aubrianna estaba convencida de que iba a sobrevivir. Si había vuelto a abrir los ojos en este desierto de nieve, tenía que ser por algo. Ya fuera un plan de la Diosa, parte de su agonía o su propio deseo más profundo.
‘¡Voy a sobrevivir como sea!’
Empezó a correr para alejarse de su perseguidor. Su falda pesada le estorbaba el paso, pero no le importó. Le faltaba el aire y el sudor le chorreaba como si estuviera lloviendo. Se le Kayó la capucha del manto y su cabello largo volaba con el viento.
‘Tengo que sacarle toda la ventaja que pueda’
Hah, hah, hah…….
Sus jadeos resonaban con fuerza en sus oídos. Tenía los labios secos y sentía que los pulmones le iban a reventar cuando, de pronto, se frenó en seco por lo que vio al frente. Se quedó tiesa del horror.
Era un abismo sin fin. Solo se veía una oscuridad total. Desde ese vacío profundo soplaba un viento helado que le rozaba la piel. Cerró los ojos con fuerza.
‘¿Así va a terminar todo?’
No tenía a dónde escapar. Una lágrima de pura desesperación le rodó por la mejilla.
‘Teo, mamá hizo todo lo que pudo’
Tenía que decidir rápido. El perseguidor ya estaba cerca. Miró el abismo, se mordió los labios y se dio la vuelta para encarar a quien venía tras ella.
‘Todavía es muy pronto para rendirse’
Incluso si tenía que matar a esa persona… Los ojos de Aubrianna ardieron como brasas rojas. En ese instante…
—¡Aubrianna!
Esa silueta negra sumergida en la oscuridad gritó su nombre. Ella conocía esa voz.
—¿Ka… Kaylock?
En ese momento, el rostro del hombre, que ya estaba cerca, apareció de golpe. Era el hombre al que ella había estado llamando en su mente mientras corría por ese largo camino.
—¡Kaylock!
Ella corrió hacia él sin pensarlo y lo abrazó con todas sus fuerzas. Ah… Qué alivio. No era un animal salvaje, ni la patrulla del duque, ni los asesinos del pasado que la perseguían. El hombre, que sostenía a Aubrianna en sus brazos, se puso nervioso cuando ella empezó a llorar.
—Oye, no llores.
—¡¿Por qué?! ¡¿Por qué tardaste tanto?! ¡No sabes el miedo que tuve! ¡Buaaa!
—Perdóname.
Como no podía decirle que se había demorado comprando un vestido, se quedó callado e intentó acariciarle la espalda.
—¡Uaaaaa!
Apenas la mano de Kaylock tocó su espalda, el bebé, que hasta entonces estaba tranquilo, también estalló en llanto. Al ver a la mujer y al bebé llorando juntos, el rostro de Kaylock mostró una confusión total.
—Shhh, ya, ya… listo. Dejen de llorar.
Al final, no le quedó otra que quedarse ahí, abrazándolos fuerte a los dos, hasta que dejaron de llorar.
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Levantaron unas ramas grandes y las cubrieron con la capa del hombre, logrando armar un espacio que, mal que bien, los protegía del frío de la noche. Aubrianna se apresuró a quitarse la capa y la ropa. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que amamantó que sentía el pecho hinchado y durísimo; le dolía horrores. El bebé, que también había esperado mucho, agarró el pecho con desesperación y empezó a succionar con fuerza.
—Ah…
Un gemido bajo escapó de los labios de la mujer. No era un gemido de placer, sino de puro dolor.
—¿Te duele?
—No, estoy bien.
Podía aguantarlo. Pensó que moriría sin volver a sentir a su hijo mamando de su pecho.
—Si hubiera sabido antes que eras tú, no me habría escapado así…
El campo nevado era mucho más extenso de lo que parecía a simple vista. Por eso, aunque él gritó su nombre con todas sus fuerzas, a ella no le llegaba la voz.
—Pero qué bueno que fuiste tú.
Si en lugar de él hubiera sido un animal salvaje, ella y el bebé no habrían tenido escapatoria. Kaylock, sin decir nada, le pasó un odre de agua a Aubrianna.
—Quisiera prender una fogata, pero no quiero que esos tipos nos encuentren…
‘¿Esos tipos?’
¿Acaso se había cruzado con la patrulla? El rostro de Aubrianna se puso rígido.
—¿Te… te encontraste con ellos?
—Llegué a la cabaña y estaba hecha un desastre.
Kaylock frunció el ceño y apretó los puños, como si todavía le diera cólera recordarlo.
—La cabaña destruida, tú y el bebé desaparecidos… Así que rastreé sus huellas y los seguí.
—Entonces fuiste tú.
Resulta que el ataque que Hardin confundió con los Karnu era en realidad Kaylock. Sintió un gran alivio. Se había quedado preocupada pensando qué pasaría si atrapaban a Hardin mientras él jalaba la carreta vacía para distraerlos. ‘Entonces Hardin debe estar a salvo’. Tras soltar un suspiro de alivio, a Aubrianna se le ocurrió que Kaylock debió encontrarse con Sion.
—Kaylock, por si acaso…
—Aubrianna, por si acaso…
Ambos hablaron al mismo tiempo y sus miradas se cruzaron.
—Habla tú primero.
—No, habla tú primero.
Kaylock se tapó la boca con el puño, carraspeó un poco y, tras dudar un momento, soltó:
—¿Por si acaso ese hombre, el papá del bebé, es ese tal Sion?
A Aubrianna, que iba a preguntarle si se había cruzado con Sion, se le desencajó la mandíbula.
—¡No! No, para nada.
Ella movió las manos negándolo todo. ¿Sion? Imposible.
—¿Y ellos te dijeron algo?
—No sé. Estaba tan asado porque la cabaña estaba rota y tú no estabas, que no me acuerdo de nada.
Kaylock la miró con cara de pocos amigos.
—Estaban diciendo puras estupideces, puras locuras.
La expresión de Aubrianna cambió de forma extraña. Podía imaginarse perfectamente lo que Sion le habría dicho a Kaylock.
—¿Y si… y si lo que dijeron no fueran estupideces?
—¿De qué hablas?
El bebé, que estaba rendido, se quedó dormido apenas terminó de comer. Ella lo envolvió bien con la capa, lo echó a su lado y habló con total seriedad.
—Su nombre es Sioniel Balian.
Al decir el nombre y el apellido exacto del hombre, el rostro de Kaylock se puso de piedra.
—Dijiste que no era el papá, ¿entonces cómo sabes el nombre de ese tipo?
Ante su pregunta, Aubrianna cerró los ojos. Le temblaba el pecho y los nervios la traicionaban al intentar decir la verdad.
—Kay. Escucha bien lo que te voy a decir ahora.
Sus ojos claros brillaban con un matiz rojizo. La mirada del hombre bajó lentamente hasta detenerse en los labios de la mujer.
—Tu nombre es Kaylock Tennant. Duque Tennant, el señor que gobierna todo el Norte.
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