Por qué el Duque del norte vaga por los campos nevados - 15
El pulgar grueso del hombre rozó el pezón húmedo de la mujer y, ante ese placer ya conocido, la punta se puso firme al instante.
—Uf…
Kay levantó ambas manos y apretó los pechos de ella. Le gustaba esa sensación blandita ahora que estaban vacíos tras haber amamantado.
—Chúpame.
Lo de la mujer no fue un pedido, fue una orden. Pero Kay no se hizo de rogar y obedeció al toque.
Chup-chup. Lami-lami.
Mientras él envolvía con la lengua esa zona que olía a leche y la lamía como un perrito, Aubrianna sentía que su cuerpo se iba hacia atrás lentamente. Pero los labios de Kay no la siguieron. Aubrianna arqueó una ceja como preguntando qué pasaba, y Kay soltó con tono fastidiado:
—Dime que te vas a quedar conmigo.
Aunque se quejaba como un chiquillo, sus ojos hablaban en serio. Bajo sus cejas bien marcadas, sus ojos azules la miraban fijamente, casi obligándola a responder.
—Jijí.
Al final, Aubrianna soltó una risita por lo absurdo de la situación. Sus pechos, que el hombre estaba lamiendo, seguían con el pezón parado pidiendo más placer, pero el Duque Kaylock se portaba como un jovencito inocente y herido porque la chica linda del pueblo lo había choteado.
‘Estar contigo… es lo que más he deseado, tanto en mi vida pasada como en esta’.
¿Cómo reaccionaría él si ella dijera eso? Como ahora Kay ha perdido la memoria, seguro saltaría de alegría y la abrazaría con todo. El problema era que su mentalidad de antes y la de ahora eran mundos distintos.
En su vida pasada, ella de verdad quería estar a su lado. Perseguía la espalda de ese hombre que ni la miraba y hacía de todo para que no la dejara. Incluso, de tanto sufrir por amarlo sola, hubo veces en que ella misma quiso mandarlo a volar. El Duque nunca le hizo ninguna promesa, pero para ella, su silencio siempre fue un ‘no’ rotundo.
‘Solo eres una mujer más para mí’.
Eso era lo que el hombre que venía a usar su cuerpo por las noches le susurraba al oído. Incluso cuando ella quiso irse del castillo y quedó atrapada por el embarazo, él le dejó claro que no esperara nada más, dándole a entender que nunca sería su esposa. Eso le rompió el corazón. Por eso, cuando el chisme de que el Duque se iba a comprometer con la hija de los Eileen corrió por todo el castillo, ella no pudo decir ni pío.
Esperó como una tonta a que ese Duque tan egoísta algún día se fijara en ella. Mientras él iba a bailes para su compromiso, bailando y floreando a otras mujeres, ella lo esperaba con el corazón en la mano, llena de una tristeza infinita.
‘Qué ingenua fui, no sabía nada de la vida’.
Burlándose de su ‘yo’ del pasado, Aubrianna miró al hombre que tenía enfrente. Su cara, ahora bien afeitada y limpia, era sin duda la misma del hombre que tanto la hizo sufrir. Lo único diferente era su mirada. Era una mirada llena de sed, como quien espera lluvia en tierra seca. Al ver cómo su rostro se ponía serio ante su silencio, Aubrianna le sostuvo la mirada con total calma.
‘Pensar que esa desesperación hambrienta en esos ojos azules tan hermosos es por una mujer que ni sabe quién es y que encima tiene un hijo’.
Era una expresión que él nunca le mostró cuando ella más lo necesitaba. Sintió que una rabia antigua, como una brasa escondida, quería prenderse en su pecho, pero la controló.
‘Tengo que ser fría’.
Ella era la misma de su vida anterior, solo que había retrocedido en el tiempo. Seguía siendo una criada y seguía teniendo un hijo fuera del matrimonio. Nada a su alrededor había cambiado, así que ella era la que tenía que cambiar en esta vida.
‘Voy a arrancar este sentimiento por ti de mi corazón’.
Ya no necesitaba ese amor miserable y que nadie valoraba. Escondiendo lo que sentía, levantó las comisuras de los labios y sonrió.
—Claro que me quedaré contigo.
—¿De verdad?
La cara del hombre se iluminó al instante. Sus pómulos se elevaron y sus ojos se achicaron por la sonrisa.
‘Claro que sí. Porque mi bebé y yo tenemos que estar seguros a tu lado’.
El hecho de que los asesinos los persiguieran apenas salieron del castillo significaba que alguien los tenía en la mira.
‘Podría ser la Duquesa, que odia mi existencia por haber tenido un bastardo, o la señorita Eileen, su futura prometida. O tal vez algún otro enemigo político’.
Theo lleva la sangre de la familia ducal Tenant. Incluso si ella y el bebé desaparecieran del mundo, mientras no confirmen su muerte, no los dejarán en paz.
Aubrianna levantó sus brazos delgados y rodeó el cuello grueso del hombre, atrayéndolo hacia ella. Sus rostros quedaron tan cerca que sus narices se rozaban. La mirada de él la escudriñaba con agudeza, tratando de descifrar si lo que decía era verdad.
—Solo fue que antes me tomó por sorpresa y no pude responderte.
En cuanto sus dedos finos acariciaron con suavidad la nuca de Kay, los ojos de él se cerraron dócilmente. Cuando sus labios carnosos se juntaron, Aubrianna sacó la lengua y lamió los labios de él. Por un instante, el cuerpo del hombre se estremeció.
Pensar que con esta pequeña lengua podía manipular un cuerpo tan grande como una montaña le provocaba a Aubrianna un escalofrío de placer por toda la espalda.
—Abre la boca.
Como obedeciendo una orden, él entreabrió los labios y ella atrapó su lengua, mordisqueándola apenas con sus dientes menudos. Un gruñido profundo brotó de la garganta del hombre. Mientras ella lamía y succionaba la punta de su lengua, el miembro de él —que ya estaba al límite de su tamaño— saltó y empezó a golpear rítmicamente contra el vientre bajo de ella.
—Pareces un niño impaciente.
Mientras lo regañaba masajeando aquello con su mano pequeña, la entrepierna del hombre se humedeció. Sin despegar los labios de los de ella, Kay se deshizo de sus pantalones con manos torpes y urgentes.
Entonces, a diferencia de otras veces, se abrió paso dentro de ella con una desesperación violenta. Como si quisiera castigarla por haber demorado su respuesta.
—¡Ahg!
En un parpadeo, el control pasó a manos de él. Aubrianna soltó un grito de sorpresa ante la voracidad del hombre, que parecía querer devorarle los labios.
—¡Kay!
Él soltó sus labios y, mientras empezaba a mover la cintura, le atrapó las muñecas y las presionó con fuerza contra la cama, a los lados de su cabeza.
—Pensé que te irías con ‘ese hombre’ en lugar de quedarte conmigo.
¿’Ese hombre’? Al ver el rostro lleno de ansiedad de Kay, entendió a quién se refería. El hombre con el que ella había tenido al bastardo. El hombre que, según los rumores, la había abandonado para casarse con otra. El ceño de Kay se frunció profundamente al mencionarlo.
No se sabía si era por el disgusto que le causaba ese tipo, o por la satisfacción de sentir cómo su hombría llenaba el interior de Aubrianna. Como su cuerpo empezó a sacudirse violentamente de un momento a otro, ella se quedó sin aire y solo pudo soltar gemidos, incapaz de dar explicaciones.
—¡Uuuj, juuuj! Es… demasiado…
No podía ni terminar la frase para decirle que iba muy rápido; cada vez que él la embestía con esa fuerza bruta, se quedaba hasta sin respiración.
‘¿Pero qué rayos le pasó para que se pusiera así de pronto?’
Pero no podía detenerlo. Había algo en sus movimientos, una urgencia tan desesperada, que transmitía una desesperación indescriptible, como si de verdad temiera que ella fuera a abandonarlo en cualquier momento.
Aubrianna forcejeaba, sacudida por esa fuerza bruta.
—Ah… Kay, por favor…
Iba a pedirle que se calmara, pero el hombre le apretó los pechos como si quisiera estrujarlos y lanzó una embestida feroz.
—No te vas a ir de mi lado. Tienes que quedarte conmigo para siempre.
El rostro de Aubrianna se puso pálido en un segundo.
—No me digas que tus recuerdos…
‘¿De verdad pensaste que podrías irte de aquí? Qué gracioso. Te quedarás aquí, a mi lado, por siempre’.
—Si seguimos así, ¿no crees que eventualmente tendremos un bebé? ¿Qué tal si le damos un hermano a ese niño? Los padres serán distintos, pero yo lo criaré como si fuera mío.
Ahora Aubrianna estaba lívida. Por supuesto, no iba a quedar embarazada; desde que tuvo a Theo, no había dejado de tomar su té anticonceptivo. Pero las palabras del hombre la transportaron a la época en la que más sufrió. Cuando no era más que una bestia atrapada, atormentada a su lado sin ninguna pizca de poder.
—Para.
Paff, paff.
Como si no la oyera, los movimientos de él se volvieron aún más violentos.
—¡Que pares, carajo!
Ante ese grito que sonó a súplica y furia, Kay se detuvo en seco. Aubrianna, con las manos temblorosas, lo empujó y se envolvió rápidamente en las mantas.
‘No puedo dejar que me maneje así’.
Parece que lo había subestimado por el simple hecho de haber perdido la memoria. Tragó saliva al ver esos ojos azules que brillaban con una lujuria aún no saciada.
‘Yo soy la que debe tener el control’.
No podía permitir que él la arrastrara de un lado a otro con cada palabra que decía.
—¿Por qué?
Kay, con cara de no entender nada, miró su propio miembro y luego se acercó a ella.
—¿Te hice daño?
Su cara mostraba preocupación, pero estaba claro que, en cuanto ella dijera que no, se lanzaría sobre ella otra vez. Aubrianna se mordió el labio.
—No quiero… no quiero que sea a la fuerza.
La expresión del hombre cambió drásticamente.
—¿Acaso ese infeliz te…?
El rostro de Kay se deformó, temiendo que Aubrianna hubiera pasado por algo traumático con ‘el otro’. Ella soltó un suspiro, tratando de calmar su respiración agitada.
—No.
Solo hubo una vez en la que él quiso hacer algo que ella no deseaba, y al verla romper en llanto, él le había dicho:
‘Si de verdad no quieres, empújame. Y me largaré de tu vida para siempre’.
Ella creía que él no se daba cuenta, pero él lo sabía perfectamente. Sabía con qué sentimientos ella permanecía a su lado. En su vida pasada, aunque debió enojarse y alejarlo por jugar con su corazón, terminó abrazándolo con sus manos temblorosas.
La leña chisporroteaba y la luz naranja hacía que las sombras bailaran en el rostro del hombre.
—Ven aquí.
Ante sus palabras, Kay se acercó al toque. Ella le acarició la mejilla.
‘Esto que siento no es amor’.
Las puntas de los dedos de Aubrianna recorrieron su cuello grueso, bajaron por su pecho firme, cruzaron su abdomen y jalaron su miembro, que parecía haber perdido un poco de brío.
Esos ojos azules preguntaban si podía continuar. Aubrianna entrecerró los ojos y susurró:
—Sé tierno conmigo.
Y entonces, no te abandonaré.
Los ojos azules, como un mar en calma que intenta descifrar el fondo del océano, se quedaron fijos en sus iris que brillaban con un rojo casi siniestro.
—Por supuesto.
Los labios ardientes del hombre se acercaron de nuevo, devorándola. Fue tierno, pero para nada silencioso.
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